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lunes, 26 de abril de 1999
Editorial:

Nueva guerra, otra OTAN

La OTAN es una pieza básica para la estabilidad de Europa y su entorno inmediato, y esa razón bastaría para justificar que deba ganar la guerra de Yugoslavia, pero no a cualquier precio. Atrás queda la doctrina del "equilibrio estratégico" frente a un enemigo que ha dejado de serlo. Las amenazas son otras, quizá no mayores, pero sí mucho más complejas. En las actuales circunstancias, la práctica se ha adelantado a la teoría. La guerra de Kosovo se ha iniciado antes de que la OTAN hubiera elaborado su nueva doctrina, el Nuevo Concepto Estratégico aprobado en la cumbre de Washington. Como otros acuerdos de las reuniones habidas con motivo del 50º aniversario de la Alianza, este texto es un compromiso entre varias concepciones, un terreno de entendimiento entre las pretensiones globales de EEUU y otras mucho más restrictivas de determinados países europeos, en particular de Francia. El nuevo esquema rompe los moldes de una Alianza defensiva frente a la amenaza soviética. Ahora, la organización pretende dedicar su potencial a atender nuevos riesgos o nuevas misiones, incluida la del mantenimiento de la paz a través de la guerra. Ahora bien, aunque la otrora tan delicada cuestión de la zona geográfica de actuación de la OTAN haya quedado superada en la nueva Europa, tampoco la Alianza va a adquirir el carácter global de gendarme mundial que pretendía Estados Unidos. La OTAN, ni quiere ni puede. Salvo en cuestiones como el terrorismo o la proliferación de armas de destrucción masiva, el texto aprobado sitúa la acción de la OTAN "dentro y alrededor del área euro-atlántica" y, como máximo, "en la periferia de la Alianza". El Consejo de Asociación Euroatlántico, que une a los 19 países de la OTAN y a otros europeos, incluye a 44 países que cubren gran parte del hemisferio norte, entre ellos una Rusia cuyas relaciones se intentan ahora recomponer. No es poco, pero no lo es todo. Incluso dentro de este ámbito, nadie piensa en intervenir en conflictos en el seno de la Federación Rusa o a favor de los kurdos en Turquía.

Si algo consagra ese largo texto aprobado en Washington no es tanto una doctrina general de actuación, sino la decisión de intervenir, siempre por "consenso", tras una valoración y análisis de las crisis, "caso por caso", expresión repetida una y otra vez en el documento. Ahora bien, el Nuevo Concepto Estratégico sí pretende consagrar lo que ha ocurrido ya en la crisis de Kosovo: que la OTAN pueda actuar militarmente sin mandato expreso del Consejo de Seguridad de la ONU, sino con una simple referencia a su Carta. Aunque el derecho de injerencia por razones humanitarias se va abriendo paso, afortunadamente, por otro lado se está destruyendo una legalidad sin reemplazarla por otra. Y otros países, como China o Rusia, podrán hacer suya esta nueva vía a la hora de intervenir en sus zonas.

Los aliados reconocen que en el terreno militar les queda aún mucho por hacer antes de estar a la altura de las nuevas demandas que se autoimponen. Como demuestra lo ocurrido en Kosovo, tienen que hacer serios esfuerzos para traducir a la realidad los conceptos básicos que han de inspirarles en la reforma de sus Fuerzas Armadas: capacidad, movilidad y flexibilidad. Mientras no lo logren, tampoco ganará credibilidad el proyecto de constituir una identidad europea de defensa. En Kosovo son los americanos los que llevan y pagan la guerra. Pero será Europa la que financie la paz, como ayer quedó patente en Washington.

Kosovo determina más a la OTAN que todos los conceptos estratégicos. La ampliación de hecho de la Alianza a los llamados Estados del frente, limítrofes con Yugoslavia, con los que los líderes aliados mantuvieron una reunión de solidaridad y apoyo ayer en Washington, tendrá efectos duraderos. Además, el apoyo a los albanokosovares, musulmanes en su mayoría, pesará más en la imagen de la OTAN en el mundo islámico que muchos diálogos mediterráneos.

Contrariamente a lo que ocurría durante la guerra fría, no bastará la doctrina previa para asegurar la unidad o efectividad de la Alianza ante crisis concretas. En Kosovo se le ha reprochado a la OTAN su falta de previsión y sus carencias a la hora de tener que improvisar. Este futuro más complejo que dibuja el Concepto Estratégico requerirá más capacidad de improvisación. Incluso en la cumbre de Washington han surgido algunos desacuerdos sobre, por ejemplo, la posibilidad de una ofensiva terrestre en Kosovo, que "ya no está en el orden del día", según afirmó tajantemente Gerhard Schröder, canciller de una Alemania cuya opinión pública se opone a tales planes. Los Gobiernos en democracia no pueden ignorar a sus opiniones públicas. Pero tampoco dejar que los sondeos de opinión determinen la estrategia político-militar.

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