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jueves, 26 de febrero de 1998

"Gerald Durrell adoraba el 'Cuarteto de Alejandría", afirma su viuda

Lee Durrell habla de su vida junto al escritor y naturalista

Los muchos lectores de las peripecias zoológicas y familiares narradas en esa maravillosa trilogía que componen Mi familia y otros animales y sus dos secuelas (Alianza) estarán encantados de saber que la ácida visión que el autor, Gerald Durrell, presentaba de su hermano, el reputado novelista y poeta Lawrence Durrell, encubría en realidad un gran aprecio y admiración. "Gerry adoraba El cuarteto de Alejandría de Larry y en general valoraba todo lo que escribía su hermano", explicó el martes a este diario la viuda de Gerald Durrell, Lee Durrell, que participa en Barcelona en el V Simposio Internacional Una Sola Tierra.

"Gerry era 12 años más joven, que Lawrence [fallecido en 1990] y su hermano era para él una figura paterna", dijo Lee Durrell. "En la vida real se llevaban muy bien. Cada uno admiraba el trabajo del otro y se alegraba de sus éxitos. Quizá la obra que a Gerry menos le gustaba de Larry era el Quinteto de Aviñón, que le parecía muy oscura. Disfrutó mucho en cambio con su último libro, Caesar's vast ghost". Durante un tiempo los hermanos compartieron casa en Provenza, hasta que Lawrence debió de hartarse de que su hermano y su cuñada utilizaran las queseras para coleccionar insectos, cosa que hacían habitualmente.Coautora de varios libros y series televisivas con su marido -fallecido en 1995- y también naturalista, Lee Durrell es una atractiva mujer con un aire a lo Sigourney Weaver que posee un fino sentido del humor, muy parecido, por cierto, al de Gerald. Nacida en Memphis, Tennessee, en 1949, desde pequeña destacó por no ser una clásica señorita sureña y utilizar sus cajas de muñecas vacías para albergar colecciones de bichos, incluidos topos y murciélagos. Una actividad que aplaudiría sin duda aquel jovencito inglés radicado en Corfú que luego fue su marido y que gustaba de conservar sus culebras de agua en la bañera de la familia. Estudiante de filosofía,Lee regresó a sus intereses de niña en 1971 al decidir cursar estudios de comportamiento animal en la Duke University de Carolina del Norte, dotada de un célebre centro de primates con una gran colección de ejemplares. Lee quedó hechizada por los lemures. Consecuentemente, partió para Madagascar, donde estuvo dos años realizando trabajo de campo sobre ellos. "Allí tomé contacto por primera vez con Gerry: al leer sus libros en la misión donde estábamos alojados", rememora. Convertida en una especialista en vocalización de los lemures, Lee regresó a su universidad. "Encontré que iban a cerrar la colonia de primates por falta de presupuesto y entonces se nos ocurrió invitar al famoso Gerald Durrell para tratar de salvarla. Él entonces ya era mi gran héroe". El encuentro fue un flechazo. "Cuando me lo presentaron, él adoptó un patrón de comportamiento fácilmente reconocible como actitud de cortejo", señala con falsa seriedad de especialista. Se conocieron en 1977 y en 1979 se casaron. Lee se involucró en los proyectos de conservación de fauna de Gerald, que había creado en 1959 su propio zoo en la isla de Jersey, en el canal de la Mancha.

"Conservo muchas anécdotas divertidas de los viajes que hicimos juntos", recuerda ella. "En la última expedición a Madagascar, en 1990, pasamos seis semanas buscando un aye-aye, un prosimio muy raro, para el programa de cría en cautividad de Jersey, y no se veían por ninguna parte. Pues bien, un día Gerry se había quedado en el campamento y resulta que pasó por ahí un tipo que llevaba dos en un saco".

¿Permanecía en el Gerald adulto el niño de Corfú? "Oh, sí, estaba ahí, él siempre decía que se sentía por dentro como si aún tuviera 12 años. Seguía hechizándole la naturaleza. El no era realmente un científico en el sentido matemático y estadístico de la palabra: era un naturalista. Tenía una muy buena relación instintiva con cualquier animal, doméstico o salvaje".

La muerte de Durrell representó un mazazo para la Fundación de Jersey para la Protección de la Fauna. "Hubo una etapa muy triste, pero no ha sido un freno. La fundación sigue su camino, crece y se consolida". Los programas de cría de animales en peligro incluyen alguna especie española, como el ferreret, un sapillo partero balear.

¿Cómo le gustaría que recordaran a su marido? Lee Durrell traga saliva y en su límpida mirada azul aparece una sombra. "Lo primero, por su trabajo como conservacionista, que la gente conozca la importancia de su labor para salvar a los animales en peligro de extinción".

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