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martes, 12 de septiembre de 2000
Tribuna:

Construcciones e infraestructuras educativas

Con esta expresión tan convencional, se conoce la empresa que el Gobierno valenciano ha creado con objeto de promocionar la construcción de instalaciones educativas. Según el gobierno, una fórmula imaginativa para concluir las infraestructuras del mapa escolar valenciano. Según los sindicatos, un sistema con intereses poco claros. Según los partidos de la oposición, una maniobra que favorece la privatización. Tres opiniones distintas y un asunto verdadero: la ralentización en la construcción de nuevas infraestructuras y la falta de adecuación a la LOGSE de las instalaciones escolares. Evidencia pura que, para comprenderla, no caben caídas del caballo como la de Saulo.Y es que se sabía: sin dinero no hay Reforma. Sin presupuestos anuales adecuados, y sin una ley específica de financiamiento de carácter plurianual, la Reforma que fue planteada con finalidades muy ambiciosas tendría que ser revisada. Se sabía que el mapa escolar dibujaba un hito histórico de necesidades; y si no se activaba el ritmo de construcciones, cada vez habría más camino que recorrer y menos tiempo para recorrerlo. Así que, cuando empezó a constatarse que la situación era decepcionante, se optó por prolongar el calendario de aplicación de la LOGSE; y, más tarde, por abordar la realidad a través de la ficción. Así fue como el País Valenciano se convirtió en una irrealidad en tres dimensiones. Pues, cuando unos padres reclamaban un centro público donde sus hijos pudieran cursar la ESO, los magos de Campanar creaban de inmediato un "instituto virtual". Sin edificio, sin aulas, sin mobiliario, sin laboratorio, sin gimnasio...

No es extraño, pues, que por falta de financiación nos encontremos ahora con más de 400 obras de reforma y construcciones escolares que no han recorrido la distancia que hay entre metáfora y realidad. Una constatación a la que no es ajeno el hecho de que el País Valenciano haya contado con siete consejeros de educación desde el inicio de la Reforma educativa en 1990. Tres socialistas (Escarré, López y Romero), y cuatro populares (Villalonga, Miró, Camps y Tarancón). Demasiados cambios en tan sólo 10 años. Una razón más que explica por qué la LOGSE se ha ido aplicando como si se quisiera salir del paso mediante actuaciones parciales que no estaban inscritas en un proyecto político y social globales, ni incluso en un proyecto educativo global.

El caso es que el mapa escolar ha sido durante años una música que, sin la letra de la financiación, acabó siendo la "cançó de l'enfadós". Y así llegamos al año 2000. Y el consejero Manuel Tarancón decide la creación de la sociedad Construcciones e Infraestructuras Educativas de la Generalitat Valenciana. Una idea cuyas supuestas bondades, que las tiene, no cuestionaré, aunque no falten tampoco elementos discutibles, debido fundamentalmente a los recelos que contiene. A falta de saber más detalles y concreciones, estos juicios son provisionales. Habrá que esperar para hacer las valoraciones definitivas. Ignoro, por demás, cómo se le encendió al consejero la bombilla de una idea como ésta, semejante a aquellas que ilustraban las viñetas del profesor Franz de Copenhague. El tiempo, como siempre, demostrará si Tarancón es un auténtico genio o un visionario superado tan sólo por el personaje del TBO.

Con todo y ello, la idea del conseller gustará más o menos, pero al final será juzgado por las obras que haga, no por cómo las haga. Y en principio, lo que importa es que se acabe de una con el problema de estar aplicando una Reforma extraordinaria con recursos ordinarios. Así es que, a quien se le diga que esta fórmula es la mejor no se le creerá; pero a quien diga que no lo és tampoco se le creerá. En cuanto al consejero, ya deberá saber que los políticos no pagan por sus errores -si así fuera no quedarían políticos-, sino que pagan por su osadía. Hasta ahora, todos sus antecesores acertaron en el diagnóstico del problema. Tan sólo Tarancón se ha aplicado a dar una solución. A nadie le gustaría que pagara por su osadía.

Jesús Puig es inspector de Educación.

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