Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:ALFONSO PERALES | Consejero de Gobernación

'Es casi imposible emigrar a España de manera legal'

El consejero de Gobernación culpa al Gobierno central de jugar políticamente con una imagen de dureza frente a la inmigración y de fomentar una imagen negativa de los trabajadores extranjeros, olvidando su importantísima aportación económica y social.

Pregunta. ¿Qué conclusiones se sacan desde la Junta de Andalucía del encierro de inmigrantes irregulares en la Universidad Pablo de Olavide?

'Hay que conseguir que las sociedades de España y Marruecos sean más porosas'

'El Gobierno comete un pecado democrático con mensajes negativos sobre la inmigración'

Respuesta. El encierro es una manifestación del desastre político que supone la inmigración en España, en donde el Gobierno que se ha quedado con el discurso verbal de dureza. Al Gobierno lo único que le interesa de la inmigración es aparecer ante la opinión pública como duro, como inflexible, como el que no va a permitir la inmigración ilegal, mientras que la realidad es que a España sólo llegan inmigrantes ilegales. Esto es, evidentemente, contradictorio y es que hablamos de un Gobierno tramposo, que intenta dar una imagen, mientras que no ha hecho sus deberes para fomentar la inmigración legal.

P. ¿Y cuáles serían esos deberes que dice usted?

R. No ha hecho sus deberes en política exterior ni ha hecho convenios con los países de donde proceden los inmigrantes, los que se han suscrito, como con Marruecos, no se han desarrollado por que lo que le conviene es jugar políticamente y enviar un mensaje de seguridad a los ciudadanos cuando en realidad son ellos los que fomentan los problemas de la inmigración. La realidad es la contraria, a Andalucía no han venido inmigrantes de manera legal, salvo los que trabajaron en la pasada campaña de la fresa en Huelva.

P. ¿Está sugiriendo que el Gobierno desprecia la aportación de la inmigración?

R. El Gobierno comete un pecado democrático cuando envía mensajes negativos sobre la inmigración. Cuando el presidente del Gobierno insiste en que la mayoría de los presos preventivos son inmigrantes no dice la verdad ya que son extranjeros, no inmigrantes económicos. Además, debería de explicar que la inmigración provoca el crecimiento de algunas zonas de España, que uno de cada tres nuevos cotizantes a la Seguridad Social son inmigrantes económicos, que la llegada de estas personas ha corregido la termita demográfica, la pirámide de población negativa, aparte de que aportan a la Hacienda pública mucho más de lo que perciben. El encierro ha sido una mala decisión, ha sido negativo, pero no es más que el reflejo de una mala política. Desde que gobierna el Partido Popular se ha multiplicado por cuatro el número de inmigrantes irregulares. Y es que es mucho más fácil venir a España de manera irregular que hacerlo legalmente. Desde Marruecos, Argelia o cualquier país de África subsahariana es prácticamente imposible venir a España de manera legal.

P. ¿Cuál es entonces la manera de afrontar el fenómeno de la inmigración?

R. El único regulador de la inmigración es el mercado de trabajo, hay que determinar el número de trabajadores que se necesitan, en qué lugares y en qué actividades. También es muy importante determinar los países de procedencia de estos trabajadores, porque si el mercado de trabajo se ocupa con inmigrantes legales se están disuadiendo las llegadas irregulares. Eso el Gobierno lo sabe, pero no toma medidas, porque se siente cómodo con su imagen de dureza.

P. ¿Cómo se ven desde el Ejecutivo andaluz los recientes enfrentamientos entre los gobiernos español y marroquí?

R. Nosotros [España] tenemos un problema político con Marruecos, pero también tenemos un problema con la inmigración, no sólo muchos irregulares son marroquíes, sino que sus costas son la plataforma de llegada de los procedentes del área subsahariana. El Gobierno tiene que fomentar una mejor percepción de Marruecos y de los marroquíes en España. Es muy lamentable, es incomprensible que el vicepresidente Mariano Rajoy advierta durante la crisis de la isla Perejil de que en este país hay 200.000 inmigrantes marroquíes.

P. ¿Cree usted que se estaba refiriendo a posibles quintacolumnistas, personas que podían atentar contra los intereses españoles si las cosas se ponían feas?

R. Es peor todavía, es una amenaza incomprensible a Marruecos, como también lo es cuando advierte de que en esas fechas dos millones de marroquíes iban a atravesar España.

P. ¿Cuál es la postura que se debe de tomar en las relaciones con Marruecos?

R. Lo que está más que claro es que no es posible darle la vuelta al continente africano y poner a Suráfrica frente a las costas españolas, así que hay que buscar una relación política razonable, en la que tendría una especial importancia la inmigración, porque es algo que no se puede evitar. Ni siquiera Estados Unidos puede detener la entrada de mexicanos en su territorio a pesar de los grandes esfuerzos que hace. Hay que hacer pedagogía política, no enviar imágenes negativas sobre Marruecos, que, por desgracia, son muy bien recibidas por la sociedad española. El Gobierno no acaba de encontrar el tono adecuado en su relación con Marruecos. No se puede tolerar que se extienda la impresión de que los marroquíes son malos trabajadores o problemáticos.

P. La Junta de Andalucía ha mantenido siempre relaciones bastante fluidas con las autoridades marroquíes, ¿cómo están las cosas tras el conflicto diplomático surgido por isla Perejil?

R. El día que las tropas marroquíes se instalaron en isla Perejil, el presidente de la Junta dio instrucciones terminantes de que no hubiera ninguna representación institucional de nivel en relación con Marruecos. Los programas se mantienen, las actividades se mantienen, pero tanto en este caso como cuando pudo haber habido otros roces, la Junta mantiene su lealtad total al Gobierno, ahí no hay fisuras, como en el caso de Gibraltar. Lo que hay que buscar es que ambas sociedades se hagan más porosas, se entrecrucen sus intereses, que haya más relaciones culturales, más relaciones económicas... Ésa es una seguridad de un futuro de buena vecindad que protegería incluso contra la política.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de agosto de 2002