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martes, 11 de julio de 2000
Tribuna:TOUR 2000 Décima etapaCORRESPONSAL EN EL PELOTÓN

Viva la afición

Sí, sí, el equipo ha estado muy bien, la etapa que hemos hecho es de las que crean afición y todo lo que quieran. Pero creo que quizás habría sido más bonita si la hubiéramos disputado con sol y buen tiempo. Primero, por nosotros, que habríamos sufrido menos, pero no es egoísmo: también habrían sufrido menos los aficionados que subieron al Hautacam y se pasaron acampados toda la noche, aguantando el frío, para poder vernos por la tarde. Y a ellos les debemos mucho: sus gritos de ánimo en la cuneta nos vienen muy bien. Gracias a ellos podemos terminar cuando vamos vacíos y creemos que no podemos más. Al final llegas muerto: sus gritos te dan fuerzas para el último esfuerzo (gracias, familia, ya vi vuestra pancarta de ánimo a la izquierda, a tres kilómetros de meta). Y que no les quepa duda: en etapas como ésta, vayas delante o vayas detrás, haces el mismo esfuerzo, los puertos hay que subirlos igual.El equipo, repito, ha estado muy bien. Hemos trabajado bastante, aunque, la única lástima, no hemos podido ganar la etapa. Hemos tirado bastante al principio para que la escapada no se fuera a las nubes, y luego hemos tenido siempre a gente buena en los momentos clave: muy bien Jiménez, muy bien Mancebo. Yo he ido siempre detrás de ellos, a unos minutos, y cerca del coche de Eusebio y el de Jaimerena, oyendo por radio Tour todo lo que pasaba y viendo cómo se manejaba Eusebio y cómo cuando ha llegado Armstrong le ha dicho a Mancebo que se esperara a Zülle y le ayudara en los últimos kilómetros de Hautacam. Eso, eso: Armstrong ha estado intratable, pero al menos se le ha resistido Otxoa, que ha conseguido una gran victoria.

Los del Banesto hemos demostrado que somos el equipo de referencia, y eso lo hemos notado bien: cuando hemos intentado entrar en un corte en el llano no nos dejaban. Nos hemos ganado el respeto de la gente, por lo que se ve.

Yo, además de intentar coger corte en el llano, tenía el día libre: podía moverme como pudiera. Pero también tenía las piernas duras, las sentía como si fueran patas de palo. Nada, nada, los efectos del cambio, de pasar del piñón 11 de tantos días al 23 de la montaña.

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