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sábado, 29 de enero de 2000
Tribuna:

La crisis de un partido no es una crisis de Estado

  • El escándalo de la CDU no ha socavado la confianza de los alemanes en su Estado, afirma el canciller alemán, que expresa su deseo de que el partido de Kohl estépronto en condiciones de desafiar a su Gobierno.

El escándalo de la CDU no ha socavado la confianza de los alemanes en su Estado, afirma el canciller alemán, que expresa su deseo de que el partido de Kohl esté

pronto en condiciones de desafiar a su Gobierno.

Desde hace semanas, el escándalo de las finanzas de un gran partido alemán, la CDU [Unión Cristiana Democrática], ocupa a la opinión pública alemana y, cada vez más, también a la europea. Con este motivo, amigos y observadores extranjeros expresan a veces el temor de que este escándalo pueda tener repercusiones negativas en el sistema político de la República Federal de Alemania.

Es indudable que cuando la credibilidad de un partido que ha contribuido de forma esencial a configurar la vida democrática de un país se quebranta, cuando líderes que representan a ese partido han violado el derecho, han dicho lo que no es cierto o siguen silenciando la verdad, la democracia también se pone a prueba.

Todas las democracias viven del ejercicio del poder a través de personas elegidas entre el pueblo. Por lo tanto, las democracias tampoco son inmunes a los fallos y faltas de los individuos. Pero el criterio decisivo para la calidad y estabilidad de una democracia es la confianza de los ciudadanos en su sistema democrático. La crisis de la CDU no amenaza seriamente, ni socava, la confianza de los ciudadanos de la República Federal. La opinión pública alemana critica que se haya actuado en contra de la ley y de la Constitución. El hecho de haber desoído el imperativo de transparencia no es sólo una violación del Derecho: la transparencia es también el prerrequisito de un proceso de participación democrática. Mediante su crítica, la opinión pública ejerce su derecho a participar en una comunidad transparente y basada en un Estado de derecho. Eso, por sí solo, constituye una prueba esencial de confianza en la democracia.

Las instituciones democráticas de la República Federal están enteramente intactas. La separación de poderes se evidencia en la ausencia de fricciones en la actuación de la Justicia, el Parlamento y el Gobierno, que no sólo son aptos para el trabajo, sino que además desempeñan día a día sus tareas. El Parlamento, la representación electa de la soberanía democrática, desempeña de forma ejemplar su papel en la investigación y evaluación de las irregularidades y prácticas ilegales.

El Gobierno Federal no se ha dejado desviar ni un solo momento de la ejecución de su programa político por el clamor público suscitado por los escándalos que afectan al partido de la oposición. En estos días, el Gobierno ha presentado su informe económico anual. En él se pronostica un crecimiento real para el año 2000 en torno al 2,5%; algunos institutos económicos consideran posible incluso un crecimiento del 3%. Cabe esperar de forma realista para este año un descenso del desempleo en torno a las 200.000 personas. Todo ello es el resultado de una política fiscal y financiera del Gobierno orientada al crecimiento y a la estabilidad.

Esto evidencia por sí solo que la crisis de un partido no ha causado una crisis de Estado. Además, tengo la impresión de que muchos de los que hoy ostentan responsabilidades en la CDU se esfuerzan de verdad por aclarar el escándalo de las finanzas sin dejar lagunas. Y espero que la CDU encuentre la energía para autodepurarse de forma completa y superar este escándalo. Por lo demás, mi partido, el SPD [Partido Socialdemócrata], tiene un interés objetivo en que así sea. Una buena oposición que esté en condiciones de desafiar al Gobierno en el debate por las mejores soluciones en el ámbito de los asuntos concretos es esencial para el funcionamiento de la democracia.

Durante estos días estamos experimentando -no en última instancia gracias al trabajo de una prensa insobornable y las intensas discusiones de la opinión pública- cómo supera este trance la democracia. Se ha puesto de manifiesto que la crisis de la CDU no es una crisis del país ni de sus instituciones. No sólo las instancias democráticas, sino la sociedad democrática en su conjunto ha mostrado su capacidad de actuar. Trascendiendo todos los intereses individuales y de grupo, la gran mayoría de la sociedad ha apoyado las medidas de consolidación necesarias para el bienestar económico de Alemania, pero también de la Unión Europea [UE]. Precisamente en este año de importantes decisiones para Europa -estoy pensando en el proceso de reforma institucional y ampliación de la UE, pero también en el desarrollo de la Política Exterior y de Seguridad Común- la República Federal será un socio de confianza y una fuerza motriz en la profundización de la integración europea.

Es cierto que algunos ciudadanos se han vuelto más escépticos frente a sus representantes políticos por los casos que han salido a la luz. Como demócrata, no tengo miedo de este escepticismo, puesto que es expresión de una despierta conciencia democrática. Doy por supuesto que esta fuerte conciencia democrática también terminará convenciendo a los responsables de la crisis de su partido de que vuelvan al respeto de la Ley y el Derecho y de que aporten su contribución a restaurar su credibilidad.

Gerhard Schröder es canciller federal de Alemania.

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