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domingo, 25 de octubre de 1998
Tribuna:

El bienestar a la carta de Joan Romero

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El líder socialista Joan Romero, continúa intentando una alternativa al modelo neoliberal. En su informe político al Comité Nacional del PSPV, propuso una democracia dialogante. Ahora propone una reforma del Estado del Bienestar, que facilite una salida a los problemas actuales y se convierta en una alternativa a lo que llama larga noche neoliberal. Y lo hace en el prólogo al documento laborista británico Un Nuevo Contrato para el Bienestar. El amanecer, dice, será socialdemócrata. A finales de los años ochenta, la desaparición del Muro de Berlín, el proceso de creciente globalización, la postmodernidad intelectual y la nueva sensibilidad del ciudadano, provocaron definitivamente el final del racionalismo político. Izquierdas y derechas, intelectuales y estrategas, se vieron obligados a reorganizar sus concepciones, a modificar sus discursos y actitudes, suavizando estilos y contenidos. Unos y otros buscan desesperadamente, desde entonces, esa especie de Santo Grial, ese centro tan querido y disputado por todos. La democracia dialogante que proponía Romero era un instrumento para revitalizar el partido y también para ilusionar a simpatizantes y ciudadanos, pero sobre todo es un medio para cambiar y avanzar en la democracia real. Un diálogo ágil y, según parece, mayéutico, que dio a luz un elemento nuevo para el debate, la transformación del estado del Bienestar. Romero nos propone una nueva política social, una especie de Estado del Bienestar a la carta. Todo parece muy coherente con los tiempos de ahora y con la creciente personalización de la sociedad. Si actualmente el ciudadano tiene una multiplicidad de opciones para elegir en casi todos los aspectos, de forma que decide continuamente lo que mejor se adapta a sus necesidades, ¿por qué no hacer lo mismo con la política del Bienestar Social? Un Estado a la carta significa incorporar una sensibilidad postmoderna, donde el ciudadano pueda elegir entre un abanico de ofertas de servicios, de ayudas y planes, aquellos que se ajusten mejor a sus necesidades. Pero eso si, sin presionarlo; es deber del Estado del Bienestar ofrecer y facilitar al ciudadano programas, ayudas, formación, etcétera, pero será decisión del ciudadano aceptarlas según sus deseos y preferencias. La obligación de este nuevo Estado será poner los medios al alcance del ciudadano, y la responsabilidad del ciudadano será elegir y mejorar su calidad de vida. En definitiva, un pacto entre iguales. Esta es la clave de su prólogo: descartar el exagerado individualismo mágico de las filosofías neoliberales y, a la vez, romper con el desmedido racionalismo tradicional de la izquierda, aunque sin renunciar a sus objetivos de siempre. Según Romero, el éxito de esa izquierda moderada, que acepta que el individuo preceda al Estado, dependerá de que sea capaz de adaptar los medios tradicionales a los nuevos tiempos. Sus preocupaciones serán las mismas que las de los neoliberales: presupuestos, déficit, inflación, desarrollo económico, sector privado, sector público. Pero sus metas son distintas: la igualdad y la redistribución en función de las necesidades de cada ciudadano. Una dinámica entre individuo y Estado, que se irá definiendo paso a paso y en función de las circunstancias. Una negociación en la que ninguno de los actores posee la verdad, pero donde el ciudadano abandona la pasividad y la sumisión del protegido, y el Estado renuncia al paternalismo del poder. Abrumado por tanta novedad en la izquierda, no es de extrañar que su prólogo esté cargado de términos aparentemente contradictorios. Por un lado, y como ya es habitual en los discursos de Romero, nos encontramos con los que definen la nueva época y sitúan al ciudadano como protagonista por excelencia; los más frecuentes son "social, ciudadanos, sociedad, necesidades, servicios, problemas, soluciones". Por otro, los viejos términos de "presupuestos, inflación, mercado, paro, empleo, gobierno, economía". Combinando ambos conjuntos de elementos retóricos, conseguimos saber de verdad lo que nos propone el líder socialista, ¡está hablando de una nueva racionalidad!. Romero la denomina segunda modernidad, un término poco brillante y nada sugestivo para las nuevas sensibilidades. Su alternativa es una combinación de racionalidad relativa y de construcción ciudadana. Su propuesta se acerca a un socioracionalismo político, a un construccionismo social, donde el estado ya no es propietario de la verdad, sino que se elabora entre todos negociándola día a día. Entre ciudadanos y estado, entre partidos y votantes, entre neoliberales y socialdemócratas, entre nacionalidades y la nueva Europa. Esta propuesta de Romero es una reinterpretación de la izquierda, que intenta desvincular los medios de los fines. Una izquierda moderada y centrista, que sin abandonar sus viejos valores utilice nuevos caminos para llegar a ellos. Sus puntos de referencia son dos: el pacto social frente al contrato neoliberal y la Europa de pensamiento diversificado, frente a la Europa neoliberal de pensamiento único. Europa y Estado son los dos términos más utilizados por Romero en su prólogo; son las nuevas coordenadas de la propuesta de Bienestar a la carta y del socioracionalismo político. Si Romero consigue que el PSPV se olvide de las luchas internas, de los pactos y juegos familiares de poder antes de las próximas elecciones, y se centra en desarrollar esta propuesta alternativa, en ofrecerla de forma clara y limpia al ciudadano, conseguirá presentar y dar contenido al nuevo estilo de la izquierda moderada, al margen de los resultados electorales. Por delante le queda una prueba de fuego, demostrar que los medios, las formas y los nuevos instrumentos no modifican a la larga los objetivos y las metas finales. Falta por ver si ese amanecer socialdemócrata no será la continuación de una noche neoliberal. En cualquier caso, como ya viene siendo habitual, Joan Romero se está convirtiendo en un corredor de fondo, que nunca gana de forma clara y evidente, pero que construye y negocia poco a poco un nuevo poder y una nueva forma de racionalidad política.

Adela Garzón es directora de la revista Psicología Política.

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