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lunes, 16 de julio de 2001
Editorial:

Otro mes perdido

Los precios suben en España al mismo tiempo, o incluso antes, que en las economías de nuestro entorno, pero las rebajas tardan bastante más en producirse. Nuestras autoridades económicas no parecen demasiado preocupadas, aunque el efecto de la inflación termina afectando a la larga a la productividad y al crecimiento de la economía. Y esto es, al cabo, lo que importa en una coyuntura mundial sumamente preocupante, con la economía estadounidense en dudas, la europea en baja velocidad, la japonesa en recesión y algunos países latinoamericanos al borde del colapso financiero. Todas las crisis posibles parecen haberse dado cita en este trance, por lo que las decisiones que se tomen o se omitan tendrán especial significación.

Alemania y Francia han reducido el ritmo de crecimiento de sus precios al consumo hasta el 3,1% y el 2,1%, respectivamente. En España, el IPC de junio ha mantenido la tasa interanual en el 4,2%. La inflación subyacente, la más importante pues excluye la energía y los precios de los alimentos sin elaborar, que crecieron al 10,9% en junio, ha sufrido el mayor incremento desde agosto de 1996, hasta el 3,6%. Los precios de los servicios ponen en evidencia las limitaciones estructurales de nuestra economía: crecen a un ritmo del 4,9% y, al afectar al sector turístico, dañan la salud de la principal fuente de generación de ingresos exteriores de nuestra economía. Parece ahora mucho más probable que concluya el año con un IPC no inferior a un 3,5%, con los correspondientes riesgos de revisión de rentas y tarifas. Para entonces, probablemente la economía española esté creciendo a un ritmo menor que el actual, con el efecto nocivo de una moderación en la creación de empleo.

Precios al alza y crecimiento económico a la baja es una combinación maldita. La situación de algunos países emergentes, tras el manifiesto deterioro de Argentina con efectos en importantes empresas españolas, se añade al ya débil panorama que ofrecen las principales economías industrializadas. ¿Qué respuesta tiene el Gobierno frente a estos retos, incluido el de los precios? Nadie lo sabe, y es de temer que tampoco el Ejecutivo. El Gobierno se limita a verlas venir.

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