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miércoles, 13 de junio de 2001
Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO | Futuro

La investigación en la empresa

De cuando en cuando se comenta en los medios la necesidad de aumentar el número de investigadores científicos en España. Esto es necesario si queremos, cuando menos, alcanzar un porcentaje de investigadores por habitante similar al de los países de nuestro entorno. Más aún, para la Universidad y centros de investigación esto es importante porque los investigadores son la materia prima necesaria para llevar a cabo una de sus tareas fundamentales, que es la de realizar investigación de calidad. Pero también para el país es importante, porque hoy día el conocimiento científico y la innovación tecnológica son fuente de riqueza económica. Se sabe que la economía del siglo XXI estará basada en el conocimiento, y que la capacidad de innovación científica y tecnológica será la clave del progreso en los países avanzados. No en vano uno de los indicadores económicos que usa la OCDE es la inversión en conocimiento.

Sucede, sin embargo, que la práctica totalidad de las universidades, y en mayor medida las universidades privadas de nueva creación, deciden sus plantillas casi exclusivamente atendiendo a las necesidades docentes, y muchas veces atendiendo al capricho, o relación de poder de los diversos departamentos universitarios. Por otra parte, fuera de las universidades y centros de investigación se hace muy poca investigación. Por lo que existe un claro déficit de investigadores, que se hace extremo en lo que a la empresa privada se refiere.

Si bien es necesario un aumento del número de investigadores en las universidades y centros de investigación, es clave entender que donde hay que dar el gran cambio en España es en la empresa privada. La empresa ha de hacer investigación porque de ello depende su futuro. Esta investigación será, sin duda, más orientada que la que se realiza en las universidades y centros de investigación, pero igualmente importante a la hora de medir el capital de conocimiento de un país.

La realización de investigación de calidad en el ámbito de la empresa es también importante por otras razones. Y entre éstas está la de elevar la valoración que la sociedad tiene de la Universidad. Se comenta habitualmente que la Universidad importa poco a la sociedad, una sociedad que la mantiene como necesaria para cumplir la función sancionadora de títulos, pero sin otro gran valor añadido. Desde el momento en que los beneficios empresariales dependan en buena medida de la investigación que las empresas lleven a cabo, como sucede en empresas punteras en países avanzados, las empresas competirán por los investigadores mejor preparados. Las universidades competirán entre sí por preparar mejor a sus doctorandos, de modo que éstos sean los más solicitados por las empresas. Al competir entre sí por situar a sus doctorados en las mejores empresas -lo que les dará renombre-, las universidades necesitarán contar en sus plantillas con los mejores profesores e investigadores. Esto redundará a su vez en una mayor calidad de la Universidad, y en una reducción de la tan traída endogamia universitaria, al necesitar las universidades los mejores profesionales vengan de donde vengan. La apreciación social de la Universidad mejorará al entender las empresas, y la sociedad, la importancia de la formación universitaria para, entre otras cosas, los fines propios de las empresas. Así se estrecharán los lazos entre Universidad y empresa que tanta falta hace para imbricar el tejido de ciencia, básica y aplicada, de este país.

Por otra parte, cuando la empresa privada entienda la necesidad de realizar investigación de calidad para su propio crecimiento competitivo, se crearán nuevas e importantes oportunidades de empleo para el excedente de doctores muy bien cualificados que tiene el sistema académico español. Excedente que de ninguna manera puede ser absorbido totalmente en los circuitos académicos de la investigación básica, y que, por otra parte, es necesario en la empresa privada. De esta manera se elevaría el potencial de I+D de España hasta niveles más acordes con los países avanzados. ¿No estará, pues, en la investigación empresarial la solución de un porcentaje importante de los males que aquejan al sistema de ciencia español?

José Miguel Rodríguez Espinosa es investigador científico del Instituto de Astrofísica de Canarias (espinosa@ll.iac.es)

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