Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:RETRATO ECONÓMICO

El cemento vasco es cosa de dos

Lemona y Rezola se reparten este negocio en Euskadi, con unas ventas conjuntas de 17.000 millones de pesetas

Cementos Rezola y Cementos Lemona se reparten el negocio cementero en Euskadi. La más antigua es la primera, nacida en 1850 cuando José María Rezola se dio cuenta de que removiendo la tierra de Añorga con su molino de agua se formaba una masa que, una vez seca, era más dura que una piedra. El descubrimiento de Rezola pronto se convirtió en un fructífero negocio, llegando a ocupar dos millones de metros cuadrados en Añorga, un barrio donostiarra formado alrededor de la fábrica.

La empresa guipuzcoana sufrió su primera crisis en 1979, pero fue de tal magnitud que a punto estuvo de hacerla desaparecer. En 1984, con las cuentas al rojo vivo, Rezola fue comprada por el Banco Occidental, tras cuya quiebra pasó a manos de la consultora Check. No fue su última dueña: Societé des Ciments Français adquirió después el negocio, que desde 1996 pertenece al grupo Italcementi.

Cementos Lemona sigue siendo de capital español, pero su esfuerzo le ha costado. Creada en 1917 por Francisco Ozollo, Jerónimo Ochandiano, Juan Alberdi y Guillermo Saiz, pronto la historia de la empresa se ligó a la de la familia Gandarias, uno de cuyos descendientes, José Domingo de Ampuero, preside hoy la compañía.

La entrada de España en la CEE provocó un gran movimiento de capitales y, de rebote, dos Ofertas Públicas de Acciones (OPAs) contra los accionistas tradicionales. Tras una dura lucha en el parqué, volvió el equilibrio. Lemona tiene participaciones en otras compañías: posee el 50% de CDN-USA y el 11,43% de Cementos Alfa.

En 1999, ambas compañías ingresaron por la venta de cemento y clínker cerca de 17.000 millones de pesetas. Pero no fueron ésos todos sus ingresos, ya que las dos firmas producen también hormigón y áridos. Rezola tiene dos plantas cementeras, en Añorga y Arrigorriaga, y una división de Hormigones y Minas, con tres canteras y seis plantas. Esta última área aportó 2.780 millones de pesetas, lo que incrementó la facturación total de Rezola hasta los 13.165 millones en 1999.

Ese año, la producción de cemento alcanzó un nuevo récord en España -35 millones de toneladas, un 12% más que en 1998-, del que se beneficiaron las dos empresas vascas.

Durante el ejercicio pasado, el consumo aumentó un 10%, lo que ha supuesto un salto importante en la facturación del sector.

Hasta septiembre de 2000, Cementos Lemona, por su parte, superó por primera vez los 10.000 millones de pesetas, con un crecimiento del 18,5% sobre el mismo periodo de 1999. En los nueve primeros meses del año pasado, los beneficios de la empresa crecieron un 25%, alcanzando los 10,73 millones de euros (1.785,3 millones de pesetas).

En el mismo periodo, Rezola, que no difunde sus beneficios ni ha facilitado datos sobre las ventas registradas hasta septiembre del año pasado, aumentó un 7% su cifra de negocios. 'Nuestro objetivo para este ejercicio es consolidar el crecimiento registrado en el año 2000, que ha sido excelente', asegura Ángel María Jiménez, director de la fábrica de Arrigorriaga de esta compañía.

El medio ambiente es una de las apuestas de este sector, que contribuye de manera importante a la reducción de residuos utilizando desechos de todo tipo en su proceso de producción. Según destaca Cementos Lemona, la valorización de desechos por las cementeras vascas 'se encuentra ya en niveles muy superiores al promedio español, y al mismo nivel que en Europa'.

Las dos compañías vascas del sector se encuentran ya preparadas para destruir piensos de origen animal, siguiendo los programas del Ministerio de Agricultura y de los departamentos de Medio Ambiente y Agricultura del Gobierno vasco. En las cementeras de Lemona y Añorga se usan ya como combustible neumáticos fuera de uso, altamente contaminantes, en un proyecto en el que participa también la sociedad Neuciclaje. 'Se reduce así el consumo de combustibles tradicionales, y se valorizan arenas de fundición y lodos cálcicos de papelera y cenizas volantes', comenta Nicolás Gaminde, director general de Lemona.

No es éste el único proyecto conjunto. Ambas firmas han constituido al 50% la sociedad Industrias del Cemento para construir en el Puerto de Bilbao una planta cementera integral, que supondrá una inversión de unos 3.000 millones de pesetas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de enero de 2001