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Crítica:TRAVIS | POP

Más que simples descendientes de los Beatles

Superando la afección baladística que suele tirar por tierra el esfuerzo pop de la mayor parte de los grupos británicos en cuanto se ponen a vender, los escoceses Travis parecen haber aprendido a congeniar esa tendencia a la delicadeza sonora con arranques de relativa furia musical que hacen de esta continuación de Oasis una propuesta musical de evidente atractivo.

El grupo se presentó en directo con el escenario exageradamente lleno de amplificadores, como si se tratase de una vieja banda de rock duro. Pero los temas a tiempo de vals, la suavidad melódica y la dulzura vocal de un cada vez más convincente Francis Healy se encargaron de deshacer cualquier equívoco. La banda dio rienda suelta a la mayor parte de los éxitos de sus tres discos hasta la fecha, haciendo especial hincapié en los de su tercer y más reciente The invisible band, disco que les ha hecho romper los topes localistas de su origen como banda tremendamente británica.

En el terreno de lo inesperado, cabe destacar la interpretación de Healey de un tema sin ningún tipo de equipo de amplificación: sólo su voz y su guitarra acústica superponiéndose ambas al ruido ambiente y consiguiendo el silencio del respetable. También llamó la atención el capítulo de versiones, con unos Travis lanzados al juego, tocando All the young dudes, de su compatriota David Bowie, y el Back to hell de AC/DC, esta última como para evitar que se les acuse de ser demasiado blanditos. Coincidiendo con su mayor despliegue comercial y con el excelente trato que se les ha dispensado en nuestro país -llevan más de 40.000 copias de su último disco vendidas en España-, Travis demuestra con directos como éstos que es una banda viva, aún no atrapada en clichés de simples descendientes de los Beatles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de noviembre de 2001