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miércoles, 1 de octubre de 1997

La influencia del Sol en el clima

El calentamiento observado en el último siglo puede deberse al ciclo solar

La culpa de la subida de las temperaturas terrestres en el último siglo se está achacando a menudo a la civilización, con su secuela de generación de gases de efecto invernadero, pero otro culpable está emergiendo rápidamente: el Sol. Durante siglos, los científicos han sabido que el Sol es menos estable de lo que parece. Tiene estaciones y tormentas y ritmos de actividad. Sus manchas y erupciones aparecen en ciclos que duran unos once años. Pero sólo en la última década se han relacionado estos y otros tipos de variaciones solares con los cambios climáticos.En la actualidad, un número creciente de científicos afirma que las variaciones solares pueden rivalizar con la contaminación humana como factor en el cambio climático. Y algunas investigaciones, aunque todavía incompletas y discutidas, sugieren que la variabilidad solar podría ser la causa de prácticamente todo el calentamiento global medido hasta la fecha.

Otros expertos descartan esta posibilidad incluso aunque piensen que el factor solar debe ser estudiado más profundamente. El Sol se aproxima ahora a un periodo tormentoso en su ciclo de 11 años, lo que promete una gran cantidad de nuevos datos (y posiblemente temperaturas más altas) que ayuden a resolver el enigma.

En los últimos años, los detectives climáticos del Sol y la Tierra se han centrado, sobre todo en poner al descubierto lazos estadísticos entre factores como las fluctuaciones a largo plazo de la temperatura global y la longitud de los ciclos de las manchas solares, que varían entre ocho y 15 años, con 11 años de media. Estas relaciones se consideran firmes hoy en día. Además, los científicos están tratando de descubrir los mecanismos físicos subyacentes. Esto se considera un paso crucial porque las correlaciones pueden ocurrir por azar.

Los expertos están estudiando detenidamente tres variables solares como agentes posibles de cambios terrestres: el brillo total del Sol que puede afectar a las temperaturas; los rayos ultravioleta del Sol, que pueden afectar a los vientos y a la producción de ozono en la alta atmósfera, y las tormentas solares de campos magnéticos y partículas subatómicas que pueden afectar a las lluvias y a la cantidad de nubes.

Muchas piezas del rompecabezas, señala el físico de la atmósfera Brian Tinsley, de la universidad de Texas, se están rápidamente "encajando para sugerir un panorama fascinante". Sallie L. Baliunas, astrofísica en Harvard, dice que el avance clave en este área de conocimiento puede ocurrir mañana "o podríamos esforzarnos durante décadas". El interés por este área está aumentando rápidamente y muchos lo achacan a la entrada de físicos, astrónomos y astrofísicos en un campo tradicionalmente ocupado por meteorológos y científicos de la atmósfera. En el pasado estas Incursiones multidisciplinares han resultado fecundas, como cuando los geólogos y los astrónomos se apoyaron en los bombardeos cósmicos para explicar las extinciones en masa ocurridas la Tierra, yendo mucho más allá de las teorías de los paleontólogos.

El hecho central que llama la atención de todos los científicos que investigan el cambio global es que las temperaturas globales medias parecen estar aumentando de forma gradual: medio grado centígrado desde 18.80. La cuestión es por qué.

La mayor parte de los científicos dicen que no están seguros de qué parte del calentamiento observado se debe a causas naturales y qué parte procede de actividades humanas. La sabiduría convencional señala que los gases que atrapan el calor, como el dióxido de carbono, que es parte de la atmósfera pero también es emitido por los automóviles, las fábricas y la quema de combustibles fósiles, juega un papel significativo. Los niveles de éste y de otros gases de efecto invernadero están aumentando y se cree que están calentando el planeta al atrapar la luz del sol que de otra forma se reflejaría de nuevo hacia el espacio.

Con este panorama, todos los países del mundo se van a reunir en diciembre en Kioto (Japón) para tratar de negociar reducciones en las emisiones de los gases de efecto invernadero. No es sorprendente, dado lo que todavía ignora la ciencia y las dificultades políticas de limitar el crecimiento industrial, que se plantee la conveniencia de establecer estas limitaciones.

Además del brillo solar, los científicos están mirando la posible influencia en las temperaturas de los rayos ultravioleta que, además del calentamiento directo influyen, por ejemplo, en romper las moléculas de oxígeno para formar ozono, lo que puede influir en las temperaturas y en las rutas de las tormentas invernales. Pero la suma de estos dos efectos no explicaría del todo el aumento observado de las temperaturas. El tercer posible mecanismo es el viento solar, que cambia mucho a lo largo del ciclo solar y que podría tener efectos indirectos, ya que el viento solar intenso bloquea algunos de los rayos cósmicos procedentes del espacio lejano, lo que provoca cambios en la producción de átomos radiactivos en la alta atmósfera con posibles repercusiones en la generación de nubes y de lluvia, factores muy importantes en el clima.

Copyright The NYT News Service.

Manchas en el siglo XVII

La correlación mayor entre el tiempo meteorológico y la actividad solar tuvo lugar hace siglos, cuando disminuyó mucho el número de manchas solares entre 1640 y 1720 y la Tierra se enfrió más de un grado centígrado. El norte de Europa sufrió especialmente. Aumentaron sus glaciares y la longitud del invierno.Al principio, este enfriamiento no tenía sentido para la ciencia moderna. Después de todo, las manchas solares son oscurecimientos magnéticos del Sol cuyas temperaturas son relativamente bajas. Parecería que su desaparición durante casi un siglo marcaría un tiempo de mayor brillo solar y por tanto, si acaso, temperaturas más altas en la Tierra y no al contrario.El misterio empezó a resolverse a finales de los años setenta a medida que los satélites sobrepasaron la atmósfera para observar el Sol directamente. Una década más tarde, había veredicto. En contra de la intuición, el Sol era más brillante cuando abundaban las manchas solares y menos brillante cuando desaparecían. La razón era simple, por lo menos retrospectivamente. Lo que se encontró es que las estructuras brillantes llamadas fáculas, que acompañan a las manchas solares en el ciclo solar de 11 años, pueden más que la pérdida de brillo causada por las oscuras manchas. Este brillo mayor del Sol se ha observado ahora ya dos veces por satélite y todo sugiere que el ritmo es antiguo y variable.

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