Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Protesta contra la incineradora de Constantí

Un total de 40 miembros de Greenpeace se encadenaron ayer en los accesos a la incineradora de residuos peligrosos de Constantí (Tarragonès) para pedir su cierre. A primera hora de la tarde, y tras una reunión infructuosa con el delegado de la Generalitat, César Puig, agentes antidisturbios de la Guardia Civil detuvieron sin oposición a 33 activistas. Mientras duró el encadenamiento, no pudieron entrar camiones en el recinto de la incineradora.

La acción de Greenpeace coincide con la estancia en el puerto de Tarragona del barco Esperanza de la organización, que puede ser visitado por el público. La protesta se inició pasadas las 8.30, con el bloqueo por parte de los activistas de las dos puertas de acceso a la incineradora.

Los ecologistas desplegaron pancartas en las que se podía leer Un plan de residuos sin incineración y Producción limpia ya. Greenpeace alerta que la incineración de residuos peligrosos es una práctica que afecta gravemente a la salud de la población, 'ya que no elimina las sustancias tóxicas contenidas en los residuos, sino que las libera al medio ambiente a través de los gases de la chimenea y las cenizas'. Entre otros desechos liberados al ambiente se encuentran las dioxinas, 'el veneno ambiental más peligroso jamás conocido', según la organización.

Albert Rodríguez, portavoz de Greenpeace, explicó que la reunión con César Puig fue improductiva, 'puesto que no se avinieron a concretar un calendario para el cierre de la planta'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de octubre de 2002