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martes, 5 de mayo de 1998
Editorial:

Dickens se espantaría

DURANTE 15 días, dos marchas cruzarán España como parte de la movilización mundial contra la explotación laboral de los niños. El 1 de junio confluirán en Ginebra, ante la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las marchas que recorren los cinco continentes desde comienzos de año, siguiendo una iniciativa apoyada por numerosas organizaciones humanitarias de todo el mundo. Su intención es sensibilizar a la población sobre el drama del trabajo de los niños, frecuentemente en condiciones próximas a la esclavitud, a una edad en que deberían estar formándose. Aznar recibió ayer a una representación de menores participantes en la movilización y de las organizaciones no gubernamentales que colaboran en la misma.No es cuestión de legislación. Desde la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia hasta los convenios de la OIT, pasando por la Carta Europea de los Derechos de los Niños, las normas están claras. Su existencia no impide que en el África subsahariana, por ejemplo, uno de cada tres niños en edad escolar esté trabajando en condiciones precarias, que en las plantaciones de caña de Brasil el 25% de la mano de obra sea infantil y que millones de menores de edad realicen en Asia trabajos de manufactura -balones de fútbol, alfombras, zapatillas deportivas, entre otros- destinados al consumo de los países desarrollados. Sin contar la venta de niñas para la prostitución en Nepal o Tailandia, la utilización de niños de 10 años para colocar las mechas en minas de difícil acceso en diversos países, el casi universal trabajo doméstico clandestino, la utilización de menores en el tráfico de drogas, entre otros.

Un panorama semioculto que habría espantado a Dickens, pero cuya raíz, la miseria, no se resuelve simplemente prohibiendo a los padres que manden a sus hijos a trabajar, y tampoco, como a veces se propone, boicoteando los productos fabricados por niños, sin ofrecer alternativas. La presión sobre los Gobiernos es necesaria, y también la denuncia pública de las multinacionales que explotan el trabajo infantil; pero ello debe acompañarse con programas como los que desarrolla la OIT para obligar a los contratadores a reemplazar a los menores por sus padres y, sobre todo, por ayudas a las familias que se comprometan a enviar a sus hijos a la escuela. Sin formación no habrá posibilidad de salir del círculo de la miseria, y ello implica financiación. Los ciudadanos exigirían con más energía que los Gobiernos cumplan el compromiso de destinar el 0,7% del PIB nacional a ayudas al desarrollo si se conocieran mejor realidades como éstas; que se conozcan es el objetivo de las marchas que ayer llegaron a España.

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