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miércoles, 19 de mayo de 1999

Un profesor logra el reconocimiento general de los alumnos con un método "autogestionario" Los estudiantes que se autoevalúan comparan las clases con "El Club de los poetas muertos"

Cuando acabó el curso el año pasado, los alumnos dejaron sobre la mesa de Samuel Camba un bonsai y un poema. De la misma promoción, el profesor recogió un sinfín de folios en los que los estudiantes expresaban lo que les había parecido la asignatura y el desarollo que de ella se hizo en el aula. Dos quejas: las clases se acaban demasiado pronto y la asignatura debería ser obligatoria en lugar de optativa. No es normal que las protestas del alumnado sean éstas y tampoco que el resto sean halagos, admiración, respeto, nostalgia. Después de 40 años en la enseñanza, 15 de ellos en la Facultad de Psicología de Sevilla, Samuel Camba no ha recibido más que reconocimiento. Al menos por parte de los estudiantes. Este gallego de "62 tacos" ha acarreado durante los años de su profesión lo que ahora es una vieja cartera de cuero y un método pedagógico propio: el sistema autogestionario. Y con él se ha metido en el bolsillo a todos sus alumnos, que hablan de cómo les ha modificado la visión de las cosas, de los buenos momentos en sus clases, de los esquemas tradicionales de enseñanza derrumbados, de lazos de amistad, de libertad y de cómo les ha cambiado hasta la vida. "¡Las clases eran tan distintas! Participábamos todos, hasta yo. Eramos una piña, no había ningún tipo de jerarquía, y podíamos expresar lo que sentíamos o pensábamos". Este es un extracto de una de las cartas en las que cuentan los alumnos del año pasado cómo les fue en clase. Otra de ellas dice: "Estas clases han sido las mejores de toda mi vida, en las que más he aprendido. Han suscitado verdadero interés crítico por la lectura, han estimulado la comunicación; la metodología motivaba, despertaba interés por la clase y los temas abordados, por el trabajo individual o grupal; invitaba a la reflexión y al análisis; hemos sido un poco más felices". Así son las clases de Samuel Camba, y así las ven sus alumnos, a los que conoce por sus nombres al día siguiente de comenzar el curso. "El lunes de feria no había más de cinco alumnos en cualquier clase y esta estaba llena, y eso que esta asignatura es optativa", recuerda Alexis Navarrete, uno de los alumnos de este curso. La asignatura que imparte este profesor es Psicología Social del Sistema Educativo, una materia que se presta a los debates en clase, a las reflexiones éticas, a los trabajos en casa que luego se exponen. Y, por fin, a la autoevaluación que los mismos alumnos hacen de su trabajo durante el curso. Camba no hace exámenes. Las últimas tendencias apuntan la ausencia de exámenes como un indicativo de calidad docente. Pero ¿qué pasaría si se tratase de impartir y evaluar los conocimientos en Física Cuántica? ¿Podría utilizarse esta metodología autogestionaria? A Camba no se le escapan las dificultades que podría entrañar el sistema que usa aplicado a otras asignaturas. "No hay que ser ingenuos, pero de lo que se trata es de dar las claves, de motivar a las personas para que descubran la asignatura. Hay que despertar su capacidad crítica, motivarles, aprender a aprender". Así lo hace cada día. A las tres de la tarde de un miércoles, los alumnos empiezan a llegar. Un poco después aparece el profesor, deja su maleta y se sienta sobre la primera mesa del patio de butacas. Si sólo hay un grupo es más fácil verse las caras y todos van cogiendo sitio, en las sillas o en las mesas, hasta formar una coreografía más acogedora. "¿Quién quiere exponer hoy?", pregunta Camba. Se levanta una mano, otra, otra. Incluso una alumna se queja de que su trabajo se aplace de nuevo, porque está "loca por exponerlo". De película La primera voluntaria resume el libro que libremente ha elegido y las conclusiones y reflexiones que ha sacado de su lectura. Comienza el debate. Todos opinan lo que quieren, sin timidez. Y de la boca de los alumnos comienza a salir crítica social, educativa, política. "La clase no es del profesor ni de los alumnos, es de todos. Nos enriquecemos mutuamente. Yo aporto mi experincia y ellos la suya desde su juventud", explica Camba. El profesor ha recopilado las cartas que recibió de sus alumnos el pasado curso bajo un epígrafe, Utopía realizada. He aquí otro extracto: "Cuando el profesor nos invita a autoevaluarnos nos resulta extraño porque no estamos acostumbrados a eso, ni a pensar tranquilamente en nuestro rendimiento; [...] luegopienso y reflexiono sobre mi actitud y rendimiento: he dado de mí lo que he podido, he puesto empeño real en el trabajo, he llevado a cabo mi proyecto inicial". Otro alumno opina: "La metodología es la mejor que he tenido desde la EGB. Debo agradecer esto al profesor (¡oh capitán, mi capitán!)". Y así son todas las cartas con las que el profesor pretendió sondear la opinión de los alumnos sobre el sistema utilizado. En todas se lee la misma pasión que logró arrancar el capitán de El club de los poetas muertos. Ésa es la película que se ve todos lo días en la clase de Camba.

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