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miércoles, 10 de septiembre de 1997
Tribuna:EL CAMINO HACIA EL EURO

¿Unidad monetaria para una falta de unidad política?

El euro podría exacerbar las tensiones y convertir unas crisis que podrían haber sido paliadas con variaciones en el tipo de cambio en cuestiones políticas que siembren la discordia.

Una moneda común es un arreglo monetario excelente en algunas circunstancias y un mal arreglo monetario en otras. El que sea un arreglo bueno o malo depende fundamentalmente de los mecanismos de ajuste de que se dispone para amortiguar las conmociones y los trastornos que sacuden a las diversas entidades que estudian implantar una moneda común. Unos tipos de cambio flexibles son un potente mecanismo de ajuste para crisis que afectan a las entidades de forma diferente. Prescindir de este mecanismo a cambio de la ventaja de unos menores costes por operación y una menor disciplina externa valdría la pena sólo si existen mecanismos de ajuste alternativos adecuados.Estados Unidos es un ejemplo de situación propicia para una moneda común. Aunque se compone de 50 Estados, sus residentes hablan en su mayoría el mismo idioma, escuchan los mismos programas de televisión, ven las mismas películas, pueden moverse, y se mueven, libremente de una parte del país a otra, las mercancías y el capital transitan libremente de un Estado a otro, los precios y los salarios son moderadamente flexibles y el Gobierno nacional recauda impuestos y gasta aproximadamente el, doble que los Gobiernos estatal y local. La política fiscal varía de un Estado a otro, pero las diferencias con la política nacional común son mínimas.

Las crisis inesperadas pueden perfectamente afectar a una parte de Estados Unidos más que a otras, como sucedió, por ejemplo, en la década de los setenta con la crisis que provocó del embargo del petróleo por parte de los países de Oriente Próximo, y que propició un aumento de la demanda laboral y creó condiciones propias de una expansión en algunos Estados, como Tejas, y desempleo y condiciones típicas de una depresión en otros, como los Estados importadores de petróleo del Medio Oeste. Las diferentes consecuencias a corto plazo se resolvieron con movimientos de personas y bienes, desviando flujos financieros del Gobierno nacional a los Gobiernos estatal y local y mediante ajustes en precios y salarios.

La Comisión Europea con sede en Bruselas gasta en realidad una pequeña fracción del total gastado por los Gobiernos de los países miembros. Ellos, y no las burocracias de la Unión Europea, son las entidades políticas importantes. Además, la normativa que regula las prácticas industriales y laborales es más extensa que la de EE UU y difiere mucho más de un país a otro que de un Estado norteamericano a otro Estado norteamericano. Como consecuencia de ello, los precios y los salarios en Europa son más rígidos y la mano de obra tiene menor movilidad. En estas circunstancias, los tipos de cambio flexibles constituyen un mecanismo de ajuste extremadamente útil.

Si un país se ve afectado por crisis negativas que requieren, por ejemplo, unos salarios, más bajos en comparación con otros países, eso puede conseguirse mediante un cambio en un precio, el tipo de cambio, en vez de teniendo que realizar miles de cambios en miles de tasas salariales distintas, o, lo que es lo mismo, la emigración laboral. Las penurias que tuvo que pasar Francia por culpa de su política de un franc fort sirven para ilustrar el coste de una decisión por razones políticas de no utilizar el tipo de cambio para atenuar el impacto de la reunificación alemana. El crecimiento económico del Reino Unido después de que abandonara el Sistema Monetario Europeo hace unos años para liberar la libra es un ejemplo de la eficacia del tipo de cambio como mecanismo de ajuste.

Los defensores del euro a menudo citan la era del patrón oro desde 1879 hasta 1914 como ejemplo de las ventajas de una moneda común. Pero el patrón oro también tuvo sus costes. El periodo se caracterizó por unos precios en descenso desde 1879 hasta 1896, precios en ascenso a partir de ese momento, y marcadas fluctuaciones en cada periodo, especialmente severas en la década de 1890. El patrón era viable únicamente porque los países eran pequeños (y gastaban alrededor del 10% de la renta nacional en vez del 50% aproximadamente que gastan ahora), los precios y los salarios eran flexibles y los ciudadanos estaban dispuestos a tolerar, o no tenían forma de suavizar, las amplias oscilaciones en la producción y el empleo. Quitémonos el velo de los ojos y veremos que no fue precisamente un periodo o un sistema a emular.

Hoy en día, un subgrupo de la Unión Europea -tal vez Alemania, los países del Benelux y Austria- están más cerca de reunir las condiciones favorables para una moneda común que la Unión Europea en su conjunto. Y en la actualidad tienen el equivalente de una moneda común.

Austria y los tres países del Benelux han vinculado, a todos los efectos, sus monedas al marco. Sin embargo, estos países siguen conservando sus bancos centrales y, por consiguiente, pueden romper ese vínculo a voluntad. Si cualquiera de ellos desea vincularse al marco alemán más estrechamente, puede hacerlo por su cuenta, simplemente reemplazando su banco central por una junta monetaria como han hecho algunos países no pertenecientes a la Unión Europea, por ejemplo, Estonia.

El impulso para el euro ha provenido de la política, no de la economía. El objetivo ha sido vincular estrechamente a Alemania y a Francia para eliminar la posibilidad de una guerra en Europa y crear las condiciones adecuadas para unos Estados Unidos de Europa federales. Creo que la adopción del euro tendría el efecto contrario. Exacerbaría las tensiones políticas y convertiría crisis divergentes que podrían haber sido fácilmente paliadas mediante variaciones en el tipo de cambio en cuestiones políticas que siembran la discordia. La unidad política puede abonar el terreno para la unidad monetaria. La unidad monetaria impuesta bajo circunstancias río propicias será un impedimento para lograr la unidad política.

Milton Friedman es premio Nobel de Economía y en la actualidad investigador de la Hoover Institution en Stanford. Copyright Project Syndicate, 1997.

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