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sábado, 26 de junio de 1999

Los datos macroeconómicos cambian con el milenio

La contabilidad española afina su metodología para adaptarse a Europa y hacer emerger parte de la economía

El Instituto Nacional de Estadística (INE) se encuentra inmerso en un ambicioso plan para modernizar los cálculos de la Contabilidad Nacional, a partir de ahora, y del índice de precios al consumo (IPC), que cambiará desde el 2000. Además, hace pocos días, ya había presentado los nuevos criterios con que se ha elaborado la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al primer trimestre de este año. La nueva encuesta, según la presidenta del Instituto Nacional de Estadística, Pilar Martín Guzmán, no introduce cambios metodológicos, sino que incorpora el número de asalariados contratados por empresas de trabajo temporal (ETT) y precisa el subempleo por insuficiencia de horas (los empleados que querrían trabajar más horas). Además, el 70% de las entrevistas se realiza ahora por teléfono.

La nueva EPA, sin embargo, ha sido criticada por algunos expertos, ya que éstos se han encontrado sin una base homogénea que les permita elaborar series históricas comparables. Carmen Alcaide, directora del Servicio de Estudios del Instituto de Crédito Oficial (ICO), considera que esta carencia era inevitable. "La nueva EPA mantiene los mismos criterios metodológicos anteriores. Pero, al tratarse de una encuesta, para mantener las dos series habría que haber realizado dos veces el mismo trabajo: una, con los criterios actuales, y otra, con los anteriores. Una tarea prácticamente imposible".

La nueva Contabilidad Nacional que fue presentada el pasado miércoles es la adaptación del sistema español al europeo. Cada país, por normativa comunitaria, debe introducir este cambio. El 23 de junio, el INE informó de los primeros datos de crecimiento aplicando el nuevo Sistema Europeo de Cuentas (SEC 95) junto a los mismos datos utilizando el método vigente hasta ahora (SEC 79) de modo que puedan ser comparables. Así, según la vieja metodología, el crecimiento de 1998 fue del 3,8%, mientras que utilizando la nueva fue del 4%. Según Alcaide, esta diferencia se debe a que "como en la anterior Contabilidad Nacional no se tenía en cuenta toda una serie de nuevas actividades, es lógico que el último cálculo haya supuesto una elevación del producto interior bruto, el PIB".

Según el calendario de inserción de esta nueva medición del PIB, ambos sistemas se publicarán paralelamente durante un año; es decir, hasta el primer trimestre del año 2000. Así, la introducción del SEC 95 será gradual, y la puesta en marcha completa, prevista para el 2003, puede retrasarse incluso hasta el año 2005.

Sin embargo, el viejo sistema no desaparecerá por completo. También por normativa comunitaria, el cálculo de la aportación como porcentaje del PIB de cada Estado miembro al presupuesto comunitario se continuará calculando con el SEC 79. Por el contrario, el cálculo del déficit público en porcentaje del PIB, a efectos de lo que establece el Tratado de Maastricht, se comenzará a calcular con el SEC 95 a partir del 2000.

Los cambios fundamentales entre uno y otro método son cualitativos. Revelan con más exactitud las diferencias y similitudes entre las economías de la Unión Europea y la magnitud de economía sumergida en cada uno de los países.

Por ejemplo, el nuevo método cambia los conceptos de consumo privado nacional y consumo público por gasto en consumo final de los hogares, de las instituciones sin fines de lucro y de las administraciones públicas. De lo que ahora se trata es de saber quién gasta realmente, mientras que antes se sabía quién consumía. Por ejemplo, en el caso de los medicamentos, en parte los paga la persona y en parte la Administración; antes se contabilizaba en conjunto y ahora se sabrá cuánto gasta cada uno. También se identificará el gasto de la Administración individualizable -es decir, en sanidad y consumo-, porque se puede saber cuántos estudiantes o cuántos enfermos hay, y en general, como es el caso del seguro público.

