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lunes, 22 de abril de 2002
Tribuna:

El espíritu de la Valldigna

El mundo late en el Mediterráneo con cadencia arrítmica. Europa mira hacia el sur con los ojos puestos en el futuro. En este contexto, la capital de la Comunidad Valenciana acoge estos días dos acontecimientos de primera magnitud: el Foro Valldigna y la V Conferencia Euromediterránea con un mar de fondo real.

En el primero de ellos, más de 150 expertos han debatido, desde la experiencia, las necesidades y los problemas que más acucian a ambas riberas con la finalidad de establecer un espacio duradero de paz. Una Paz que solo tendrá sentido a partir del crecimiento sostenido y la convergencia de todos los pueblos. Al contrario de lo que acostumbra a suceder en estos casos, la mayoría de los intelectuales aquí reunidos no se han planteado la ausencia de la violencia como el tema prioritario. Ese es otro debate. Su principal apuesta ha sido cuestionarse la actualidad. Y así se ha llegado a establecer prioridades de actuación entre las que destacan por su importancia la creación de un Fondo para el Desarrollo Sostenible y Solidario, y el establecimiento de un Observatorio de los Derechos Humanos, específicamente mediterráneo.

Ambas propuestas se han trasladado a la delegación española en la Conferencia Euromediterránea para su debate y posterior aprobación.

Se trata de dos acciones concretas fundamentales. Por un lado la creación de un fondo que permita a los países menos favorecidos disponer de financiación para consolidar estructuras de desarrollo, con la coparticipación de todos sus miembros. Al contrario de lo ocurrido en otras ocasiones no se trata de transferir migajas del norte hacia el sur, con las que lavar la conciencia nuestra sociedad. Se trata por primera vez, de establecer un fondo, semejante a los fondos de cohesión europeos, que permita el reequilibrio entre las orillas del Mare Nostrum.

Como dijo el profesor Edgard Morin, dejemos de mirar el ombligo de nuestra civilización, dejemos de 'recordar nuestros mitos'y actuemos. Este ha sido el espíritu de la Valldigna: Actuar.

Por otro lado, la creación de un Observatorio de los Derechos Humanos es un paso decisivo en un momento crucial en el que el Tribunal Penal Internacional llega a su destino. Su concreción en una microárea como es la que nos afecta, nos permitirá ser ágiles ante cualquier desmán en este ámbito. Ello facilitará la toma de conciencia y la posibilidad de reconducir situaciones que a día de hoy pueden quedar impunes.

Es importante observar cómo Valencia va recuperando el aliento y el interés por las cuestiones más candentes de la actualidad. El Foro Valldigna y la Conferencia Euromediterránea son sólo dos ejemplos de la pujanza de nuestra Comunidad. Durante varias décadas del siglo que acabamos de cerrar, Valencia ha vivido a la sombra del Madrid institucional o de la Barcelona que tenía sus ojos puestos en el norte -más culto y racional-. Valencia sin embargo ha gozado de protagonismo en momentos concretos de su historia que ahora trata de consolidar. Siempre con una mirada dirigida al mar de Ulises.

Durante el siglo XV fue sede e impulsora de cambios importantes en la escena cultural y comercial. La expansión hacia el este nos permitió un avance sustancial en las relaciones con el Mediterráneo. Ya en el pasado siglo, otro acontecimiento marcó un antes y un después en el asentamiento de la solidaridad y el rechazo de cualquier intento de soslayarla, como fue, en 1937, el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas.

Valencia ha abandonado sus posiciones resignadas a la sombra de los acontecimientos, para alzar su voz en un espacio que nos es común. La capacidad de interlocución con nuestros vecinos, unida al liderazgo que se está ejerciendo sobre todo cuanto afecta a las relaciones entre Gibraltar y el Bósforo coloca a la Comunidad Valenciana en una posición de futuro. Si el centro irradia en dirección oeste, y Cataluña tiene los ojos puestos en el norte, Valencia se ha convertido en referente mediterráneo de cara a crear una microárea de intercambio y estabilidad para el futuro.

Pero, además, disponemos de nuevo elemento decisivo para consolidar dicha aspiración. El Comité de las Regiones es el referente que sirve de puente para encajar las políticas del sur en el seno de la Unión Europea. El presidente Zaplana se convierte de facto en pieza clave de las aspiraciones mediterráneas. En ese sentido, cada vez más, la presencia en ámbitos y foros internacionales predisponen a los valencianos a ejercer el papel que por su historia y relaciones nunca debimos abandonar.

Valencia, junto a Madrid y Barcelona, configura una red triangular de colaboración para afrontar con pie firme los desafíos de un futuro cada vez más presente. Hemos asumido una posición de puente entre el sur y el norte. Una posición que concilie aspiraciones singulares con la necesidad de valores comunes que desemboquen en el civismo y la reducción de las discriminaciones tanto sociales como económicas.

Son valores inalienables para el ser humano solo recuperables desde la decisión política. La apatía política, por el contrario, nos conduciría irremediablemente a una zona de inestabilidad continua de perdedores. Reducir las posiciones de dominación en todos los ámbitos y crear redes de solidaridad desde la sociedad civil han sido los objetivos que han planeado estos días por Valencia.

Podemos estar satisfechos, porque se ha abierto uno de los caminos que conducirán a la paz y a la estabilidad. Nuestra posición, como afirmaba Montesquieu, se asienta sobre la capacidad de las posiciones intermedias. Solo desde ellas se puede asegurar una defensa de los valores como la solidaridad, la justicia, la cultura o la calidad de vida.

Actuemos, pues, para irradiar el espíritu de la Valldigna. La dignidad política representada en este caso en el monasterio cisterciense es un símbolo para la ilusión.

Rafael Blasco Castany es consejero de Bienestar Social de la Generalitat.

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