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jueves, 30 de octubre de 1997

El PSC mantiene a Sala en la dirección, pero privado de poder ejecutivo

  • Joan Molina dimite de su cargo en el Ayuntamiento de Barcelona

Los socialistas catalanes mantendrán a Josep Maria Sala en la dirección del partido, pero privado "provisionalmente" de sus actuales atribuciones ejecutivas. Frente a los tanteos procedentes del entorno del primer secretario, Narcís Serra, sobre la viabilidad de que Sala abandonara la dirección en beneficio de la imagen del partido, el aparato y los capitanes territoriales cerraron filas en tomo a Josep Maria Sala. A la vista de la demostración de los fieles al senador, Serra se armó de posibilismo y, de acuerdo con el propio Sala, propuso la citada solución a la ejecutiva del PSC. Y ésta la aprobó anoche por unanimidad.

El PSC dio anoche un espaldarazo político a Sala al confirmarle como miembro de la ejecutiva y responsable del área de acción política y electoral. No obstante, y "a petición del propio Josep Maria Sala", según una nota oficial difundida anoche por el partido, la dirección encargó "provisionalmente" el ejercicio de las funciones de' acción política y electoral a otro miembro de la ejecutiva, Miquel Iceta, conspicuo defensor de Sala a la par que estrecho colaborador de Serra.En adelante, Sala seguirá siendo formalmente secretario de acción política y electoral, pero no ejercerá las funciones propias de ese cargo. Esta alambicada y paradójica solución, unida a la pérdida de sus escaños en el Parlamento catalán y en el Senado, comportará en la práctica un eclipse de la proyección pública de quien durante años ejerció como omnipresente portavoz del PSC.

Fuentes de la dirección socialista trataron de explicar esta decisión en función del "deseo expreso de Sala de reorientar su actividad política y profesional, y de ganar tiempo para preparar su recurso al Constitucional".

Imagen pública

La dureza de la sentencia del Supremo había cosnternado anteayer al PSC. Nadie en el partido esperaba una condena superior a seis meses para Sala, y en ningún caso se contaba con el castigo de inhabilitación. Al conocer el fallo judicial, Serra dejó en suspenso todas sus ideas anteriores sobre el futuro de Sala en el partido y abrió un proceso de consultas que concluyó ayer por la tarde.A las pocas horas de conocer la sentencia, en el entorno del primer secretario cundió la preocupación por los efectos que la permanencia de Sala en la ejecutiva podría acarrear a la imagen del partido. Cuadros proximos a Serra consideraban que los ciudadanos no entenderían que el PSC no prescindiera de Sala después de ser condenado.

Pero tras los primeros tanteos, este punto de vista se estrelló frontalmente contra los bien organizados apoyos de Sala, que al punto cerraron filas en tomo a su líder y no dudaron en desafiar indirecta pero claramente a cualquiera que pretendiese que el partido abandonara al senadora su suerte. El mensaje llegó con nitidez al despacho de Serra en la barcelonesa calle de Nicaragua. A mediodía, éste ya tenía una radiografía exacta de la disposición de ánimo de los fieles a Sala.

En esa tesitura, sugerir el cese de Sala habría sido inútil. No sólo eso: sin duda habría provocado una explosión interna de efectos incalculables.

El primer secretario acordó entonces con Sala el recorte "temporal" de su poder ejecutivo. Con este acuerdo hilvanado, a primera hora de la tarde Serra convocó para la noche a la dirección del partido y ésta bendijo la solución apuntada.

El alcalde de Barcelona, Joan Clos, aceptó ayer la dimisión de otro de los condenados por el caso Filesa, Joan Molina, hasta ayer gerente de Patrimonio del Ayuntamiento.

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