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jueves, 17 de febrero de 2000

Los sindicatos italianos demuestran su fuerza con una semana de movilizaciones

  • El Gobierno prepara una ley para paliar los efectos de las protestas

Italia es diferente. Mientras los sindicatos languidecen en Europa, en este país más de 10 millones de trabajadores siguen afiliados a las tres grandes centrales (CGIL, CSIL y UIL), eso sin contar con el número siempre creciente de sindicatos minúsculos y agresivos. Un ejemplo de la efervescencia sindical son las huelgas continuas. Para esta semana hay previstos o se han desarrollado ya cuatro paros parciales en sectores clave, mientras apuntan dos nuevas protestas para la próxima. El Gobierno prepara una ley para frenar la espiral.

Las molestias para los ciudadanos y las pérdidas que representan los continuos paros en el transporte han decidido al Ejecutivo de centro-izquierda a aprobar una nueva ley que está en estos momentos en el Parlamento.Hay quien dice que las huelgas forman parte de la idiosincrasia nacional italiana y a la vista de la naturalidad con la que se convocan y se sufren las protestas sindicales, se diría que la afirmación es justa. Bastaría echar un vistazo a lo ocurrido esta semana. El lunes amaneció con las oficinas postales cerradas en protesta por las reformas emprendidas en Correos, un dinosaurio estatal para el que se proyectan grandes cambios que pasan por la reducción de personal. El martes, la huelga afectó a los autobuses, tranvías y metropolitana, por disensiones en la renovación del convenio colectivo nacional, y se saldó con un previsible caos en las principales ciudades italianas.

Huelga de profesores

Hoy serán los profesores de instituto los que abandonen masivamente las aulas y se manifiesten ante el Ministerio de Educación en protesta contra una iniciativa por otra parte ya "congelada": la propuesta de examinar con una serie de test a los docentes para evaluar su calidad y ajustar la paga a la puntuación obtenida.

Por si esto fuera poco, mañana viernes está previsto un paro masivo en el sector transporte que abarcará no sólo metro, autobuses y tranvías, sino los trenes nacionales. Protesta que se repetirá el 3 de marzo todavía con más amplitud.

Entre ambas fechas habrá oportunidad todavía para que los obreros portuarios celebren el 21 de febrero una jornada de brazos caídos por razones salariales ¿Hay quien de más?

A menudo los grandes sindicatos, como CGIL, auténtico líder con cinco millones de trabajadores afiliados a la organización, se ven impotentes para frenar el descontento laboral que ha sido orquestado previamente por sindicato minúsculos pero activísimos a la hora de plantear sus reivindicaciones.

Una nueva ley, en estos momentos en la Cámara de Diputados, pretende poner un correctivo al exceso de huelgas en el sector transportes, penalizando, sobre todo, a los sindicatos autónomos, llamados Cobas, que han proliferado como hongos en los últimos tiempos.

Pequeñas asociaciones

En el caso de la huelga de profesores, por ejemplo, los grandes sindicatos se han visto obligados a seguir la iniciativa de las pequeñas asociaciones como la "Gilda" y los Cobas, para no quedar descolgados de la protesta.

Estos grupos menores tuvieron un papel muy activo también en el último rosario de huelgas que se produjo en noviembre pasado y que abarcó a un espectro todavía más variado de actividades, desde los taxistas, hasta los empleados de las farmacias y los abogados.

Porque los paros en Italia no se circunscriben a la "clase obrera". El 9 y el 10 de diciembre se registró una huelga total en el sector de la prensa, algo prácticamente inaudito en la Europa comunitaria. Pararon los periodistas de los diarios, de los semanales, de las agencias de noticias, de los periódicos on line, de los gabinetes de prensa y de los informativos de radio y televisión. Absolutamente todos, en defensa del convenio colectivo, que en este país es de ámbito nacional.

Con el calendario de huelgas en la mano, el ministro de Transportes, Pierluigi Bersani, ha hecho lo imposible por acelerar las negociaciones que puedan acabar con las huelgas y al mismo tiempo, por estimular el debate parlamentario para que la nueva ley pueda ser promulgada cuanto antes.

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