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sábado, 27 de octubre de 2001

El ántrax maligno llega a la CIA, al Departamento de Estado y al Supremo

La Casa Blanca asegura que hay 40 lugares en EE UU donde se puede producir la bacteria

Varios focos de ántrax maligno (carbunco) 'médicamente insignificantes' están convirtiendo la ciudad de Washington en un mapa plagado de edificios cerrados. Se han encontrado restos de la bacteria en un filtro de aire del Tribunal Supremo y en las dependencias postales de la CIA, así como en el Departamento de Estado. Aunque la investigación no parece aportar avances significativos, la Casa Blanca aseguró ayer que el ántrax maligno contenido en varias cartas no es tan sofisticado como para hacer pensar que algún Gobierno extranjero está detrás de los envíos.

En el Tribunal Supremo, situado a escasa distancia del Capitolio, el foco de ántrax maligno estaba localizado en un filtro de la habitación donde se almacenan y se ordenan los envíos postales. Aunque en un comunicado del tribunal se asegura que no hay "prueba alguna de contaminación", el edificio quedó cerrado al público a mediodía. Ningún empleado ha mostrado, por el momento, síntomas de infección.

Horas antes, la CIA confirmó que se había detectado la presencia de ántrax en el edificio de Langley (Virginia) que distribuye el correo hacia la agencia de investigación. Según el portavoz, Bill Harlow, "la cantidad localizada es médicamente insignificante, muy por debajo de la cantidad necesaria para provocar una infección". Tampoco hay nadie en la CIA con síntomas de exposición al ántrax.

También aparecieron restos de la bacteria en el Instituto de Investigación Militar Walter Reed, situado en Silver Spring (Maryland), en las afueras de la capital. Paradójicamente, este centro militar se dedica al estudio de armas biológicas.

Además de estos focos confirmados, un empleado de las instalaciones postales del Departamento de Estado ha sido ingresado con ántrax pulmonar, la variante más agresiva de la enfermedad.

A pesar de este goteo constante de confirmaciones y sorpresas, sigue habiendo sólo una carta contaminada con esporas de ántrax en Washington: la enviada al despacho del senador demócrata Tom Daschle. Según Tom Ridge, el "zar antiterrorista" del presidente Bush, "hacemos lo posible por determinar si hay otros envíos contaminados. El Departamento de Justicia, el FBI y el Servicio Secreto están haciendo todo lo posible por saber si hay o no otras cartas en el sistema postal que estén contaminando estos lugares", dijo Ridge.

También se han encontrado restos de la bacteria en el centro principal de distribución de correo de Nueva York. Hasta anoche, las infecciones habían provocado tres víctimas mortales (dos en Washington y una en Florida) y 11 enfermos por ántrax pulmonar.

Sustancia sofisticada

Mientras tanto, la Casa Blanca trataba de dar ayer alguna información coherente sobre el origen de la bacteria. Desde su aparición, se ha dicho oficialmente que la sustancia era sofisticada, para luego decir que era vulgar; se ha dicho que los envíos eran idénticos y después distintos, y se ha dicho, finalmente, que la manipulación del ántrax maligno puede sugerir una procedencia extranjera.

Ayer, el portavoz de la Casa Blanca trató de explicar que la sustancia enviada era, efectivamente, sofisticada, pero no tanto como para contar necesariamente con la participación de un Gobierno extranjero.

Según señaló Ari Fleischer, cualquier "doctor en microbiología, en un laboratorio avanzado, puede haber creado el ántrax contenido en los envíos. Eso no descarta que pueda ser de origen extranjero, pero desde luego amplía la posible procedencia". Fleischer dijo que el ántrax de la carta enviada a Fleischer era de calidad, "pero no de la mayor calidad".

El senador Bob Graham, presidente del Comité de Inteligencia, aseguró que hay "al menos 40 lugares en Estados Unidos" con capacidad para producir esa versión letal de la bacteria del ántrax, "la mayoría asociados a universidades, centros médicos o clínicas veterinarias".

Anoche, las autoridades sanitarias de EE UU anunciaron su intención de proveer de vacunas a investigadores y todas aquellas personas expuestas a un alto riesgo de contraer ántrax. No descartaban la posibilidad de incluir en este grupo de alto riesgo a carteros y trabajadores de correos.

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