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domingo, 22 de octubre de 2000

La mexicana 'Amores perros' da lustre a la sección informativa Dos filmes menores entran en competición

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Como ya es norma en las últimas ediciones, el interés cinematográfico del festival se desplaza a la sección informativa, una selección de películas atractivas que sólo son juzgadas por el público. La presentación, ayer, de la sublime Amores perros, del mexicano Alejandro González, contrastó con la tibieza de los dos filmes que entraron en competición en la sección oficial, representando a Francia y Túnez.

Con una crudeza sorprendente, Alejandro González teje en Amores perros una historia de traiciones y desamores en la que el azar ocupa un papel preeminente. La actriz canaria Goya Toledo, que ayer presentó la película en la Mostra, interpreta el personaje de una modelo "que se encuentra en la cima, pero que tiene delante un cartel que le anuncia que su vida puede cambiar en cualquier instante". Toledo considera que la película "sorprende por su realismo, por el hecho de que pone en evidencia cómo podemos desear una cosa y que el destino nos la cambie de repente". Con esos ingredientes y la inquietante figura de los perros, González construye una película extraordinaria que ha elevado notablemente el nivel de calidad del certamen.Lejos de la irregularidad de la sección oficial, la informativa siempre depara sorpresas agradables. Un ejemplo. Además de la mexicana, la norteamericana Memento, de Christopher Nolan, deslumbra al utilizar una insólita técnica narrativa para recrear el mundo del recuerdo.

De la sección oficial poco se puede decir. En esta edición se han visto más películas atractivas que en años anteriores, pero sigue sin destacarse un filme que merezca permanecer en el libro de oro del festival. Ayer, dos películas más se unieron al pelotón de cintas con buenos propósitos pero a los que les falta un toque de calidad para sobrepasar la frontera de la mediocridad. La francesa Les marchands de sable, de Pierre Salvadori, es un digno intento de revisión del polar francés de hace dos décadas, con personajes inflexibles aunque poco trazados y una historia bien ensamblada. La integridad de algunos actores curtidos en el género, como el magnífico Serge Riaboukine, transforma un policiaco del montón en una película entretenida.

La tunecina Les saisons des hommes, de Moufida Tlatli, había despertado bastante expectación por sus antecedentes. Tlatli ya ganó la Palmera de Plata de la Mostra de 1994 con su primera película Les silences du Palais. Pero su segunda cinta decepciona por la excesiva carga dramática que contiene. Parte de una historia atractiva (la aventura de una familia que sobrevive a la ausencia del padre) para desarrollar una especie de novela-río que contiene momentos brillantes y otros en los que domina el aburrimiento. El resultado es un filme que deja la sensación de que, si se hubiera trabajado más el guión, nos engancharía inmediatamente por la belleza de sus paisajes y la contundencia de su mensaje.

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