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lunes, 9 de junio de 1997
GASTROENTEROLOGÍA: TRASTORNO INTESTINAL

La dolencia de colon irritable afecta a personas nerviosas, ansiosas y depresivas

¿Quién no ha tenido alguna vez un proceso diarreico ante un examen, una entrevista de trabajo o incluso una cita amorosa? Cualquier situación que causa tensión nerviosa, inquietud emocional y estrés es capaz de generar alteraciones intestinales que pueden considerarse normales. Sin embargo, existe el llamado síndrome del colon o intestino irritable, un trastorno funcional de la motilidad intestinal y de causa desconocida, ya que en las exploraciones no se encuentra ninguna lesión ni alteración orgánica.Los síntomas más comunes son dolor abdominal y alteraciones del ritmo intestinal, con episodios de diarrea y estreñimiento. También pueden presentarse náuseas y vómitos, sensación de saciedad, meteorismo, aerofagia y otros síntomas no digestivos, como dolor de cabeza, insomnio, cancerofobia (miedo obsesivo al cáncer) y taquicardia o bradicardia (aceleración o enlentecimiento del ritmo cardiaco). La enfermedad se suele manifestar en crisis o episodios que se prolongan durante varias semanas, para desaparecer durante otro periodo de tiempo.El factor psíquico se considera una importante causa desencadenante de este proceso digestivo, según Manuel Díaz-Rubio, presidente del 24º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Patología Digestiva, que hoy empieza en Madrid

Somatizar la tensión

"Entre el 70% y el 90% de estos pacientes", dice, "tienen una personalidad nerviosa, ansiosa, irritable y depresiva. Y en la gran mayoría se observa una relación directa entre los problemas y conflictos emocionales y la aparición de la crisis".J. P., ama de casa de 52 años, admite que cuando peor lo pasa es en las épocas en que sus tres hijos, universitarios, tienen exámenes, y cuando discute con su marido. "Siempre he seguido muy de cerca los estudios de mis hijos", cuenta, "y sé que cuando empiezan con exámenes tengo semanas enteras con diarrea y luego un estreñimiento tremendo. También duermo fatal y me duele la cabeza. Otro tanto me ocurre con los disgustos con su padre". J. P. confiesa que no puede controlar el problema, a pesar de que su médico siempre la tranquiliza y le dice que no tiene nada y que debe tomarse las cosas con más calma "para que el intestino no somatice toda la tensión nerviosa".

Como añade Díaz-Rubio, otras causas que se invocan como desencadenantes del intestino irritable son los trastornos de la sensibilidad intestinal, las alteraciones de las hormonas digestivas y los factores inmunológico y alimentario. "Una dieta pobre en fibra vegetal", explica, "puede provocar trastornos de la actividad motora del colon. Salvo en casos muy concretos, y durante las crisis diarreicas, es aconsejable que estas personas sigan una alimentación rica en fibra".

Según aclara el doctor Javier Pérez Piqueras, presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva, si durante mucho tiempo este proceso era conocido como colon irritable, "porque se pensaba que sólo estaba implicado el colon", ahora los especialistas prefieren denominarlo síndrome del intestino irritable, ya que "actualmente se sabe que también puede afectar a otras regiones del tubo ' digestivo, aunque en una mayor proporción de pacientes la principal afectación es colónica".

Pérez Piqueras destaca que a veces este proceso es difícil de manejar por el médico debido a la gran importancia del componente psíquico o nervioso. "Incluso en ocasiones", añade, "hemos de acudir a ansiolíticos y antidepresivos o solicitar la colaboración del psiquiatra. Pero tampoco se puede neurotizar al paciente y someterle a largas y complicadas exploraciones".

En el caso de P. H, militar de 54 años en la reserva, no se observa una correlación tan clara entre los factores desencadenantes y la aparición de las crisis. Desde hace nueve meses no se siente bien y tiene síntomas depresivos y digestivos.

"Yo no estoy nada convencido de tener una depresión. Sufrí una hace bastantes años y aquello ya pasó. Aunque ahora me siento triste, apático e inapetente, tengo molestias abdominales, la tripa hinchada y, sobre todo, una especie de... angustia, muy difícil de definir porque es una sensación como de falta de vida, que yo tengo muy localizada en la región intestinal".

P. H. lleva una alimentación normal y no asocia las manifestaciones digestivas de su proceso con el tipo de comidas que haya hecho durante el día. "Como de todo, porque todo me sienta bien. Y las molestias gastrointestinales que tengo son totalmente independientes de la comida", apostilla.

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