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sábado, 22 de enero de 2000

Craxi, enterrado en Hammamet con la ausencia de líderes socialistas europeos

  • Berlusconi y Cossiga viajaron desde Italia para asistir al funeral en Túnez

,ENVIADO ESPECIALEl socialista Bettino Craxi, ex presidente del Gobierno italiano, permanecerá para siempre en el exilio. Sus restos fueron inhumados ayer en el cementerio cristiano de Hammamet, en una sencilla tumba que se halla a escasos metros de un mar que le separaba de Italia, adonde juró no volver si no era como un hombre libre. Fue enterrado con un clavel rojo en la solapa de su traje (el mismo con el que fue investido como primer ministro) y con un rosario enviado por Juan Pablo II entre las manos.

Una lápida blanca, con su nombre y fecha de nacimiento y muerte, que descansa sobre la tierra de su exilio servirá para recordar su memoria. No hubo discursos, ni himnos. A su funeral, en la catedral católica de Túnez, acudieron sobre todo amigos y compañeros de partido. No había apenas personalidades de otros partidos socialistas europeos, y ninguno conocido del PSOE.Faruq Kaddumi, ministro de Exteriores de la Autoridad Palestina, representó a Yasir Arafat, que en el último momento excusó su asistencia. Craxi, condenado a 10 años de cárcel en su país, fue convertido por sus enemigos en ciudadano de honor de Tangentópoli, ese territorio brumoso de las comisiones ilegales por donde ha circulado alguna vez casi toda la clase política italiana.

Banderas rojas y ninguna italiana en las manos de sus compañeros socialistas que, llegados en aviones fletados para la ocasión, llenaron la catedral. La emoción y la rabia contenida de sus seguidores, muchos de ellos con claveles rojos en la solapa, estalló en las ovaciones con que se recibió y se despidió al féretro a la entrada y la salida de la catedral. Algunos exhibían carteles contrarios al primer ministro italiano (como el de ¡D'Alema asesino!). Su titular de Exteriores, Lamberto Dini, y el secretario de Estado, Mario Minitti, su hombre de confianza, representaban al Gobierno.

Dini, con un gran tacto diplomático, llegó con unos pocos minutos de retraso al funeral, los suficientes para evitar un recibimiento hostil de los seguidores de Craxi.

La familia del dirigente socialista italiano rechazó el ofrecimiento del Gobierno de Roma de celebrar unos funerales de Estado en Italia y señaló que Craxi había sido víctima de "una campaña de odio sin precedentes en la historia de la República italiana".

Entre los amigos del difunto, Silvio Berlusconi, ex presidente del Gobierno, y el ex presidente de la República Francesco Cossiga, que como Craxi era un tenaz adversario de los comunistas. Entre los antiguos compañeros del PSI, se encontraban, entre otros, Claudio Martinelli y Gianni de Michelis.

La misa funeral fue oficiada por el arzobispo Dwal, que leyó un telegrama de pésame enviado por el Papa Juan Pablo II, y fue asistido en la ceremonia por otros seis sacerdotes. El hijo de Craxi, Bobo, pronunció unas palabras emocionadas al final del funeral, que concluyó con voz entrecortada como un "ciao papa".

Las autoridades tunecinas han permanecido totalmente al margen de las exequias ya que aquí Craxi era un exiliado ilustre, pero no gozaba de ningún estatus especial, salvo el más importante, ser amigo y protegido del presidente Ben Alí.

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