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lunes, 21 de mayo de 2001
Crónica:35ª jornada de Liga | FÚTBOL

A un dedo del título

El Madrid gana con justicia y muchas ocasiones a un Rayo en pésimo estado

Como si estuviera por la labor de dar alguna emoción al título, el Madrid se hizo el interesante y ganó en Vallecas con un gol de Guti, sin aprovechar el festín de oportunidades que tuvo durante todo el partido, y muy especialmente en el segundo tiempo. Keller, que se comió el gol en un fallo colosal, desvió un sinfín de remates, todos en situaciones extremas, con los delanteros madridistas a un palmo del gol. Pero nada. Ni Guti, ni Raúl, ni Figo se decidieron a ultimar un encuentro que se le acabó complicando al Madrid por sus carencias en el juego aéreo y por su dificultad para entender que aquello sólo necesitaba un rondo. Le faltó inteligencia y permitió el cuerpo a cuerpo, asunto peligroso en Vallecas, donde el Rayo se conoce todos los rincones de su pequeño campo. Sobrevivió a los errores de los delanteros madridistas y a la expulsión de Helder, de modo que se buscó la vida y estuvo a punto de lograr el empate. El palo rechazó una preciosa vaselina de Míchel y César se ganó el sueldo en dos intervenciones magníficas. Todo eso porque a su equipo no se le ocurrió ganar el partido cuando debió.

RAYO VALLECANO 0| REAL MADRID 1

Rayo Vallecano: Keller; Alcázar (Bolic, m. 58), Ballesteros, De Quintana, Mingo, Mauro (Poschner, m. 81), Helder, Quevedo, Míchel; Luis Cembranos (Glaucio, m. 81); y Bolo. Real Madrid: César; Míchel Salgado, Iván Campo, Karanka (Geremi, m. 80), Roberto Carlos; Celades, Makelele; Figo, McManaman (Flavio Conceicao, m. 65); Savio (Raúl, m. 59) y Guti. Goles: 0-1. M. 39. Falta lejana que lanza con fuerza Roberto Carlos hacia el palo derecho de la meta de Keller, que no consigue atajar la pelota y Guti, aprovechándose del rechace corto del portero, fusila desde cerca. Árbitro: Daudén Ibáñez. Amonestó con tarjeta amarilla a los rayistas Mauro, Ballesteros, De Quintana y Mingo y a los madridistas McManaman y Míchel Salgado. Expulso por doble amonestación a Helder (m. 52). Lleno por primera vez en la temporada en el Teresa Rivero. Unos 15.500 aficionados, buena parte de ellos seguidores del Real Madrid.

El Madrid se mostró bastante recuperado con respecto a los últimos partidos. Jugó con frescura y buscó el gol con rapidez y buen manejo. En todo eso fue infinitamente superior al Rayo, equipo predecible donde los haya, sostenido por los pelotazos de sus defensas. Juego de porcentaje se llama a eso. Ya se sabe que siempre hay un rechace aprovechable, un mal despeje, una falta al borde del área. De eso vive el Rayo, y se le ve muchísimo. Al Madrid le creó algunos problemas en el juego aéreo, donde la ausencia de Hierro fue crucial. Por si acaso puede agradecer la actuación de César, que descolgó varios centros y que protagonizó una acción espectacular en el arranque del partido. Quevedo llegó como un tren por el segundo palo y cabeceó con tanta potencia un centro desde la derecha que parecía gol o gol. Pero César lo evitó con un despeje sensacional.

Así arrancó el Rayo, y después no se supo nada más. El Madrid comenzó a jugar con criterio, a través de Celades, que jugó francamente bien, sin la timidez de costumbre, dando aire a los pases, como un buen medio centro. Por primera vez en muchos partidos, el Madrid tenía asegurado el control del juego. Makelele no ayudaba demasiado y McManaman mucho menos, pero Celades se bastaba para dirigir las operaciones. En la punta, Savio amenazaba más que Guti con regates y picardía. Se le veía optimista y juguetón, a pesar de la amenazante presencia de Ballesteros, un central que no encuentra patada que no le gusta. Ballesteros estuvo caciqueando todo el partido, por si la intimidación valía de algo, con la venia del árbitro, un incompetente que sacó de quicio a todo el mundo.

El gol llegó en el primer tiempo y se repartió entre Roberto Carlos, Keller y Guti. El lateral lanzó con dureza un tiro libre que no agarró el portero. La pelota quedó suelta y por allá surgió Guti para rendir otro excelente servicio a su equipo. Aprovechó el rebote y marcó. Luego fallaría todas y cada una de sus ocasiones, que fueron muchas y muy claras. Pero eso ocurrió cuando al Madrid le dio por desatender sus obligaciones frente al gol, y eso que el título estaba en juego.

Su autoridad en el segundo tiempo fue mayor cuando el Rayo contaba con todos los jugadores. Por estas cosas raras del fútbol, el Madrid se metió en el charco con la expulsión de Helder. El técnico del Rayo puso a Bolic junto a Bolo, desabasteció la defensa y se jugó el partido al intercambio de oportunidades. El Madrid se ofuscó en las llegadas y también en la manera de jugar. No distribuyó el balón con paciencia excepto cuando Celades se encargaba del asunto. Prefirió llegar con toda la caballería, aun sabiendo que dejaba a sus defensas en situaciones de mano a mano con Bolic y Bolo. No pareció la medida más inteligente del mundo. Pudo pagarlo y complicarse la Liga, pero César hizo para el Madrid lo que Keller para el Rayo: desbaratar todos los remates y contribuir decisivamente a una victoria que pone a su equipo a las puertas del cielo.

Mingo y Ballesteros tratan de impedir una penetración de Raúl. / LUIS MAGÁN

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