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domingo, 18 de marzo de 2001
Entrevista:Manuel Desantes | Real Vicepresidente de la Oficina Europea de Patentes en Múnich

'Hay que doblar los recursos en investigación'

Manuel Desantes (Valencia, 1959), catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Alicante, se ha convertido en el primer español que accede a una vicepresidencia de la Oficina Europea de Patentes, y en breve tomará posesión en Múnich. El ex miembro del Servicio Jurídico de la Comisión Europea insta a la Administración a no dormirse hasta que la investigación y la innovación se conviertan, de verdad, en una de las prioridades de su gestión.

Pregunta. ¿Cuál es la labor de un vicepresidente de Asuntos Jurídicos e Internacionales de la Oficina Europea de Patentes?

Respuesta. Ante todo, coordinar un excelente equipo que se ocupa de todas las cuestiones jurídicas relativas a la patente europea, impulsar la cooperación internacional y la adopción de políticas coherentes en materia de patentes y colaborar con el presidente para alcanzar los objetivos de la oficina.

P. ¿Cómo podría explicar de manera sencilla qué es una patente?

R. Después de mucho pensar y de invertir seguramente mucho dinero, alguien inventa un nuevo producto y se dirige, por ejemplo, a la Oficina Europea de Patentes solicitando el derecho a comercializarlo en exclusiva durante un número de años, máximo veinte. Para conseguirlo, tendrá que describir los resultados de su investigación, es decir, desnudarse de alguna manera. Así, la sociedad, incluidos los competidores, puede beneficiarse de este progreso en el conocimiento, y la obtención de beneficios impulsa a ésta y a otras personas a invertir en investigación. Esta cadena es hoy uno de los motores fundamentales de la economía.

'La innovación, la investigación y la formación son el único camino hacia el progreso en Europa'

P. ¿En su opinión, este sistema garantiza el progreso?

R. No lo garantiza, pero sin duda lo impulsa, siempre que la legislación establezca un justo equilibrio entre los intereses, por una parte, de los investigadores y de las empresas, y, por otra, de la sociedad y de los ciudadanos.

P. Vuelva a su condición de profesor y explique en dos palabras al lector la diferencia fundamental entre una patente y una marca.

R. La patente otorga un derecho en exclusiva para comercializar una invención. La marca otorga un derecho en exclusiva para utilizar un signo distintivo, que en la mayor parte de las ocasiones va a servir a una empresa para diferenciarse de las demás.

P. ¿Dónde reside entonces la diferencia entre la Euroagencia de Alicante y la oficina de patentes de Múnich.

R. En Europa existe la patente europea, que concede la Oficina Europea de Patentes en Múnich, y la marca comunitaria, que autoriza la Oficina para la Armonización del Mercado Interior (OAMI) en Alicante. Hemos de ser conscientes del inmenso tesoro que tenemos los valencianos al albergar la sede de una oficina comunitaria tan importante, y de tanta calidad, en Alicante.

P. ¿Qué supone para usted ser el primer español que ocupa una vicepresidencia en Múnich?

R. Es comprensible que para mí suponga una inmensa satisfacción y para mi familia un importante sacrificio. Como valenciano, y como español, me esforzaré por dejar alto el pabellón en una Oficina donde trabajan más de cinco mil personas, porque es importante para un país que sus ciudadanos ocupen cargos relevantes en organizaciones internacionales. Es obvio que al acceder al cargo quedará atrás la nacionalidad y habrá que trabajar exclusivamente en favor de impulsar los objetivos de la organización.

P. ¿Lleva en cartera algún proyecto concreto?

R. Muchos, sin duda. Estamos hablando de patentes y las patentes se han convertido en uno de los ejes de los sistemas económicos y sociales en los últimos años. Piense, por ejemplo, en materias tan extraordinariamente sensibles como la genética o la protección de la tecnología. La Organización Europea de Patentes se enfrenta en los próximos años, además, a un reto importante, la adhesión de los países del Este europeo. En fin, es sin duda una prioridad sembrar en toda Europa un mensaje inequívoco: la innovación, la investigación y la formación son el único camino hacia el progreso.

