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jueves, 2 de diciembre de 1999
EL FUTURO DEL COMERCIO MUNDIAL

Ataque a las multinacionales por tolerar el trabajo infantil

De los miles de manifestantes que ayer intentaron volver a tomar Seattle, la mayoría no tenía una idea clara de la relación entre la Organización Mundial de Comercio y sus protestas. Tal vez por ello, las reivindicaciones eran de lo más variadas e iban desde la protección del medioambiente hasta las denuncias de la explotación de la mano de obra de niños por parte de las compañías multinacionales, pasando por la oposición a los alimentos transgénicos y el temor a que una mayor liberalización sea dañina para los pobres.Cientos de jóvenes estaban disfrazados de tortuga y estos sí sabían por qué su protesta tenía una relación con la OMC. Estados Unidos prohibió importar langostinos de Tailandia, Malaisia, Filipinas y otros países del sureste asiático porque los sistemas de redes que sus barcos utilizan para pescarlos, también atrapan tortugas marinas.

Estos países acusaron a Estados Unidos de discriminar su producto frente al de otros países y la Organización Mundial de Comercio les dio la razón. Allí es donde la OMC falla, según los manifestantes, porque no es capaz de salir de la defensa general del libre comercio para resolver una disputa tan específica. "OMC, si no puedes arreglarlo, desaparece", rezaba una de las pancartas de los hombres-tortuga.

Recursos naturales

En lo que al medio ambiente se refiere, los manifestantes ven a la Organización Mundial de Comercio como la responsable de que los países pobres tengan que seguir depredando sus recursos naturales para sobrevivir. Sostienen que si el comercio internacional fuera más justo y que si los beneficios de éste se repartiera más equitativamente, se lograrían salvar esos recursos.

Otra de las reclamaciones más difundidas es la de acabar con el trabajo infantil que se da en numerosos países en vías de desarrollo.

Para demostrarlo, los manifestantes se lanzaron contra los escaparates de las multinacionales de prendas y materiales deportivos Nike y Adidas en el centro de Seattle. Gritaban fuertes acusaciones contra estas dos multinacionales por utilizar mano de obra de niños en situación casi de esclavitud, fundamentalmente en países del sureste asiático.

Para la mayoría de los manifestantes, aún para aquellos que tenían un buen conocimiento de cómo funciona la Organización Mundial de Comercio, esta organización es algo así como un gobierno supranacional, que está en todo y todo lo puede y que para colmo, está sujeta a las directrices, no ya de los gobiernos de los países más ricos y desarrollados, sino de las empresas y corporaciones de estos países, que están por encima de los poderes del Estado.

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