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sábado, 22 de septiembre de 2001
Reportaje:

Una Mercè que mira a Nueva York

El filósofo José Antonio Marina, pregonero de las primeras fiestas de Barcelona del milenio

BLANCA CIA Barcelona 22 SEP 2001
- El pregón resalta que el mundo atraviesa un 'instante crucial' lleno de posibilidades y riesgos - El recuerdo de los atentados de Estados Unidos impregna el inicio de los festejos - El concierto de Manu Chao arranca la programación musical con un lleno absoluto
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'Quiero comenzar este pregón de fiesta recordando la tragedia de otra gran ciudad, Nueva York. Más que pedir un minuto de silencio, prefiero usar la palabra para meditar lo que tan triste suceso nos dice: vivimos un instante crucial, lleno de posibilidades y peligros. A nosotros nos toca decidir el futuro'. El pregonero de las fiestas de Barcelona este año, el filósofo José Antonio Marina, hizo un discurso muy reflexivo sobre el nuevo escenario que se está dibujando a nivel planetario: 'En un mundo global, que se encuentra confuso, que ha perdido certezas, que siente miedo a disolverse, aparecen movimientos de contracción peligrosos. Es preciso no momificarse ni volatilizarse', dijo.

En esa tesitura, con el recuerdo todavía ardiente de las Torres Gemelas del World Trade Center y el atentado del Pentágono en Washington, Marina abundó en la idea de que las culturas no deben interpretarse como los detonantes de las confrontaciones en el mundo, sino como el instrumento que tiene que ayudar a recomponer la paz.

Marina destacó que en el nuevo mundo global 'de soberanías nacionales permeables' el papel de la ciudad tendrá un protagonismo renovado: 'La ciudad es el lugar donde la nación adquiere rostro humano, pierde sus sentimientos belicosos y fomenta sus sentimientos cordiales'.

El pregonero definió Barcelona como una ciudad de tradición creadora. Y se refirió a que, al igual que las personas, hay ciudades inteligentes y ciudades estúpidas. 'Barcelona pasa con buena nota el test de las ciudades inteligentes, cosa que no podría decir de otras ciudades españolas', afirmó, sin aclarar cuáles serían las ciudades en su opinión estúpidas. Por ciudad inteligente, Marina definió la que es capaz de renovarse constantemente, la que manifesta tradición creadora. Y enumeró las muestras de inteligencia: 'La reinvención temprana de la democracia de este Consell de Cent, la Renaixença, el impulso industrial, el Eixample, Gaudí, su eficacia en los Juegos, el proyecto del Fòrum de les Cultures'. Dicho esto, Marina incitó a los bareceloneses a la fiesta y a saber celebrarla: 'Una cosa es saber divertirse y otra saber celebrar. En este momento la diversión es un acontecimiento cotidiano. Vemos un promedio de tres horas de televisión para divertirnos', dijo. Mientras el filósofo pronunciaba el pregón ante un Saló de Cent abarrotado, en la calle, en la plaza de Sant Jaume, un grupo de jóvenes pacifistas gritaban 'No a la Guerra'.

El desconcierto que sembró la pasada de los aviones en vuelos de entrenamiento por el centro de la ciudad se acabó cuando los pilotos recibieron la orden de alejarse del casco urbano para evitar más sobresaltos. Tras el pregón, el alcalde de Barcelona, Joan Clos, dio por comenzadas las fiestas de la Mercè como manda la tradición, con el toque de inicio en forma de petardos. Despúes, la salida de los gigantes y sus danzas dieron la señal para empezar la fiesta en la calle, mientras desde distintos puntos de la ciudad una multitud de jóvenes emprendía la marcha hacia la plaza de Catalunya para asistir al concierto de Manu Chao.

 
 

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