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domingo, 6 de octubre de 1996

El granillo de la rabadilla de los pájaros

Unas 150 personas disputan el primer campeonato nacional de palabras cruzadas

María Antonia López, de 55 años, ama de casa, miró a los ojos, a su oponente, Carmen Navarro, de 64 años, profesora de inglés. Entre ellas, un tablero de scrabble, un famoso juego de palabras cruzadas, del que ayer se celebró el primer campeonato nacional. Navarro y López eran dos de los más de 150 participantes del concurso que se celebró en el Círculo de Bellas Artes, y que terminó ganando Guillermo Izquierdo, de 29 años, un funcionario del Ministerio de Hacienda.

López, con las siete letras que le habían tocado, compuso la palabra inviten. Navarro le respondió con otra más larga: quitando. "¡Qué suerte! Has colocado todas las letras a la primera. Esto se pone feo", se quejó López.

"Ahora pongo la palabra millo", avanzó Carmen Navarro. "Eso no existe ", le espetó su oponente. "Sí. Millo es lo mismo que mijo", explicó la profesora de inglés con rotundidad. "Pues yo pongo heleras, que. es algo que está en la falda de las montañas", indicó el ama de casa. "Eso son neveros, me parece. Llamemos al juez del campeonato [un filólogo de 29 años]", pidió Carmen Navarro. A los pocos segundos, el juez falló: "Helera es una palabra que viene en el diccionario de la Real Academia. Significa granillo de la rabadilla de algunos pájaros". López y Navarro sonrieron ante el curioso veredicto y continuaron su partida y sus discrepancias.

Tras palabras como voy, coche, trigo o maleta, apareció charre. "Dudo de la existencia de esta palabra", comentó López. "Pues no lo dudes", pidió su contrincante, "porque hace unos días la encontré en el diccionario. Es la primera persona del subjuntivo del verbo charrar, que es lo mismo que charlar". "Bueno, si tú lo dices", aceptó el ama de casa, que estaba a punto de poner sobre el tablero el vocablo croma.

Antonio Martín, de 29 años, filólogo, era ayer el juez encargado de resolver las desavencias que pudiesen surgir en el juego. "Hay algunos vocablos muy extraños que debo consultar en el diccionario. ¿Ejemplos? Ox, interjección para llamar a las aves; ño, que significa señor, o despatatar, que, aunque suena bien, no significa nada. Y es que algunos jugadores, cuando no logran dar sentido a las letras que les han tocado, se inventan las palabras y muchas veces me ponen en auténticos aprietos", relataba.

"El truco", comentaba Pedro García, uno de los participantes, "está en que no te toque la letra q, porque si te sale estás perdido. Necesitarías también tener una u para colocarla".

El scrabble, uno de los juegos de palabras cruzadas más famoso del mundo, fue inventado en los años treinta por Alfred Butts, un arquitecto norteamericano en paro. Se han vendido más de 100 millones de ejemplares de este entretenimiento. Se distribuye en 120 países del mundo en 31 lenguas. Curiosamente, su inventor no era un buen jugador.

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