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lunes, 28 de febrero de 2000

El líder se aferra a Riazor El Deportivo se deshace del Mallorca al contragolpe y amplía su ventaja sobre el segundo clasificado

Es el Deportivo un equipo que gusta de la incertidumbre y de las situaciones desconcertantes, pero en el que impera al menos un valor de fiabilidad casi absoluta: en su propia casa es muy raro que falle. Aferrado a la fortaleza de Riazor, el líder volvió ayer a dar un estirón y a distanciar a sus rivales en una jornada muy importante para el devenir futuro del campeonato. Frente al Mallorca, el Deportivo ofreció un compendio de sus virtudes y defectos. Entró al partido con mucha convicción y mostró la contundencia habitual para resolver sus ocasiones, pero también sufrió durante bastantes minutos por su manía de defender en exceso los resultados.El varapalo al Barcelona en Chamartín pareció aguijonear al Deportivo, que hasta ahora estaba instalado en un cierto fatalismo ante la posibilidad, siempre latente, de que los azulgrana levantasen el vuelo y le diesen captura. Pero lo sucedido el sábado en Madrid mostró al Deportivo que sus opciones de alcanzar el título dependen sobre todo de su propio aplomo para mantenerse a flote en circunstancias en las que incluso las tripulaciones avezadas suelen perder los nervios. Convencido, por tanto, de que las fieras que lo acosan son más mansas de lo que aparentan, el Deportivo abandonó su tendencia a entrar en los partidos con actitud contemplativa, se echó la mochila al hombro y se tiró al monte dispuesto a marcarle el camino a su rival desde el inicio.

DEPORTIVO 2 MALLORCA 1

Deportivo: Songo'o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Flavio, Mauro Silva; Víctor (Jaime, m. 85), Djalminha, Fran (Turu Flores, m. 63); y Makaay (Pauleta, m. 74).Mallorca: Leo Franco; Olaizola (Armando, m. 80), Nadal, Siviero, M. Soler; Lauren, F. Soler (Ibagaza, m. 73), Engonga, Stankovic; Carlos (Etoo, m. 59) y Diego Tristán. Goles: 1-0. M. 8. Fulgurante contragolpe del Deportivo tras una jugada de peligro del Mallorca. La pelota despejada por la defensa la recoge Fran en el medio del campo, abre por la izquierda para Djalminha y el centro de éste lo recibe Makaay en el corazón del área y bate por bajo a Leo Franco. 2-0. M. 65. Nuevo contragolpe que lleva Makaay por la derecha, alcanza el vértice del área y deja al centro, por donde llega Djalminha, que marca. 2-1. M. 90. Diego Tristán remata de cabeza un centro de Armando. Árbitro: López Nieto, malagueño. Amonestó a Lauren, Naybet y Flavio. Unos 27.000 espectadores en Riazor

Durante veinte minutos, el líder tuvo el protagonismo absoluto del partido con una actuación bastante convincente. El Deportivo tiró de libro y repasó todas las instrucciones: tocó bien y rápido en el centro del campo, profundizó por las bandas y trató de golpear por el medio. El Mallorca careció de respuestas ante el despliegue del líder, que, no obstante, necesitó de un contragolpe para trasladar al marcador su indiscutible autoridad sobre el juego. Fue una de esas jugadas en las que el fútbol muestra lo sometido que está a las leyes del azar, en las que se revela algo tan arbitrario y contingente como el lanzamiento de una moneda al aire. Era la primera aproximación a puerta del Mallorca, que había sorprendido al Deportivo con una fulgurante arrancada de Carlos por la banda derecha. El menudo delantero visitante dio el pase de la muerte a la espera de que apareciese un rematador, pero la defensa local se anticipó y despejó como pudo para expulsar la pelota del área. Fran recogió en el centro del campo y vio que el terreno del Mallorca estaba despoblado. Metió a la izquierda para Djalminha y éste no tuvo más que centrar y ponérsela en el pie a Makaay, quien ultimó sin oposición. Un contragolpe típico que permitió al líder hacer alarde de su pegada.

A partir de ese momento, el Deportivo demostró que vive instalado en una desconcertante paradoja. El peor enemigo del líder es él mismo y no hay situación más peligrosa para el equipo de Irureta que cuando logra cobrar ventaja. Con el viento favorable, el Deportivo tiende al abandonismo, a ceder toda la iniciativa al contrario e inevitablemente acaba metiéndose en la boca del lobo por su propia obstinación. La historia se repitió ayer. El Deportivo vivió un cuarto de hora de los efectos beneficiosos del gol y dio la impresión de estar dispuesto a resolver la contienda cuanto antes. Pero, mediada la primera parte, empezó a cansarse de su protagonismo y consintió que el Mallorca fuese atrapando poco a poco el hilo del partido hasta que éste terminó por equilibrarse.

Al Mallorca le faltó un hervor para aprovecharse del súbito conservadurismo de su rival. Cuando entró en el partido, demostró que es un equipo muy pulcro, fiel al más puro academicismo y preocupado por elaborar bien su fútbol. Pero su actitud fue demasiado fría, como si le faltase un plus de ansiedad para meter al líder en verdaderos problemas. El Deportivo permaneció agazapado hasta que apareció un nuevo contragolpe, mediada la segunda mitad, que resolvió Djalminha con una acción muy propia de su particular sello: un remate extraordinariamente preciso al palo contrario de donde lo esperaba el portero. El Mallorca ya no tuvo arrestos para sobreponerse, y el gol de Tristán en el último minuto sólo sirvió para añadir una pizca de sufrimiento al líder.

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