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Un inmigrante irregular muere asfixiado en un contenedor en el puerto de Algeciras

Un inmigrante marroquí murió ayer asfixiado en el interior de un contenedor que llegó al puerto de Algeciras a bordo de un barco procedente de Tánger. Otros nueve lograron sobrevivir, aunque cuatro de ellos sufrieron síntomas de asfixia y tuvieron que recibir asistencia médica.

Su aventura empezó la mañana del miércoles. El barco que los traía zarpó del puerto marroquí con una carga de contenedores vacíos. En uno de ellos viajaban los inmigrantes, perfectamente camuflados al fondo del habitáculo merced a una falsa pared construida con cartón ondulado pintado para que pareciera metal. Allí, apretujados unos contra otros, lograron zarpar sin ser vistos. Al notar que el barco se hacía a la mar, los inmigrantes salieron de su escondite y se dispersaron por el contenedor. De ello dan fe los restos de comida y las botellas de agua y zumo vacías que los agentes de la Guardia Civil encontraron ayer por la tarde junto al cadáver del inmigrante muerto.

Que sólo fuera uno el fallecido se puede achacar sin duda a la buena suerte. Sobre las siete de la tarde de ayer, la grúa que trasladaba al contenedor desde el barco a la explanada del puerto sufrió una avería. Al bajarse de la cabina, el operario escuchó unos extraños ruidos que le parecieron gritos de socorro, golpes sobre las paredes de hierro. Avisó enseguida a la Guardia Civil de que algo raro estaba ocurriendo allí. Los agentes rompieron los precintos con un cortafrío y lo primero que sintieron al abrir el contenedor fue una bocanada de aire ardiente. Las altas temperaturas y la falta de ventilación convertían la atmósfera en irrespirable. Alumbraron con una linterna y descubrieron a los nueve hombres. Uno de ellos acababa de morir y de los otros se había apoderado el pánico.

El fallo de la grúa

Si la grúa no llega a fallar, aquellos hombres habrían seguido con toda seguridad el destino fatal de su compañero. Hay que tener en cuenta que en el puerto de Algecias se acarrean 145 contenedores a la hora, lo que representa un tráfico anual de más de dos millones. Ayer, como todos los días, en la explanada del puerto estaban apilados miles de ellos y el ruido de las grúas trabajando ahogaban cualquier llamada de auxilio. Sólo la avería fortuita y momentánea de uno de ellas permitió unos segundos de silencio. Por ahí se coló el grito desesperado de los marroquíes.

Una vez que la juez ordenó el levantamiento del cadáver y los otros nueve inmigrantes supervivientes fueron sacados del puerto -uno con destino a la comandancia de la Guardia Civil y otros al hospital Punta Europa-, el aspecto del contenedor ofrecía un perfecto resumen de lo que allí había sucedido durante el trayecto. Mochilas abiertas y ropa esparcida por el suelo, restos de comida, botellas de zumo y agua. Los agentes, temiendo que aquél no fuera el único contenedor con inmigrantes irregulares en su interior, procedieron a inspeccionar otros 50 que habían llegado en el mismo barco. Afortunadamente, todos los demás estaban vacíos.

Por la forma en que estaban ocultos los inmigrantes -detrás de un cartón pintado que simulaba las paredes del contenedor- se puede deducir que la iniciativa del viaje fue de alguna de las mafias que operan al norte del país magrebí.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de septiembre de 2002