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domingo, 17 de octubre de 1999

Canciones y danzas gitanas de Rumania

Mantienen en sus venas la identidad del pueblo romaní, que llegó a Europa en el siglo XV en su milenario viaje sin retorno desde el Punjab, en el norte de India. Descienden de esclavos que, procedentes de Grecia y Turquía, llegaron a Rumania para malvivir al servicio de grandes y pequeños reyes. Muchos eran músicos de increíble virtuosismo, recibían el nombre de lautari y sus orquestas, denominadas taraf, podían adoptar las más diversas combinaciones instrumentales. Cuatro siglos después, la tradición renovada de la música gitana rumana tiene como embajador de excepción al Taraf de Haïdouks, que hoy a las 20.00 horas presenta su repertorio de canciones y danzas en el Centro Cultural de la Fundación La Caixa.Integrado por 12 músicos con edades entre 16 y 74 años, el Taraf de Haïdouks abre el ciclo que el IV Festival de Músiques del Món dedica este año a la cultura romaní europea. Nativos de la ciudad rumana de Cléjani, cerca de Bucarest, y miembros de las familias Manole y Neacsu, los músicos que integran el grupo asombraron con su espectacular virtuosismo al desaparecido violinista y director de orquesta Yehudi Menuhin, que actuó con ellos varias veces.

Con sus violines y acordeones como principales protagonistas, los músicos rumanos expresan las alegrías y las penas cotidianas de su pueblo con una fascinante combinación de pasión, virtuosismo y nostalgia. El grupo rumano mezcla en su espectáculo músicas tradicionales asociadas a determinadas ceremonias y fiestas gitanas con un repertorio más contemporáneo.-

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