La factura del agua, un galimatías que se paga
En la mayoría de las grandes ciudades españolas el consumo no representa ni la mitad del total de lo que el usuario abona
Si se analiza la factura del agua se puede comprobar que, en la mayoría de grandes ciudades españolas, menos de la mitad de lo que el usuario paga corresponde al agua que realmente ha consumido. Sucede que se puede cobrar bien por un sólo concepto en el que se incluye todo, o bien por conceptos tan diversos como el abastecimiento, el saneamiento, la depuración, recargo por sequía, tarifa red básica, garantía suministro, contador...Las Organización de Consumidores y Usuarios piden que se unifiquen los criterios de facturación, que se aclaren y simplifiquen los conceptos y que se instalen contadores individuales.
El concepto básico de la factura del agua es el suministro. Pero éste, a su vez, puede constar de una parte fija (que no depende del consumo) y otra parte variable (en función del consumo). En algunos recibos se engloba la depuración en el concepto que aparece junto como el de "alcantarillado" o como "saneamiento". En otros aparecen recargos y tasas tan variadas como "garantía suministro", "tarifa complementaria canon de suministro" o "tarifa red básica".
En todo este galimatías los conceptos aparecen detallados de las formas más diversas en la factura del agua, lo que no significa que se cobre más de lo se debe cobrar, pero sí hace que sea realmente difícil de entender qué se está pagando", señala Javier Arranz, uno de los técnicos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que llevó a cabo recientemente un estudio sobre el precio y el servicio del agua, en el que se analizaban los datos de 51 grandes municipios españoles.
Valencia o Sevilla
"En algunas ciudades adquieren tal importancia el resto de los conceptos facturados que lo que al final acaba pagándose de agua llega a ser menos de la mitad total del recibo", señala José María Múgica, portavoz de la OCU. "Hay ejemplos como el de Valencia, ciudad en la que se detallan siete conceptos (entre tasas diversas y suministro) y el consumo real supone el 42%, o el de Sevilla, que establece cinco conceptos", especifica. Al otro extremo estaría Las Palmas de Gran Canaria, donde el consumo real supone el 88% del total de la factura porque el precio del agua es muy elevado.
En otros municipios sólo facturan por un concepto, como ocurre en Teruel, Melilla o Huesca. "Si cobran por los mínimos servicios que deben prestar (que son agua, alcantarillado y depuración,) debería aparecer así", señala Javier Arranz. Los representantes de los consumidores insisten además en que resulta fundamental mantener "un control claro y transparente del destino del dinero que se cobra en el recibo del agua en conceptos como el de 'tasas de depuración".
Según una directiva europea de 1991 sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas, en el año 2005 los municipios españoles con más de 2.000 habitantes deben depurar todo el agua que consuman. Esto ha conducido a que la cantidad que se paga en algunas ciudades, en concepto de depuración, ocupe una buena parte del recibo del agua (como Bilbao, en donde la mitad del recibo corresponde a este concepto), aunque en algunos otros casos esa cuantía está destinada no a depuración propiamente dicha, sino a inversión en la construcción de las plantas de depuración.
Los portavoces de la OCU señalan que "hace falta depurar en todas las ciudades y este aspecto es el que más va a hacer subir en los próximos años el precio del agua, porque la mayoría de los municipios aún no cuenta con un sistema de depuración adecuado". Actualmente se está cobrando en los grandes municipios, por depuración, unas 6.000 pesetas anuales de media. De los 51 municipios analizados en el estudio de la OCU, 39 cobran una tasa de depuración y sólo en 26 de ellos aparece de forma individual este concepto en la factura del agua.
Otro aspecto muy discutido de la factura del agua es la cantidad fija de consumo mínimo que cobran algunos municipios. Los expertos en consumo no consideran justo establecer esta cantidad, que en diversas ciudades se paga a través de la. contribución urbana. Arranz pone dos ejemplos: "Se cobra por un consumo mínimo de 120 metros cúbicos de agua en casas en las que no hay nadie normalmente, o se cobra a personas que viven solas una cantidad mínima superior al gasto, lo que puede incitarles a consumir más".
El gasto de agua puede controlarse por contador individual y un contrato también individual con el suministrador; o por contador individual, pero cuando el contrato lo tiene la comunidad de vecinos o cuando no hay contador individual y se hace una media del consumo del edificio.