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Crítica:

Apoteosis del exceso

Las 57 obras que se muestran en A Coruña suponen el regreso de Antón Lamazares a la capital gallega 15 años después de su última exposición individual en la ciudad. La muestra hace un repaso de la exuberante y heterogénea expresión de este artista.

Una cierta sensación de estar abrumado puede invadir al visitante de la muestra sobre los últimos 15 años de trabajo del pintor y escultor gallego Antón Lamazares, un artista cuya personalidad provocadora y dada al exceso se refleja en el gran formato de las obras ahora exhibidas y en la complejidad de las mismas. La amplitud del escenario elegido para esta muestra permite ver por primera vez reunidas una serie de obras realizadas en distintas ciudades -Nueva York, París, Salamanca- y observar la evolución en la obra de Lamazares, que pese a su vida itinerante nunca deja a un lado la Galicia rural en la que creció. Personajes y ambientes del campo gallego son el principal referente en sus obras, que pese a su aparente localismo acaban revelándose como un ejemplo de arte total y universal.

UN SACO DE PAN DURO

Antón Lamazares Pintura/escultura Estación Marítima Jardines de Méndez Núñez, s/n A Coruña Hasta el 6 de enero de 2002

Surrealismo, expresionismo, minimalismo, informalismo, arte bruto..., todas estas corrientes artísticas son citadas como influencias en las obras de Lamazares y está claro que hay algo de todas ellas, pero al mismo tiempo ninguna es suficiente para explicar las claves de un arte que tiene como característica más señalada la de desbordar los sentidos, a través de una poesía e ironía brutales que consiguen llegar hasta lo más íntimo. Muchas de las obras exhibidas fueron retocadas y alteradas en distintos momentos, de forma que la obra de arte pierde su carácter sagrado y se convierte en un ser vivo que cambia con los años y se transforma en algo distinto a lo que fue en su concepción inicial.

Es difícil decir si las obras

que se exhiben en la muestra son pinturas o esculturas. Lamazares juguetea con ambos conceptos y vuelve a mostrar su ironía y a reírse de todos al convertir la parte de atrás de algunos de sus cuadros/esculturas en espacios para su arte. 'Igual que las mujeres tienen hermosos pechos también se puede contemplar, con placer, sus culos', es el irrefutable argumento que utiliza para explicar su inclinación hacia estas piezas bifrontes. Su afán por convertir en arte todo lo que toca se lleva aquí al extremo. El título de la exposición, Un saco de pan duro, revela que hasta el material menos noble es apto para transformarse en objeto artístico, desde una tachuela hasta un cordel o un oso de peluche.

Los personajes que pueblan las obras de Lamazares merecen un capítulo aparte. El artista se inspira una vez más en modelos rurales para construir un particular universo poblado por seres fantasmagóricos que aparecen fugazmente en sus obras o que llegan a convertirse en protagonistas de una serie, como Pol y sus andanzas en una aldea imaginaria llamada Adelán. Son personajes que podrían ser miembros de la Santa Compaña y de los que ni siquiera se sabe si están vivos o muertos, igual que los paisajes en los que se mueven. Son escenas que parecen salidas de una pesadilla.

El uso del color es otro de los aspectos destacados en su obra. La variedad de la gama de marrones en sus puertas barnizadas o la forma magistral en la que usa las tonalidades oscuras para dar una apariencia de irrealidad a los paisajes son dos buenos ejemplos de su maestría. Los rudos soportes que suponen la madera y el cartón no son óbice para que el artista pueda realizar ejercicios cromáticos de notable valía en sus obras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de diciembre de 2001

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