P. ¿Se está recorriendo bien este camino en España? ¿Qué lugar ocupa nuestro país en cuanto a investigación?

R. Ya es hora de decir las cosas por su nombre: no podemos precisamente felicitarnos en nuestro país de que este camino se esté recorriendo con la mayor de las firmezas. La inversión española en investigación está muy por debajo de la media comunitaria. Las cifras de patentes españolas en el contexto de la Oficina Europea de Patentes no llegan al 1 %, frente al 17 % de las alemanas, si bien España es el quinto país europeo en cuanto a la preferencia de los inventores.

P. ¿Debe invertir más el Gobierno español en investigación?

R. La inversión en investigación e innovación debería multiplicarse, tanto desde una perspectiva nacional como autonómica y local, y debería convertirse en una de las prioridades de nuestros gobiernos, prioridad perfectamente compatible con la protección de los menos favorecidos o con la integración social de los inmigrantes. Con esto no quiero decir que a nuestras autoridades no les preocupe la situación de la ciencia. Lo que quiero decir, y bien alto, es que estas preocupaciones deberían llegar hasta el punto de no dejarles dormir.

P. ¿ Podría cuantificar esa multiplicación de esfuerzos?

R. El esfuerzo que deberían hacer nuestras Administraciones implica al menos multiplicar por dos los recursos, conceder desgravaciones fiscales y, sobre todo, invertir mucho más, mucho más, en formación.

P. ¿Y cómo se hace esto?

R. En mi opinión, desconfiando en primer lugar de las políticas que priman proyectos cuya rentabilidad florece y fenece a muy corto plazo. Hay que decirle a los políticos que deben poner toda la carne en el asador a la hora de formar investigadores y dotarles de medios adecuados, a la hora de fomentar la protección de la propiedad intelectual e industrial y a la hora de empujar a las empresas, aunque parezca obsesivo, hacia la innovación.

P. ¿En qué dirección trabajan actualmente, a su modo de ver, las universidades?

R. Los universitarios españoles han comprendido hace tiempo que la innovación es fundamental, pero no siempre encuentran caldo de cultivo adecuado en su propia casa y, sobre todo, contemplan con desesperación cómo esta prioridad no se corresponde con la del Gobierno.

P. ¿Se refiere al Medpark?

R. No, no me refiero a un proyecto específico. Pero, es cierto, Medpark es un caso paradigmático de iniciativa universitaria magníficamente diseñada, que debería haber recibido un decidido respaldo institucional y que estoy convencido estamos todavía a tiempo de recuperar. Las cuestiones formales podrían haberse resuelto fácilmente con voluntad política. Hubiera bastado con ubicar la innovación y la investigación en el primer lugar de las prioridades políticas. Medpark no era, no es, el proyecto de un ex rector. Es el proyecto de y para una sociedad, la valenciana.

P. Hemos hablado de las universidades, de la responsabilidad del Gobierno, pero ¿qué papel juegan los empresarios?

R. Es evidente que, al final, las empresas son las protagonistas, y las que deben en última instancia responder e invertir. Pero aquí hay que empezar ya a quitarse complejos: la Comunidad valenciana tiene unos empresarios excelentes. Estoy convencido de que nuestro empresariado va madurando en el sentido de que aprecia cada vez más que el progreso no consiste en vender más barato sino en producir con calidad, diseño y tecnología que pueda ser protegida. Una de las razones fundamentales de la falta de competitividad de nuestras empresas es que no se aprovechan los recursos que proporciona la propiedad industrial e intelectual: ni se patenta correctamente, ni se protegen adecuadamente las marcas o los derechos de autor. Hay que dar un salto hacia delante, y nuestros empresarios deben ser conscientes de que se juegan la subsistencia en el empeño.

P. ¿Es cara una patente?

R. Si se valora en su justa medida los beneficios que reporta una patente, no es cara. Sin embargo, si se valoran exclusivamente los costes iniciales la patente supone, evidentemente, un coste.

P. ¿Qué retos plantean las nuevas tecnologías para la protección de la propiedad industrial?

R. Internet lo convierte todo en internacional y en global. Es más fácil copiar pero también es más fácil conocer, innovar, abrirse al mundo, salir de nuestras entretelas. Eso no quiere decir que los instrumentos clásicos de la propiedad intelectual no sirvan. Lo que hay que hacer es adaptarlos, e implicar a todos en ese empeño.

El catedrático de Derecho Internacional Privado Manuel Desantes. / OLIVARES NAVARRO

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