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jueves, 11 de julio de 1996

Una ciudad con Muelle

300 personas rinden homenaje al grafitero al año de su muerte

"Madrid no tiene mar, pero siempre tendrá Muelle", le decía Javier a su novia Bibiana, bastante más joven que él, para explicarle la importancia que durante años tuvo en Madrid el logotipo Muelle que decoró los fríos muros de la ciudad en la última, década. Esta pareja estaba entre las 300 personas que acudieron el pasado martes por la noche a recordar, en la sala El Sol, la memoria de Juan Carlos Argüello, el artista callejero creador del célebre símbolo que plantó por inmumerables paredes. La frase recogía todo el cariño que en vida cosechó Juan Carlos y que esa noche los asistentes quisieron demostrarjusto cuando se cumple un año de su muerte. El rock sonó en el homenaje de la mano de cuatro grupos del foro. Un cáncer de hígado acabó en cuatro meses con sus 29 años de vida. "Siempre se había cuidado, ni siquiera bebía cerveza", recordaba su hermano Fernando. Casi treinta años dedicados a la batería de rock y a engalanar las paredes con un apodo que le llegó de niño, cuando en el colegio sus compañeros empezaron a deformar su apellido. Convirtió su mote en nombre de guerra y llegó a poner un amortiguador de moto en la rueda de su bicicleta juvenil. Casi nadie sabía su nombre, para todos era El Muelle.

Su arte fue tan efímero como la emoción que provoca una canción. Y así sonaron la otra noche las del, antiguo enemigo Artemio, las de Freedom ("nos unimos al homenaje porque estuvo a punto de ser nuestro batería"), las de Río Arriba ("tocábamos en el local de al lado que ensayaba Muelle, era nuestro amigo") y las de Los Enemigos ("un tío que dio color a Madrid con sus pintadillas"). En una esquina del local, bajo la proyección de diapositivas que recordaban cómo eran sus pintadas, Mari Carmen, la madre de Muelle, acompañada de su marido, no podía contener la emoción al ver a tantos amigos de su hijo y a duras. penas aguantaba el tipo de la manera más discreta. Se fue entre sollozos cuando Los Enemigos entonaban Ruta 66, recogiendo besos.

Y es que nadie olvida que durante años la firma de Muelle se hizo familiar entre los madrileños, y pocos rincones y paredes quedaron impunes a la rúbrica de su aerosol o rotulador. Era un idealista: una conocida marca de colchones llegó a ofrecerle cinco millones de pesetas para utilizar su célebre logotipo, pero Juan Carlos se negó, ya que nunca quiso lucrarse con él.

El concierto recogía dinero para hacerle un monumento. Su grafito se ha convertido en uno de los iconos del foro, y por ello su único hermano, Fernando, y su familia luchan para que su arte efímero no lo sea tanto. Tras este concierto pretenden hacer exposiciones con toda la obra de El Muelle, en diapositivas y fotografías, y que la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento confirme la compra de un par de lienzos para exposición permanente.

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