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sábado, 17 de enero de 1998

El simposio sobre el 'Guernica' deja claro que la obra no debe moverse

Pesa 300 kilos y lleva en sus 27 metros cuadrados de superficicie múltiples heridas; es un símbolo universal y no hay seguridad científica ni coartada moral que recomiende trasladar a un enfermo tan grave por vez número 51; a pesar de que la actual tecnología lo permitiría, sería un riesgo estúpido: el Guernica debe descansar. Está enfermo, pero estable, y no se conoce un método fiable que ayude a mejorar su peor problema: la capa de cera.Éstas son, a grandes rasgos, las conclusiones del simposio internacional Guernica, los problemas éticos y técnicos de la manipulación de obras de arte, que ayer y anteayer ha reunido a 30 expertos en el Museo Nacional Reina Sofia de Madrid, hogar de la obra de Picasso desde 1992. Científicos, restauradores y catedráticos han evaluado los problemas que aquejan al cuadro, las condiciones de los traslados actuales de las obras de arte y las cuestiones éticas que inciden en los préstamos. Salvo el canadiense Stephen Michalski, científico jefe del Instituto de Conservación de Ottawa, que sostuvo que "con las nuevas técnicas cualquier obra es transportable", hubo consenso preservacionista.

Viajar, una tortura

Enrich Gantzert Castrillo, del Museo Moderno de Francfort, apeló a la moderación de las "cesiones en nombre de la cultura-espectáculo para preservar la esencia de cuadros que son herencia cultural". "Una obra de arte no perdona nada", dijo Konrad Laudenbacher, conservador jefe de la Pinacoteca Nueva de Munich:

"Ni la más moderna tecnología evita el daño de los traslados. Según demuestra el método Vasari [fotos de alta precisión] todos los viajes son una tortura".

"Hay cuadros que hay que dejar descansar y éste es uno de ellos", coincidió Carmen Garrido, conservadora-jefa del Museo del Prado, tras subrayar que todo el mundo, "incluido el MOMA", trató bien al Gúernica. ¿Pero quién debe decidir sobre los préstamos? ¿Sólo los restauradores? "No, si en la decisión juegan más factores que el de la conservación", dijo Paul Himmelstein, presidente del Comité de Ética de los restauradores estadounidenses: "En ese caso, debe ser el director del museo o un comité de científicos y gestores el que decida. Para que el culpable, si pasa algo, no sea sólo el restaudor"

Más intransigente aún se mostró José Antonio Buces, del Instituto del Patrimonio Histórico, que pidió que el Ministerio de Cultura elabore un "fichero de obras susceptibles de no ser prestadas y una ley que prohíba su cesión".

José Guirao, director del museo, resumió así las sesiones: 'La opinión mayoritaria es que hay que cuidar las obras de arte para las generaciones futuras". [La senadora de Eusko Alkartasuna Inmaculada Boneta pidió ayer al ministerio que aclare su postura sobre el traslado del Guernica al Guggenheim Bilbao, y calificó de "naceptable a todas luces que la dirección del Reina Sofía rehace el traslado desoyendo a expertos internacionales"].

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