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sábado, 26 de agosto de 2000
Tribuna:Viaje al futuro

SE ACABARÁ EL CONSUMO MASIVO DE CARNE

La Tierra no puede más. El hombre, después de su conversión de cazador a ganadero, va camino de agotar las reservas de agua y vegetación en su afán por comer carne. Ed Ayres, director de publicaciones del Worldwatch Institute, advierte del posible peligro

Cuando Julio César hizo su entrada triunfal en Roma en el año 45 antes de Cristo, lo celebró con un festín en el que miles de invitados se atiborraron de aves, pescado y caza. Otras celebraciones similares, basadas en el consumo exorbitante de carne animal, han señalado las victorias humanas desde que nuestra especie aprendió a controlar el fuego. Hoy, una de las primeras cosas que hace la gente en cuanto sale de la pobreza es cambiar su dieta campesina basada en granos y legumbres a otra rica en cerdo o vaca. Desde 1950, el consumo de carne por persona en todo el mundo se ha duplicado con creces.Parece que la carne no es sólo comida, sino también un premio. Pero esto cambiará en el siglo que entra. Así como hemos tomado conciencia del coste de los cigarrillos, acabaremos por darnos cuenta de que no podemos seguir ignorando los costes de la producción masiva de vacuno, aves, cerdos, ovejas y peces para alimentarnos. Entre estos costes se incluye el uso ineficaz de la tierra y del agua, la enorme polución causada por las heces del ganado, el aumento de las enfermedades degenerativas y la incesante destrucción de los bosques de los que depende la vida de nuestro planeta.

Consideremos primero el impacto en las reservas de agua. Para producir un kilo de buey cebado hacen falta siete kilos de grano, para los que son necesarios 7.000 litros de agua. Deje de tomar una hamburguesa y ahorrará tanta agua como si se hubiera dado 40 duchas con una alcachofa de bajo flujo. A pesar de esto, en EE UU el 70% de todo el trigo, maíz y demás granos se emplea en alimentar a animales. En todo el mundo se está dedicando el agua para alimentar a cerdos y pollos en vez de para producir cosechas para el consumo directo. Por eso hay millones de pozos que se están quedando secos. India, China, el norte de África y EE UU sacan más agua de los acuíferos de la que la lluvia repone. Como las poblaciones en las zonas con escasez de agua se siguen expandiendo, los Gobiernos tendrán que actuar para acabar con este déficit y dedicar el agua al cultivo de alimentos, no de pienso. La nueva política elevará el precio de la carne a niveles inasequibles.

El consumo de grano no puede proporcionar las mismas proteínas que el de la carne. Es verdad, pero los expertos en nutrición darán fe de que la gente de los países ricos no necesita tantas proteínas como las que obtiene ahora de la carne, y que hay muchas fuentes vegetales que nos pueden proporcionar las proteínas necesarias.

La producción de carne se ha convertido también en una fuente de polución. En los últimos años, el estiércol del ganado ha estado implicado en muertes masivas de peces y en brotes de enfermedades. En EE UU, el ganado produce 130 veces más excrementos que las personas. Una granja de cerdos de Utah produce más residuos que la ciudad de Los Ángeles. La agricultura es la causa principal de deforestación y la creciente demanda de carne es el motor de la expansión de la agricultura.

Lo que ha demostrado ser una carga insostenible para la vida del planeta es también insostenible para la especie dominante. El reciente cambio de la dieta en China hacia un mayor consumo de carne se ha visto ligado al aumento de la obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer de mama y cáncer de colon y recto. Además, está la preocupación de qué le sucede a la gente que come la carne de animales a los que se les ha llenado hasta arriba de organismos genéticamente modificados y hormonas.

Estas preocupaciones pueden parecer antinaturales. Podríamos decir que lo natural para nosotros es comer carne. Sin embargo, cuando pasamos de la caza y la recolección silvestre al pastoreo y al cultivo, cambiamos de forma irrevocable el equilibrio natural. El cambio nos permitió producir superávit de comida, pero este superávit también nos permitió reproducirnos prodigiosamente.

Así hemos puesto en peligro a otros grandes predadores que también necesitan espacio. Los tigres y panteras puede que no sobrevivan al próximo siglo. Nosotros, por lo menos, tenemos flexibilidad para adaptarnos y bajar en la cadena alimenticia. Podemos olvidar que hemos comido animales y descubrir la satisfacción de una dieta basada en plantas, como ya han hecho millones de personas. No estoy prediciendo el fin del consumo de carne. Se seguirá criando ganado para personas que se puedan pagar un solomillo, mientras que otros harán una excepción en comidas ceremoniales en días especiales, como Acción de Gracias, que nos vinculan ritualmente a nuestro pasado cultural. Pero la era de la producción masiva de carne animal y su coste insostenible debe acabar antes de que termine el próximo siglo.

© Time.

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