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EDUCACIÓN

Blair amenaza con el cierre a la escuela alternativa de Summerhill

El Gobierno británico exige cambios a la institución fundada por A. S. Neill en 1921

La escuela de Summerhill, fundada por A. S. Neill en 1921 y basada en la libertad de sus alumnos para ir o no a clase y en la idea de que "la ausencia de miedo es lo mejor que le puede pasar a un niño", puede tener sus días contados. Un informe de los inspectores de enseñanza sobre el deficiente aprendizaje de los escolares ha llevado al ministro de Educación británico, David Blunkett, a amenazar a la escuela con el cierre si no hace reformas en seis meses.

El encontronazo entre Summerhill y el Gobierno neolaborista de Tony Blair ha suscitado un amplio debate en el Reino Unido y convertido a la escuela en un símbolo más, para algunos, del acoso que sufren la ideas alternativas en unos tiempos en los que priman la eficacia, el pragmatismo y la productividad. O como ha dicho su directora, Zoe Readhead, hija del fundador: "Preferiría que Summerhill produjese antes un barrendero feliz que un primer ministro neurótico".El pedagogo escocés A. S. Neill (1883-1973), hijo de un maestro de escuela, fundó Summerhill en un suburbio de Dresde (Alemania) en 1921, antes de trasladarla en 1927 a su asentamiento actual en Leiston, no muy lejos de Londres. La filosofía de la escuela, que no ha cambiado en lo fundamental hasta hoy, se resume en cuatro principios: "Permitir libertad a los niños para crecer emocionalmente, darles poder sobre sus propias vidas y tiempo para desarrollarse naturalmente y crear una infancia feliz eliminando el miedo y la coerción por parte de los adultos".

En la práctica, estos principios se concretan en dos hechos: ningún alumno es obligado a asistir a las clases y las reglas que rigen las escuela se deciden democráticamente en una reunión semanal los viernes por la tarde, en la que tanto vale el voto de un niño de seis años como el de un profesor.

Summerhill vivió su momento de gloria en las décadas de los años 60 y 70, cuando progresistas de todo el mundo se interesaron por su experiencia educativa. Pero también eran muchos sus detractores, que acusaban a Summerhill de ser una fábrica de analfabetos e inadaptados sociales.

La escuela ya ha tenido que defenderse de las críticas en el pasado. Pero nunca antes se había atacado tan directamente su filosofía educativa como en el informe que motivó la semana pasada el ultimátum del ministro Blunkett. El informe señala que los niños tienen un progreso insuficiente debido a la "errática asistencia a las clases"; que el currículo que sigue la mayoría de ellos "afectará negativamente a sus opciones futuras"; que muchos de los alumnos entre 11 a 16 años tienen un bajo nivel en lectura, escritura y matemáticas, y que se permite que chicas y chicos compartan los servicios y que usen un lenguaje soez. Sin embargo, los inspectores reconocieron que su participación en la toma de decisiones les da "un conocimiento práctico de sus deberes y derechos como ciudadanos".

Para seguir abierta, Summerhill tendrá que mejorar todos estos aspectos y, sobre todo, "comprometer completamente a todos los alumnos para que cursen unos estudios amplios y equilibrados durante su estancia". Su directora ya ha respondido que no piensa abandonar sus principios educativos y está considerando recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En su defensa han salido numerosos antiguos alumnos, que han seguido las más diversas carreras profesionales, como la actriz Rebecca de Mornay, que ha dicho que cerrar Summerhill sería "un crimen". La escuela cuenta actualmente con ocho profesores y 61 alumnos, en su mayoría extranjeros, que pagan 6.500 libras al año (1,6 millones de pesetas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 1999