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Crítica:

La Bauhaus norteamericana

Black Mountain College fue durante 23 años el centro de creación artística más intenso de Estados Unidos y quizá de Occidente. La vanguardia musical del siglo XX vivió allí su momento de mejor camaradería junto con la literatura, la danza o las artes plásticas. A partir del lunes, una exposición en el Museo Reina Sofía de Madrid recuerda la historia de esta universidad por la que pasaron gente como John Dewey, Joseph Albers, John Cage o Merce Cunningham.

Black Mountain College fue realmente una pequeña universidad localizada en la sierra de Black Mountain, perteneciente a Carolina del Norte, y a unos treinta kilómetros de Asheville. Entre sus características más notables hay que resaltar que su administración y gestión se llevaban de forma colegiada entre alumnos, profesores y las esposas de estos últimos, y se distinguía por una arquitectura basada en la funcionalidad bauhasiana dentro de un entorno ecológico. Junto a ello, se produjo el caso enormemente atractivo, bajo un punto de vista pedagógico, de empezar con 13 profesores para sólo 21 alumnos. No cabe duda de que a primera vista las referencias más inmediatas de esta universidad experimental nos retrotraen a la metodología y fines que se desarrollaron en la transcendentalista Brook Farm del siglo XIX, pero ahora en esta ocasión con la perspectiva consciente de que había que rescatar al hombre del existencialismo de posguerra y revivir el sentido de Arcadia griega donde poder aunar progreso tecnológico y humanismo.

BLACK MOUNTAIN COLLEGE

Museo Reina Sofía Santa Isabel, 52. Madrid Del 28 de octubre al 13 de enero de 2003

El catálogo de intenciones elaborado por el primer rector de Black Mountain College, John Rice, especificaba que esta universidad debía ser un lugar donde las artes compartiesen currículo con otros estudios con el fin de lograr un hombre completo. Rice se refiere a las artes de manera estricta, es decir, pintura, escultura, cerámica y música fundamentalmente. No a las derivaciones de esas artes, como puede ser la historiografía de dichas disciplinas. Para este reformador de la educación que seguía el método clásico socrático, el alumno se convertía en el verdadero eje de toda la enseñanza. Junto a ello, también se implantó una virtus basada en la desaparición de los rangos jerárquicos y una comunidad que debía participar y actuar como una unidad.

De la ética y academia socráticas de Rice se pasó a un rector más práctico, con un espíritu más organizativo, tal como se plasmaba en la personalidad de Josef Albers. Éste provenía de la Bauhaus alemana, donde se intentaba superar la distinción entre bellas artes y artes aplicadas para tener una visión integradora de todas ellas. La metodología de Albers, igual que la de Rice, intentaba extraer del alumno capacidades quizá no conocidas por él mismo, aun siendo el responsable. Lo importante era aprender y descubrir junto a otros compañeros, concibiendo la labor artística como un oficio. Durante estas dos etapas pasaron por esta pequeña universidad, en calidad de profesores invitados, el filósofo John Dewey, el influyente crítico literario Alfred Kazin, artistas de la categoría de Jean Charlot, compositores como David Tudor, Ernest Krenek y Lou Harrison, profesores de teatro como Bob Wunsch o Alexander Schawinsky. El tipo de trabajos que llevaba a cabo la comunidad era enteramente multidisciplinar desde el principio de su creación. Su énfasis recaía en la sofisticación del proceso y en una potenciación del yo, que debe aparecer y explotarse inconscientemente, con el fin de llegar a un producto verdadero.

Charles Olson fue el tercer y

último rector de esta universidad, cuyo mandato comenzó en 1952. Era un poeta físicamente poderoso y decantado por la exploración e innovaciones formales. Había obtenido su Master of Arts en la Universidad de Harvard, y ya había dado clases en la Universidad de Clark y en la misma Harvard antes de ser el rector de Black Mountain College, cuya experiencia se prolongó hasta 1956. En este periodo se puede observar una mayor interconexión entre pintura y poesía, favoreciendo los intercambios de ideas y actividades de sus respectivas áreas. Así, dentro del campo de las artes plásticas se dieron cita artistas como Franz Kline, Robert Motherwell, Willem de Kooning, Ben Shahn, Tworkov, Richard Lippold o el mismo arquitecto Buckminster Fuller. Dentro del campo literario ejercieron su labor como docentes escritores como Eric Bentley, Paul Blackburn, Robert Creeley, Robert Duncan, Denise Levertov o el profesor de teatro Wes Huss. A estos nombres se unieron también los compositores musicales John Cage y Stefan Volpe y el mismo bailarín de danza contemporánea Merce Cunningham.

