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domingo, 18 de enero de 1998

La líder de la secta de Tenerife recaudó 300 millones entre sus fieles

Fittkau-Garthe tiene un gran patrimonio

"El eje de la tierra estallará y no quedará ni Europa ni Munich ni Mongolia. Será el 8 de enero en Tenerife, a las ocho p.m. Tenemos que planear juntos los días finales". Heide Fittkau-Garthe, la psicóloga alemana acusada de preparar un suicidio colectivo, no sólo tenía el mundo puesto a plazo fijo. La policía española, después de evitar la inmolación, ha descubierto que la líder de la secta consiguió recaudar entre sus fieles más de 300 millones de pesetas. Casas, coches, cuentas corrientes y depósitos bancarios a plazo fijo. Por si las moscas y el apocalipsis fallase.

Ni la policía española ni la alemana dudan de que Fittkau Garthe y sus 32 fieles -entre ellos cinco niños- tenían previsto subir al Teide y suicidarse durante la tarde del 8 de enero, coincidiendo, claro está, con el fin del mundo. Sólo la acción policial, en. prevención de males mayores, evitó un sacrificio parecido al del 4 de octubre de 1994 en Cheiry y Salvan, dos aldeas de Suiza. En aquella ocasión, la primera de una serie de suicidios colectivos, 48 adeptos a la Orden Soberana del Templo Solar se quitaron la vida para adelantarse al cataclismo final. La policía -conocedora de los escarceos de la doctora con sectas destructivas- decidió cortar por lo sano. La madrugada del jueves 8, agentes del Cuerpo Nacional de Policía irrumpieron en una casa del barrio de La Salud de Santa Cruz de Tenerife y sorprendieron a los sectarios celebrando su cena de despedida.Fittkau-Garthe -ahora en prisión- era adorada por sus fieles como la Madre Aida y llevaba muchos meses preparando aquella fiesta: "Nuestra última cena en el planeta Tierra será en Tenerife". Uno de los policías que intervino en la operación llegó a contar: "No habían dejado nada a la improvisación. Todos vestían túnicas amplias, iban descalzos y escuchaban una música muy suave, como de meditación. Tenían unas cacerolas enormes llenas de comida vegetariana". En la puerta, además de los cuatro coches propiedad de la psicóloga, había otros vehículos alquilados para desplazarse al Teide. Allí, una nave espacial debía recoger sus espíritus -sus cuerpos ya estarían rígidos para entonces- y trasladarlos hasta el planeta Cielo.

Sectarios de clase media

-Yo subiré al planeta Cielo vestida de luz.Heide Fittkau-Garthe, de 56 años de edad y nacionalidad alemana, doctora en psicología y residente en Canarias desde hace más de 10 años, tiene -según los policías que la han interrogado- un "elevado poder de persuasión, mucha psicología; mucho arte para engatusar". De hecho, sus adeptos no eran, al menos sobre el papel, unos pobres diablos. Se trata en su inmensa mayoría de alemanes de clase media -sólo había una española en el grupo-, profesiones liberales, entre los 35 y los 55 años, con tiempo libre y desahogada posición económica. Esto último, según acaba de descubrir la policía española, no es un detalle que Heide Fittkau-Garthe -Aida en lo sobrenatural- pasara por alto.

Su influjo, no obstante, se desvanece en la distancia. Ninguno de los adeptos sorprendidos durante la "última cena" de Tenerife quiso acusar a la doctora ante la policía española. Sin embargo, uno de ellos, ya de vuelta a su país, ha reconocido ante los agentes alemanes que casi todas sus propiedades figuran ya a nombre de la psicóloga. La colaboración entre las policías de España y Alemania -coordinadas por Interpol- ha resultado impecable, "providencial", según un alto cargo de Interior. La intervención del pasado día 8 se produjo tras meses de trabajo.

El soplo vino de la hija de una de las víctimas, Claudia Reminger, que puso a Interpol al corriente de las intenciones de su madre y de sus otros compañeros de secta. Las policías española y alemana fueron alertadas de inmediato. La Comisaría General de Información trasladó a Tenerife la voz de alarma: había que someter a estrecho marcaje a la doctora: Fittkau-Garthe. Los policías canarios -acostumbrados a bregar con las 27 sectas instaladas en las islas- establecieron un control discreto sobre las propiedades de la líder de la secta. Las sospechas se fueron cumpliendo una a una conforme se acercaba el fatídico día 8. Todos los movimientos de la Madre Aida -el alquiler de los coches, las visitas cada vez más frecuentes de ciudadanos alemanes- hacían presagiar lo peor. La policía alemana también se movía. Visitaron al ex marido de la mujer para preguntarle qué sabía de sus planes. No soltó prenda, pero llamó a España para alertar a su ex-mujer. Heide Fittkau-Garthe no tuvo tiempo de reaccionar a la llamada.

La policía irrumpió en el piso con una orden judicial y dejó la última cena sin su postre previsto de muerte.

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