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jueves, 17 de febrero de 2000

Pedro del Hierro recuerda en Cibeles la importancia conceptual del dibujo Juan Duyos recupera el babélico sentido del paraíso urbano

La segunda jornada de la Pasarela Cibeles discurrió con algo más de armonía y coordinación. Juan Duyos apostó por sus fueros musicoides donde color y desenfado dan lugar a una ropa llena de humor y dinamismo y Pedro del Hierro entró con garra de maestro en una sofisticada lección del dibujo. Cerró el día Victorio & Lucchino con un arrebatado homenaje a Miguel de Molina y su controvertido universo estético.

La firma Esteve-Sita Murt está celebrando sus 75 años de trabajo. El resultado de esta colección es más atrevido que los anteriores, y la diseñadora catalana trabaja en el ordenador amén de ceder a las posibilidades tecnológicas de la nueva maquinaria para la elaboración del punto. El resultado es variadísimo y hay ponchos, jerséis de cuello chimenea y franelas bordadas. Con el ordenador como pincel, Sita creó un dibujo continuado a base de una mecha multicolor que viaja libremente y en abstracto por la prenda, dejando un rastro que a veces es un zigzag y otras una sucesión de infinitos ondulados. Muy conseguida su serie marrón más turquesa, con dobles superposiciones que convierte el punto calado en una sutil malla de apoyo. Así hasta llegar a un conjunto salmón y blanco, con calados e hilos pasantes; al final, una serie blanca con brochazos gestuales en plata sobre seda y el punto en los tops trufados también de fino hilo argentado.Felipe Varela impuso el negro para toda su colección con breves toques en fresa y limón; estuvo agresivo, inspirado en un estilo ampuloso donde aparece el charol y la falsa cebra en detalles y calzado. Por primera vez Varela trae ropa de hombre, y su muestra ha sido imaginativa y transgresora (una pata de un pantalón va bordada en cristal) donde una americana lleva tres broches en sustitución de la botonadura convencional y una camisa transparente tiene una manga azul y otra negra.

Elio Berhanyer, fiel a sí mismo, no mostró el equilibrio burgués de otras veces. La chaqueta torera con montera de luto floral que lució Martina Klein es difícil de describir y hasta de ver.

Juan Duyos desfiló en solitario tras la separación del dúo que formaba con la creadora Cecilia Paniagua, y se le vio inspirado en los años setenta, con alegría al mostrar lanas rosa, verde loro, blanco o rojo en combinaciones tan libres como chirriantes con macrocuadros, rayas y sedas rústicas. Su ropa sigue en la línea de inspiración musical que aportan los chicos discotequeros, con algo de cruel ironía hacia los mayores y un uso desenfadado del plástico cortina de baño, el papel de pared al relieve y una línea vaquera de base tecnológica.

Pedro del Hierro ha hecho una colección que es como una sumaria declaración de principios estéticos en la que predomina la reflexión sobre el dibujo de la prenda, su síntesis economizando cortes y costuras accesorias. Esa esencialidad se transmite al volumen, siempre presente. Su ropa de hombre es novedosa a la vez que juega al fondo de armario futurible (poncho de lluvia, americana de plástico, metalizados). En realidad, un decálogo que luego es capaz de transmitir a su vertiente en serie.

Miguel de Molina tenía una colección de camisas para cantar en los teatros que hizo estilo y leyenda. Se las cosía y diseñaba él mismo la mayoría de las veces. Todas las tonadilleras le imitaron en el vestir. Ha llovido mucho desde entonces y ahora Victorio & Lucchino, que por cortesía de Puig pueden esta vez volver a desfilar con su nombre de origen, retoman el testigo de la chorrera gloriosa en una colección titulada Ojos verdes, donde hay un uso intenso del terciopelo y el encaje, el fieltro y la lana, en una gama oscura y potente de verdes profundos, morados conventuales y su habitual paleta local. Las creaciones se aderezaron con algunas prendas y calzado original del mítico cantante y bailarín malagueño.

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