Se puede afirmar que salieron muchos estudiantes dentro del campo literario capaces de alcanzar un reconocimiento nacional. Entre éstos hay que señalar a Joel Oppenheimer, Edward Dorn, Eric Weinberger, Michael Rumaker, Fielding Dawson, John Wieners, Jonathan Williams, Tom Fields, Laurel Forest o Jerry Vanderweile. Sin embargo, el reconocimiento internacional fue más extendido entre aquellos que siguieron los cursos de pintura o escultura, como son los casos de Kenneth Noland, John Chamberlain, Robert Rauschenberg o Dan Rice, artistas considerados clave dentro del arte abstracto. Una nota común, aplicable tanto a artistas plásticos y músicos como a literatos, es que todos participaron de una visión experimental en sus respectivas artes. Los pintores fundamentalmente dentro del campo del expresionismo abstracto, los músicos a partir de las ideas de politonalidad de Stravinski, los silencios de Eric Satie o el dodecafonismo de Schönberg. Y los poetas coincidieron en seguir explorando la línea ya trazada por una serie de poetas renovadores como Ezra Pound, William Carlos Williams, H. D., E. E. Cummings, los objetivistas, Louis Zukofsky o Marianne Moore, para llegar a formar parte de lo que se denominaría Black Mountain School. En cuanto al estilo que siguieron es muy difícil reconocer uno que se pueda calificar como estrictamente blackmountaineer, aunque sí lo caracteriza una cierta erudición acompañada de un refinamiento que se aleja del estilo más enérgico de algunos de sus coetáneos. Una exclusividad elitista que tenía como énfasis la superación de los modos modernistas.

La revista, The Black Mountain Review, oficializó una etiqueta para un fácil reconocimiento de estos poetas y pintores. Entre sus curiosidades hay que señalar que se publicó desde Mallorca entre 1954 y 1957, teniendo como director a Robert Creeley. La razón fundamental para que se editase en dicha isla tenía su razón de ser en lo barato que resultaba, durante aquella época, llevar una empresa de ese tipo en España aunque su distribución, desde luego, se realizaba en Estados Unidos. La presencia de creadores literarios, principalmente los relacionados con Black Mountain College, pero también colaboradores ocasionales y variados como Alfred Kreymborg, James Purdi, Carl Jung, Jorge L. Borges o los poetas beat, junto a pintores e ilustradores que aparecieron en sus páginas como Franz Kline, Philip Guston, Aaron Siskind, Harry Callahan, John Altoon, Dan Rice, o Edward Corbett, justifican la visión de un órgano de expresión que presentaba modos literarios y artísticos innovadores.

La metodología educativa utilizada en Black Mountain College estimulaba el autoconocimiento y unas prácticas artísticas y literarias que fomentaban la exploración de nuevas formas intentando superar el modernismo anterior. El currículo académico en Black Mountain fue diseñado bajo una perspectiva humanista con docentes que, a su vez, eran profesionales creativos y exitosos en sus disciplinas. Las ideas educativas que yacen detrás de esta experiencia facilitaron el carácter innovador de esa comunidad, que se debatió entre sus reminiscencias transcendentalistas de atención y formación integral del yo y un modelo pedagógico donde el maestro inicia al estudiante para que responda a la vida de forma creativa.

Black Mountain College fue realmente una pequeña universidad localizada en la sierra de Black Mountain, perteneciente a Carolina del Norte, y a unos treinta kilómetros de Asheville. Entre sus características más notables hay que resaltar que su administración y gestión se llevaban de forma colegiada entre alumnos, profesores y las esposas de estos últimos, y se distinguía por una arquitectura basada en la funcionalidad bauhasiana dentro de un entorno ecológico. Junto a ello, se produjo el caso enormemente atractivo, bajo un punto de vista pedagógico, de empezar con 13 profesores para sólo 21 alumnos. No cabe duda de que a primera vista las referencias más inmediatas de esta universidad experimental nos retrotraen a la metodología y fines que se desarrollaron en la transcendentalista Brook Farm del siglo XIX, pero ahora en esta ocasión con la perspectiva consciente de que había que rescatar al hombre del existencialismo de posguerra y revivir el sentido de Arcadia griega donde poder aunar progreso tecnológico y humanismo.

El catálogo de intenciones elaborado por el primer rector de Black Mountain College, John Rice, especificaba que esta universidad debía ser un lugar donde las artes compartiesen currículo con otros estudios con el fin de lograr un hombre completo. Rice se refiere a las artes de manera estricta, es decir, pintura, escultura, cerámica y música fundamentalmente. No a las derivaciones de esas artes, como puede ser la historiografía de dichas disciplinas. Para este reformador de la educación que seguía el método clásico socrático, el alumno se convertía en el verdadero eje de toda la enseñanza. Junto a ello, también se implantó una virtus basada en la desaparición de los rangos jerárquicos y una comunidad que debía participar y actuar como una unidad.

