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viernes, 30 de junio de 2000
Crítica:POP - MANÁ

Como si fuera la última vez

"Madrid te da la opción de no dormir", había dicho en privado días antes de su concierto de anoche Fher, el cantante del grupo mexicano Maná. Como si le hubieran escuchado, las 20.000 personas que ayer abarrotaban la plaza de toros de Las Ventas querían prorrogar la presencia del grupo en el escenario hasta el extremo que físicamente hubieran aguantado unos y otros. No quedaba repertorio preparado, aunque Maná lo tiene largo: en su haber, cuatro discos de estudio, un grandes éxitos (Todo Maná), un concierto en directo acústico (Unplugged) y más de tres lustros chingando (expresión que tanto utilizan los grupos de México) por las tabernas y carreteras de Centroamérica y España.Se hace evidente que en este tiempo los cuatro Maná se han esforzado por comportarse en el escenario como auténticos profesionales, al tiempo que parezca que realmente se lo pasan en grande y que todo lo hacen por y para su entregado público. Juegan con ventaja, claro; en el coso taurino anoche no había nadie que no fuera un auténtico entusiasta de las canciones de Maná. Nadie venía a curiosear.

Maná

Fher Olvera (voz, guitarra y armónica), Álex González (batería y percusiones), Juan Calleros (bajo), Sergio Vallín (guitarra), Juan Carlos Toribio (teclas, piano y flauta). Plaza de toros de Las Ventas. 29 de junio.

"Ya nos extrañábamos muchísimo", dijo con mucho énfasis el cantante cuando se dirigió por primera vez al público. Habían cantando ya Oye mi amor y Como un lobo y se disponían a abordar Hechicera. Sólo faltaba decir eso. El público de Madrid es muy sensible a los piropos y el líder de Maná no los escatimó para meterse al público en el bolsillo desde el primer acorde: un truco que le funciona. Su voz en directo suena con más limitaciones que en disco y ésa es una manera para que no se note. Además, sus dotes de bailarín son más bien escasas, así que provocar al personal es la mejor manera de suplir lagunas.

Por otro lado, sus incondicionales se saben sus canciones de carrerilla -no en vano han despachado en España más de un millón de discos de toda su discografía-, así que cuando él no llegaba, era el público quien completaba las estrofas y versos. El montaje de dos pantallas de vídeo de casi 30 metros cuadrados cada una completaba la parafernalia. Antes de que Maná saliera a las 22.30 en punto, el respetable se había desgañitado con ganas con el sonido de sala: Pink Floyd, Celtas Cortos, el celebérrimo Sex machine, de James Brown. De todo, hasta el bolero famoso que les dio paso, Bésame mucho. El momento emotivo se dio con Desapariciones, la canción del panameño Rubén Blades dedicada a las víctimas de la dictadura. Mención especial contra Franco y Pinochet, que provocó aún más la histeria de los asistentes. Y, al final, como el bolero que los introdujo, la gente pedía más, como si fuera esta noche la última vez.

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