Otro ejemplo es que, de la formación bruta de capital, el SEC95 incorpora los activos inmateriales; por ejemplo, los programas informáticos y las obras artísticas originales. Así, la nueva metodología da rango de producto a una obra musical o literaria original y categoría de formación bruta de capital. La nueva metodología también reincorpora la renta mixta, que es la remuneración del factor capital en el proceso productivo de los empresarios autónomos, y desglosa el concepto de precios básicos de salida de fábrica por los precios básicos más impuestos o menos subvenciones, según el caso. Por ejemplo, en el caso de las gasolinas, se separa el precio básico de los impuestos especiales que gravan este producto, y en el caso de los productos agrícolas, su precio básico y las subvenciones sobre esos productos.

La nueva metodología ha mejorado el cálculo del PIB y, al mismo tiempo, también mejorará la medición del déficit público por la simple razón de que, como se mide sobre la cifra del PIB, si éste aumenta, el porcentaje de déficit será menor. No obstante, en su boletín de junio, el Banco Central Europeo (BCE) advierte de que, en algunos países de la zona euro donde la nueva metodología se aplicó antes que en España, los datos han concluido en una ligera revisión a la baja del crecimiento del PIB real en los últimos años.

La reforma del IPC va un poco más lenta, aunque el INE espera terminarla antes del año 2001. Siguiendo las mismas líneas argumentales que en los casos anteriores -homogeneizar la estadística comunitaria-, el nuevo cálculo de la inflación tendrá en cuenta los cambios en los hábitos de los consumidores españoles, donde el ocio, las telecomunicaciones y los servicios personales son cada vez más importantes.

El INE modifica periódicamente la ponderación de los bienes y servicios -es decir, su importancia en el presupuesto final de los españoles- conforme a la encuesta de presupuestos familiares. Por poner un ejemplo, en 1958, la alimentación suponía el 55,3% de los gastos familiares, pero 10 años más tarde su importancia había bajado al 49%, al 40,50% en 1976, al 33,02% en 1983 y al 29,36% en 1992.

La última revisión del IPC se produjo en 1992: entonces se eliminaron los televisores en blanco y negro, que habían sido sustituidos mayoritariamente por los de color en las preferencias de los consumidores, y se sustituyeron las máquinas de escribir por los ordenadores personales. Desde esa fecha, el INE ha introducido algunos artículos que han irrumpido en los hábitos de compra como los teléfonos móviles o el precio de los servicios de acceso a Internet, aunque su ponderación se ha mantenido de forma provisional. Ahora podría agregarse la televisión por pago e incrementarse el peso de los gastos del automóvil y de las nuevas tecnologías. Todo ello podría elevar los 471 productos que ponderan ahora en el IPC hasta 480 o incluso 485.

La idea es aproximar el IPC español al calculado por la oficina estadística europea Eurostat, el denominado IPC armonizado (IPCA). Éste se viene utilizando para calcular de la forma más homogénea posible la evolución de los precios en cada uno de los países comunitarios. Para ello se han excluido de las ponderaciones el coste de los servicios médicos y de la enseñanza obligatoria y se ha rebajado el peso de algunos bienes y servicios como los seguros.

"El IPCA es como un parche", opina Carmen Alcaide, "ya que cada país mantiene su propia metodología, que deberá ser homogénea".

El IPCA se ha venido revisando con más prontitud que el IPC español. Así, la última puesta al día fue en 1995, y ya se habla de una nueva actualización para finales de este año.

Para aproximarse a la metodología comunitaria, el nuevo IPC español será revisado anualmente, y en él, la alimentación seguirá cediendo parte de su peso en favor de las bebidas alcohólicas y el tabaco. También aumentarán su ponderación rúbricas como comunicaciones y ocio. Los analistas reconocen que casi todos estos capítulos son responsables en buena parte de las actuales tensiones inflacionistas de la economía española, por lo que no descartan que el nuevo IPC suponga un alza de este cálculo estadístico.

"Los cambios previstos no sólo son necesarios para la homologación estadística en el conjunto de la Unión Europea", señala Carmen Alcaide, "sino incluso convenientes para eliminar los defectos metodológicos que se han puesto de manifiesto a través de los años".

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