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domingo, 2 de junio de 2002
Reportaje:

Otra eléctrica con demasiadas chispas

Chuck Watson abandona la presidencia de Dynegy, salpicado por el 'caso Enron'

El presidente Chuck Watson tocó el cielo cuando en el pasado mes de noviembre estuvo a punto de hacerse con el control de la desarbolada Enron, el modelo de empresa que su Dynegy llevaba años imitando. Se retiró a tiempo de la operación, ante los sólidos indicios de que Enron ocultaba muchos más sapos de los evidentes. Pero fue el principio de su fin.

La empresa ha realizado operaciones de 'ida y vuelta' en las que, sin que la electricidad cambie de manos, se crea la idea de un caudaloso negocio

Watson quiso comprar Enron por 9.000 millones de dólares; ahora ha tenido que tirar la toalla, aunque con una idemnización millonaria

Aquél fue un momento cumbre para Chuck Watson y para Dynegy. Pero resultó ser el principio del fin. Al poco, surgieron dudas sobre su capacidad gestora y sobre los resultados que presentaba Dynegy, sospechas que no hicieron más que crecer con el paso del tiempo hasta movilizar a la SEC (comisión del mercado de valores) y a la fiscalía de Houston. A los seis meses de aquel momento de gloria, Watson ha sido defenestrado (aunque se haya embolsado una indemnización de entre 33 y 40 millones de dólares) y Dynegy prepara con urgencia medidas para recuperar la credibilidad perdida, con su cotización en mínimos y su crédito por tierra.

Watson creó lo que acabó por llamarse Dynegy en 1985, con la vista puesta en la venidera liberalización del mercado de la energía en Estados Unidos. La compañía fue creciendo hasta llegar 10 años después a la Bolsa de Nueva York, tras haber empezado a comerciar con electricidad y antes de ampliar negocio con el gas natural. A ello siguió la decisión de adquirir plantas generadoras de energía, activos reales que cuando el pasado mes de diciembre cayó Enron (tras retirar Watson su oferta de 9.000 millones de dólares más la asunción de un endeudamiento de otros 13.000) le permitieron presumir de la solidez de su casa. Enron era líder y modelo, pero con la diferencia a favor de Dynegy de que estaba en situación de generar su propia electricidad, frente a la estrategia del gran rival de esencialmente comerciar con ella: comprarla a las generadoras y venderla a las distribuidoras.

La intermediación de Enron en otros sectores, como la banda ancha, también fue imitada por Dynegy. Y lo mismo ocurrió con la malhadada ingeniería financiera, fruto, según los analistas, de la furiosa competencia entre unos y otros por ofrecer resultados cada vez más atractivos en una época de imparable boom financiero. El pasado mes de abril, The Wall Street Journal reveló la existencia en Dynegy de operaciones contables paralelas destinadas a incrementar los beneficios con el registro en el momento de ventas de gas natural a largo plazo, operaciones que se beneficiaban de exenciones fiscales al tiempo que producían aparente cash-flow. La SEC movilizó a sus inspectores y el subsiguiente retoque de las cuentas redujo en un 12% los resultados de 2001.

Aquellas revelaciones y la intervención de la SEC dieron un gran golpe a la cotización de Dynegy, para desesperación de unos accionistas a los que en la junta general de hace unos días Watson trató de vender la idea de que todo era consecuencia de la desconfianza suscitada en los mercados por el caso Enron. El auténtico valor de Dynegy, les dijo, era muy superior a lo que su pobre cotización indicaba, apenas el 10% de los 52 dólares a que cotizaba hace un año.

Luego se ha sabido que Dynegy realizó también operaciones comerciales llamadas de ida y vuelta, en las que sin que la materia prima cambie de manos se crea la impresión de un caudaloso negocio. El juego consiste en la puesta de acuerdo entre dos empresas. La primera vende a la segunda una determinada cantidad de energía y ésta se la revende a la primera por el mismo precio. Ambas registran la transacción, que hincha la facturación y crea un efecto de viento en popa.

Dynegy ha realizado tales intercambios de ida y vuelta con CMS, otra compañía del sector, cuyo presidente, William McCormick, dimitió la pasada semana tras admitir que transacciones de ese tipo con otros socios le permitieron hinchar la facturación propia en más de 4.400 millones de dólares. La SEC y el organismo federal que tutela la energía están investigando estas operaciones de CMS. Watson ha dicho que, en sus intercambios con CMS, él sólo estaba probando cómo funcionaba el sistema, sin aviesas intenciones. La fiscalía de Houston no está para juegos ni experimentos y ha decidido intervenir en el caso. Lo mismo que el Consejo de Administración de Dynegy, que ha despedido al fundador y consejero delegado en una operación en la que ambas partes se han cruzado reconocimientos en tonos versallescos.

Como gotas de agua

'Si nos fijamos en los demás miembros del sector, vemos que todos somos parecidos. Todos estamos pasando por lo mismo', dice Steve Bergstrom, presidente y responsable financiero de Dynegy, que se mantiene en el cargo con el visto bueno de los analistas. A pesar de su estrecha colaboración con Watson, los expertos consideran la continuidad de Bergstrom como señal de que van en serio los planes de reforma en Dynegy. Las funciones del defenestrado Watson serán asumidas por Glenn Tilton, en la presidencia interina del consejo de administración, y por Daniel Dienstbier, como consejero delegado en funciones. Dienstbier administraba hasta ahora Northern Natural Gas, el gasoducto que Watson consiguió para Dynegy a cambio de 1.500 millones de dólares adelantados a Enron en la frustrada operación de noviembre.

'Esto no es un escándalo', dice Bergstrom. 'Estos dos me van a ayudar a hacer lo que me gusta, que esto funcione'. Tilton es vicepresidente de ChevronTexaco, primer accionista de Dynegy, con el 26,5% y opción hasta el 36% de la firma de Houston. El gigante petrolero estaba crecientemente incómodo con la estrategia y los resultados que ofrecía Watson. El crédito de Dynegy había caído en picado (al límite de la categoría de basura, con el consiguiente efecto sobre el coste de su deuda) y las agencias de calificación han recibido satisfacción con la decidida intervención de ChevronTexaco.

Para llegar a ese futuro, Dynegy va a tener que soltar lastre, centrar el negocio y regirlo de modo más realista en la contabilidad y en la estrategia empresarial. La intermediación en el comercio de la energía, patrocinada por Enron y que se llegó a considerar como el único camino hacia el futuro, ha resultado desastrosa para los consumidores, como se puso de manifiesto con la crisis de 2000 en California, y para los accionistas. La nueva dirección de Dynegy se ha dado una margen de 10 días para definir y enderezar el rumbo de la sociedad con el propósito inmediato de restaurar la confianza de los inversores y de las agencias de calificación.

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