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miércoles, 16 de febrero de 2000
Tribuna:El circuito científico

El 'escándalo archaeoraptor' José Luis Sanz y Francisco Ortega

National Geographic ha convocado recientemente al resto de los medios de comunicación para anunciar que el dinosaurio volador más primitivo, presentado en noviembre de 1999, era una falsificación.Lamentablemente, la historia de la biología contiene algunos episodios oscuros, producto de la falsificación de datos, resultados o la utilización puramente ideológica de determinados conceptos científicos. En paleontología muchos de estos episodios se asocian a la falsificación de fósiles, generadora de clamorosos escándalos. Alguno de estos escándalos estaban claramente basados en transgresiones de la deontología paleontológica (como el famoso caso del hombre de Piltdown). En otras ocasiones, se ha dudado de la veracidad de determinados fósiles (como la supuesta falsedad de los ejemplares del ave primitiva archaeopteryx) para justificar desesperados ataques del fundamentalismo religioso que pretenden desprestigiar a la biología evolutiva. El escándalo paleontológico objeto de este comentario no pertenece ni a uno ni a otro caso, enclavándose enteramente en el dominio de los medios populares de comunicación.

Esta historia comienza cuando una pareja de paleontólogos norteamericanos, Stephen y Sylvia Czerkas, encontraron el ejemplar a la venta en una feria de fósiles y lo adquiririeron para el museo que dirigen en Blanding (Utah). Con la ayuda de un proyecto de investigación financiado por National Geographic, los Czerkas comenzaron a estudiar el material y avanzaron parte de los resultados de la investigación a un redactor de la revista que los incorporó al mencionado artículo. Sin embargo, un paleontólogo chino (Xu Xing) ha dado al traste con esta noticia anunciando que el ejemplar estudiado por los Czerkas es una falsificación, una quimera mezcla del cuerpo de un ave primitiva y cola de un dinosaurio carnívoro del grupo de los dromaeosaurios. Obviamente resultaría disparatado considerar que los paleontólogos involucrados en el artículo o la propia revista tengan algo que ver con la falsificación del ejemplar. Pero este caso no hubiese alcanzado ninguna trascendencia si no llega a ser por un par de pequeñas irregularidades.

La adquisición de los Czerkas contraviene tanto la legislación china (que considera que todos los ejemplares de su país que circulan por las ferias internacionales han sido exportados ilegalmente) como los múltiples acuerdos entre los profesionales en contra de estas prácticas de mercado. No obstante, el artículo de National Geographic y la administración estadounidense habían asegurado que devolverían el ejemplar a China, eso sí, después de su estudio.

El segundo punto se relaciona con el procedimiento de difusión de la noticia. El asunto archaeoraptor no es un escándalo científico. National Geographic no es una revista científica. Su merecido prestigio está basado en una sólida información convenientemente filtrada por controles adecuados procedentes de publicaciones profesionales en ámbitos diversos como la geología, la botánica, la zoología o la paleontología. Por eso resulta sorprendente que National Geographic decidiera por una vez saltarse dichos controles y aventurarse en proporcionar una información que, lamentablemente, ha resultado ser falsa. No obstante, puede existir una tenue explicación para tan singular actitud.

El yacimiento del que procede archaeoraptor nos tiene acostumbrados al hallazgo de todo tipo de dinosaurios con plumas. Por tanto, uno más no resulta, a priori, muy sorprendente. Todos estos fósiles chinos, junto con las aves primitivas del yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), constituyen una sólida base de evidencia que sustenta la hipótesis del origen dinosauriano de las aves. El escándalo archaeoraptor ha revivido la supuesta polémica en torno a esta hipótesis. Y decimos supuesta porque los sectores científicos contrarios siguen sin aportar evidencia para una alternativa creíble. Éste es el caso del ornitólogo Storrs Olson que ha aprovechado la ocasión para echar leña al fuego, dando alas a diversas organizaciones creacionistas. Sin embargo, el argumento es demasiado simple. Tanto la historia evolutiva de las aves como la naturaleza del proceso evolutivo están cimentadas en un sólido conjunto de evidencias de las que archaeoraptor era, tan sólo, una más.

José Luis Sanz y Francisco Ortega son investigadores de la Unidad de Paleontología (Universidad Autónoma de Madrid).

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