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viernes, 9 de agosto de 2002
VISTO / OÍDO

La viuda india

Me enteré del infame rito de la 'viuda india', arrojada a la pira en que es costumbre quemar el cuerpo del marido muerto, leyendo a Julio Verne. Se enteraba uno de muchas cosas. Luego, ha sido terrorífico ver cómo gran parte de lo que aprendíamos era mentira. O se convierte en mentira a medida que se sabe más o se descubre algo; y hay muchas mentiras que, aparte de su comicidad e inverosimilitud, siguen prevaleciendo sobre las verdades patentes. A Julio Verne se le sigue considerando un intuitivo maravilloso que se adelantó a la ciencia; la verdad es que se equivocó en todo. En su viaje a la Luna, en los submarinos y las ciudades bajo el océano, por no seguir con más ejemplos. El rito de la 'viuda india' era cierto y tenía razones: al muerto se le incineraba por evitar contagios de las grandes pestes; a la viuda, porque quedaba en tal desamparo que moriría poco después de hambre y enfermedades. Y la muerte simultánea resuelve herencias. La viuda de Julio Verne era una bellísima, rica y joven maharani, creo, que luego se convertiría en compañera del viajero.

Leí ayer que una viuda india había sido depurada así, no se sabe si voluntariamente. Ahora está prohibido, pero se hace, y un par de guardias no pudieron rescatar a la mujer porque la multitud, entre la que estaban sus hijos, lo impedía. Tenía 65 años, que en India y en una mujer es una edad enormemente prolongada. Hay muchos países donde la vida de la mujer es más corta que la del hombre; creo que España es donde hay mayor diferencia a favor de la mujer. Es también el país en que más ha bajado la natalidad, y estamos casi en la mitad de la tasa de reposición -igualar el número de nacidos vivos con el de fallecidos- y nos mantenemos porque importamos personas ya vivas; vienen a nosotros pagándose el viaje sórdido, muriendo en él mendigando, expulsados hasta de los antiguos santuarios -como el de la Universidad de Sevilla, aprovechando las vacaciones de la rectora que no daba permiso-; destinados a martillar las calles donde mandan alcaldes insanos, o a correr por la sierras como antiguos bandoleros.

Me pregunto, en el orden de la ética, de la moral, de la piedad o de como cada uno llame a esa cosa, si es más humano lo de la viuda india.

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