De la ética y academia socráticas de Rice se pasó a un rector más práctico, con un espíritu más organizativo, tal como se plasmaba en la personalidad de Josef Albers. Éste provenía de la Bauhaus alemana, donde se intentaba superar la distinción entre bellas artes y artes aplicadas para tener una visión integradora de todas ellas. La metodología de Albers, igual que la de Rice, intentaba extraer del alumno capacidades quizá no conocidas por él mismo, aun siendo el responsable. Lo importante era aprender y descubrir junto a otros compañeros, concibiendo la labor artística como un oficio. Durante estas dos etapas pasaron por esta pequeña universidad, en calidad de profesores invitados, el filósofo John Dewey, el influyente crítico literario Alfred Kazin, artistas de la categoría de Jean Charlot, compositores como David Tudor, Ernest Krenek y Lou Harrison, profesores de teatro como Bob Wunsch o Alexander Schawinsky. El tipo de trabajos que llevaba a cabo la comunidad era enteramente multidisciplinar desde el principio de su creación. Su énfasis recaía en la sofisticación del proceso y en una potenciación del yo, que debe aparecer y explotarse inconscientemente, con el fin de llegar a un producto verdadero.

Charles Olson fue el tercer y

último rector de esta universidad, cuyo mandato comenzó en 1952. Era un poeta físicamente poderoso y decantado por la exploración e innovaciones formales. Había obtenido su Master of Arts en la Universidad de Harvard, y ya había dado clases en la Universidad de Clark y en la misma Harvard antes de ser el rector de Black Mountain College, cuya experiencia se prolongó hasta 1956. En este periodo se puede observar una mayor interconexión entre pintura y poesía, favoreciendo los intercambios de ideas y actividades de sus respectivas áreas. Así, dentro del campo de las artes plásticas se dieron cita artistas como Franz Kline, Robert Motherwell, Willem de Kooning, Ben Shahn, Tworkov, Richard Lippold o el mismo arquitecto Buckminster Fuller. Dentro del campo literario ejercieron su labor como docentes escritores como Eric Bentley, Paul Blackburn, Robert Creeley, Robert Duncan, Denise Levertov o el profesor de teatro Wes Huss. A estos nombres se unieron también los compositores musicales John Cage y Stefan Volpe y el mismo bailarín de danza contemporánea Merce Cunningham.

Se puede afirmar que salieron muchos estudiantes dentro del campo literario capaces de alcanzar un reconocimiento nacional. Entre éstos hay que señalar a Joel Oppenheimer, Edward Dorn, Eric Weinberger, Michael Rumaker, Fielding Dawson, John Wieners, Jonathan Williams, Tom Fields, Laurel Forest o Jerry Vanderweile. Sin embargo, el reconocimiento internacional fue más extendido entre aquellos que siguieron los cursos de pintura o escultura, como son los casos de Kenneth Noland, John Chamberlain, Robert Rauschenberg o Dan Rice, artistas considerados clave dentro del arte abstracto. Una nota común, aplicable tanto a artistas plásticos y músicos como a literatos, es que todos participaron de una visión experimental en sus respectivas artes. Los pintores fundamentalmente dentro del campo del expresionismo abstracto, los músicos a partir de las ideas de politonalidad de Stravinski, los silencios de Eric Satie o el dodecafonismo de Schönberg. Y los poetas coincidieron en seguir explorando la línea ya trazada por una serie de poetas renovadores como Ezra Pound, William Carlos Williams, H. D., E. E. Cummings, los objetivistas, Louis Zukofsky o Marianne Moore, para llegar a formar parte de lo que se denominaría Black Mountain School. En cuanto al estilo que siguieron es muy difícil reconocer uno que se pueda calificar como estrictamente blackmountaineer, aunque sí lo caracteriza una cierta erudición acompañada de un refinamiento que se aleja del estilo más enérgico de algunos de sus coetáneos. Una exclusividad elitista que tenía como énfasis la superación de los modos modernistas.

La revista, The Black Mountain Review, oficializó una etiqueta para un fácil reconocimiento de estos poetas y pintores. Entre sus curiosidades hay que señalar que se publicó desde Mallorca entre 1954 y 1957, teniendo como director a Robert Creeley. La razón fundamental para que se editase en dicha isla tenía su razón de ser en lo barato que resultaba, durante aquella época, llevar una empresa de ese tipo en España aunque su distribución, desde luego, se realizaba en Estados Unidos. La presencia de creadores literarios, principalmente los relacionados con Black Mountain College, pero también colaboradores ocasionales y variados como Alfred Kreymborg, James Purdi, Carl Jung, Jorge L. Borges o los poetas beat, junto a pintores e ilustradores que aparecieron en sus páginas como Franz Kline, Philip Guston, Aaron Siskind, Harry Callahan, John Altoon, Dan Rice, o Edward Corbett, justifican la visión de un órgano de expresión que presentaba modos literarios y artísticos innovadores.

La metodología educativa utilizada en Black Mountain College estimulaba el autoconocimiento y unas prácticas artísticas y literarias que fomentaban la exploración de nuevas formas intentando superar el modernismo anterior. El currículo académico en Black Mountain fue diseñado bajo una perspectiva humanista con docentes que, a su vez, eran profesionales creativos y exitosos en sus disciplinas. Las ideas educativas que yacen detrás de esta experiencia facilitaron el carácter innovador de esa comunidad, que se debatió entre sus reminiscencias transcendentalistas de atención y formación integral del yo y un modelo pedagógico donde el maestro inicia al estudiante para que responda a la vida de forma creativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de octubre de 2002