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sábado, 16 de enero de 1999

Coches contra los malos humos

Dos modelos eléctricos de un proyecto promovido por Industria se pueden probar hoy ante el Palacio de Congresos

Es tan suave y silencioso que al introducir la llave de contacto parece que no ha arrancado. Y hasta que se para cada vez que aguarda un semáforo. Pero es una falsa alarma. Los prototipos de coches eléctricos que ayer presentaron en Madrid las casas Peugeot y Citroën son suaves como la seda. Ni siquiera podrían, aunque quisieran, dar tirones o ahogarse, porque no tienen marchas. Los conductores que quieran probar los modelos Saxo Eléctrico de Citroën y el Peugeot 106 Eléctrico pueden acudir hoy a la explanada del Palacio de Congresos y Exposiciones en la avenida del General Perón, donde se ha instalado una carpa informativa.Esta iniciativa contra los malos humos forma parte de un proyecto de promoción de estos automóviles -que aún no se venden- del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), dependiente del Ministerio de Industria, con la participación de las empresas eléctricas Unión Fenosa e Iberdrola y el Ayuntamiento de Madrid. También hoy se pueden probar estos coches en Salamanca, A Coruña y Sevilla.

Los automóviles del futuro, según los califican los fabricantes, funcionan como un coche automático al que le han quitado la caja de cambios. Sólo disponen de dos pedales: uno para acelerar y otro para frenar. Y la marcha atrás se activa apretanto un botón situado en el salpicadero, que obedece al mismo tiempo que un indicador de texto informa de que avanza hacia atrás; para detenerse basta con apretar de nuevo el botón.

La velocidad máxima que alcanza un coche eléctrico es de 90 kilómetros por hora, la misma que está fijada para circular por la M-30. El secretario de Estado de Industria y Energía, José Manuel Serra, advirtió: "Este tipo de coches está concebido para ser urbano".

Los mayores halagos que le brindan a estos nuevos utilitarios que marchan sin carburante es que son ecológicos, es decir, que no escupen humos contaminantes, no llevan tubo de escape y no dañan la capa de ozono. Además contribuyen a mitigar el ruido. El coche tiene un motor de corriente continua de 20 kilovatios de potencia máxima que se alimenta mediante una batería. Una batería que hay que cargar tras haber circulado entre 70 y 80 kilómetros aproximadamente. Aunque este coche no puede repostar en cualquier sitio. Necesita un lugar en el que haya un enchufe de 16 amperios para cargar la batería. Consume 25 kilovatios cada 100 kilómetros, lo que supone unas 200 pesetas de gasto con la tarifa eléctrica nocturna.

Por todo ello, estos nuevos automóviles necesitan para circular una compleja infraestructura urbana: postes y aparcamientos especiales capaces de suministrar electricidad. En Madrid ya existe uno en el paseo de la Castellana, en una esquina con la plaza de Lima, y se piensa en poner nuevos centros de suministro de energía. Según anunciaron ayer el secretario de Estado de Industria, José Manuel Serra, y el concejal de Medio Ambiente de Madrid, Adriano García Loygorri, se está negociando la reserva de plazas exclusivas para este tipo de utilitarios en distintos aparcamientos madrileños.

"Madrid no tiene una industria muy contaminante. Por tanto la contaminación que soportan los madrileños proviene de los focos fijos, como las calefacciones, y de los móviles, como el tráfico. Disponemos de 50 autobuses y 80 camiones de basura que funcionan con gas. Nos faltaba el coche eléctrico", dijo García Loygorri, tras probar uno de los nuevos modelos y exclamar: "Es mucho más fácil de conducir que los otros". El edil anunció que intentará instalar el primer autobús eléctrico en la Casa de Campo. La venta inicial de este tipo de coches tiene vocación pública, es decir, se trata de que su primer destino sean las flotas de empresas e instituciones públicas que desarrollan sus actividades en el medio urbano, de tal forma que sirva de ejemplo para animar a los ciudadanos. Sin embargo, antes de lanzarlos a la calle la Administración tiene que modificar la legislación española que, al no estar pensada para los coches eléctricos, impide de momento su matriculación, según han advertido los fabricantes.

Tanto el modelo de Citroën eléctrico como el de Peugeot cuestan 1,8 millones de pesetas, mientras que sus equivalentes de gasolina valen 1,4 millones. A esto hay que añadir el coste de la batería, algo más de un millón. Sin embargo, no se ha concebido para comprar, sino para alquilarla, lo cual supondría 12.000 pesetas mensuales, incluyendo su mantenimiento, según calculan ambas compañías.

En el mundo circulan 10.000 coches eléctricos. En Francia, por ejemplo, ya existen 3.000. Y prácticamente todas las casas automovilísticas han fabricado sus prototipos. En España ya se está proyectando uno de Seat "muy avanzado", según apuntó Serra, y otro de Citroën en su planta de Vigo. El antecedente español más inmediato de los dos coches que se presentaron ayer en Madrid es el prototipo Zeus, un proyecto de Iberdrola y el Grupo Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) que se presentó en la Feria de Bilbao en 1996.

Ahora sólo falta que los conductores se animen a comprar estos coches. Según un estudio elaborado por el IDAE, el 91% de los encuestados creen que el coche eléctrico es "un gran avance" y consigue mucha aceptación. Uno de los problemas de este tipo de coches es que es un gran desconocido: según este informe el 80% de los interrogados no lo ha visto nunca.

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