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viernes, 1 de febrero de 2002

Otra mujer afirma que sufre secuelas de una operación que le hizo el cirujano Senderowicz

La paciente tuvo que someterse a tres intervenciones para reparar los problemas de su nariz

Gerardo Raúl Senderowicz Hendler, el médico que asistió a Débora Catalán Gutiérrez, de 36 años, que murió el viernes pasado en un centro estético clandestino, tiene otro juicio pendiente. María del Carmen Cerreduela Pisa, de 41 años, vecina de Requena (Valencia), le ha denunciado tras someterse a una intervención para corregir una desviación de nariz. La paciente sufrió la caída de todos los injertos, lo que le provocó graves lesiones faciales y psicológicas. Además, este cirujano fue penado a pagar a una modelo 9 millones de pesetas por causarle una desviación en la cara.

Cerreduela se sometió en 1981 a una intervención estética en Barcelona porque tenía la nariz en punta. A los 10 años de esa operación, decidió retocarse de nuevo esa zona, pues sufría desviación del tabique nasal. Para ello, contactó con Senderowicz, que le cobró más de 400.000 pesetas por la intervención. 'Me operó sentada en un banco de dentista. Para reponerme el cartílago nasal, me cortó parte de las orejas para hacerme un injerto. A pesar de que tuve una fuerte hemorragia, él se marchó y la tuvieron que parar la enfermera y mi marido', explicó Cerreduela.

La sorpresa surgió cuatro días después, en noviembre de 1991, cuando le fue retirada la escayola. Carecía del tabique nasal, la parte derecha de la nariz estaba pegada a la cara y tenía caído un trozo de carne injertada. Senderowicz la citó a los cinco meses para una nueva operación. De nuevo, siempre según la versión de esta paciente, le cortó parte de los cartílagos de la boca y de las orejas para injertalas en el tabique nasal. 'Los injertos se pudrieron y comenzaron a oler fatal. Tuve que ir varias veces a urgencias por lo mal que me puse', subraya.

Desde entonces, sufre una fuerte depresión, ya que las orejas le han quedado deformadas y le duelen 'muchísimo'. Además, tiene dos orificios entre la nariz y la boca y un nervio facial le estira la parte derecha de la cara. 'No puedo beber agua ni tomar sopa porque se me cae todo el líquido. Tampoco puedo tomar el sol ni tocarme la cara. El médico [Senderowicz] me ha desgraciado para toda la vida', se lamenta Cerreduela. Ésta denunció a Senderowicz ante el Juzgado de Instrucción 33 de Madrid, cuyo titular, Tomás Martín, archivó la causa en octubre de 1998. El médico forense dictaminó que era difícil probar que las lesiones que sufría la paciente hubieran sido producidas por las intervenciones de Senderowicz en 1991. Y abría la posibilidad de que tales lesiones fueran fruto de la otra operación que se practicó la denunciante en Barcelona en 1981.

Indemnización

La vía civil de este caso está, no obstante, abierta: el Juzgado de Primera Instancia 53 de Madrid, que tramita la demanda interpuesta por esta paciente tras archivarse la causa penal, está pendiente de resolver la demanda. La paciente solicita 30 millones de pesetas. 'Lo que no llego a entender es que los jueces no hayan tomado medidas contra este médico. Si hubiesen hecho algo, quizá Débora no habría muerto', concluye Cerreduela.

Este periódico ha intentado reiteradas veces dialogar con el cirujano Senderowicz para recabar su versión. Su abogada, Carmen Ranera, explicó ayer que su cliente no desea hacer ninguna declaración sobre estos hechos e insiste en que no ha huido de España y que está dispuesto a dar la cara en cuanto sea requerido por el juez.

Mientras, la abogada de la familia de la fallecida, María Jesús González, aseguró ayer que seis pacientes de Senderowicz se han puesto en contacto con ella para denunciar otras supuestas negligencias. Todos los casos serán aportados al juzgado de instrucción número 22, que tramita el caso de Débora, para que conozca la trayectoria profesional del cirujano. La letrada también tiene previsto llevar hoy al juez varios documentos que, según ella, demuestran que Débora se sometió a una liposucción (un acto quirúrgico para eliminar grasa, que requiere anestesia general) y no a una mesoterapia (tratamiento contra la celulitis mediante inyecciones intradérmicas), como señaló un portavoz del centro en el que se operó Debora.

María del Carmen Cerreduela, en su centro de trabajo en Requena (Valencia). / SANTIAGO CARREGUÍ

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