Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

"Garzón me amenazó con la cárcel si no colaboraba con él"

Este es un relato pormenorizado hecho en primera persona por el ex policía Michel Domínguez de las entrevistas mantenidas con el juez Baltasar Garzón.En abril de 1993 le indiqué a mi abogado, Jorge Manrique, que se desplazase a la Audiencia Nacional para negociar una posible salida a mi situación personal penitenciaria, ofreciéndole al juez Garzón en mi nombre esclarecer la denominada "trama GAL", e interesándose por saber qué ayudas conseguiría por parte del juez Garzón al colaborar activamente con la justicia (revisión de condena, etcétera).

Las instrucciones que comunique a mi abogado fueron las de mantener una entrevista in formal para no adquirir compromisos a priori, manifestando éste a juez dichas indicaciones. El juez le respondió que quería tenerme en su despacho con carácter de urgencia y que yo se lo manifestase personalmente. Mi abogado le contestó que podía no ser adecuado, pero Garzón insistió en hablar conmigo y en que el abogado no sé preocupa se de cómo se realizaría la mencionada entrevista, indicándole exclusivamente que compareciera nuevamente al día siguiente, a las 13.00, para recibir instrucciones.

Cuando mi abogado se personó al día siguiente, el juez le manifestó que ya estaba todo solucionado y que le urgía hablar en persona conmigo, por lo que a las 17.00 me haría trasladar a la Audiencia Nacional.

Una vez allí pasamos a su despacho los tres solos para cambiar impresiones, por lo que no se levantó acta judicial alguna, pues en ningún momento se pretendió realizar diligencia o declaración de cualquier tipo.

El juez Gárzón me preguntó si era cierto lo que le había manifestado, mi abogado el día anterior, en el sentido de contar todo lo que sabía de la trama GAL, y por qué estaba dispuesto a hacerlo en ese momento.

Yo le contesté que después de llevar tanto tiempo en prisión, pagando una condena que no me correspondía, pues él mismo sabía que en realidad yo no era responsable de los hechos que habían dado lugar a mi condena, puesto que mi participación en ellos había sido limitada, quería intentar ahora solucionar mi situación mediante una revisión de condena o algún tipo de ayuda por colaborar con la justicia, encaminado a cumplir la condena que realmente me correspondía, puesto que después de casi cinco años de prisión y añadiendo las redenciones, sumaba alrededor de diez años de cumplimiento, con lo cual podía beneficiarme incluso de lana posible libertad condicional.

Por otra parte, si el juez se hacía cargo de mi custodia, también podía realizar los movimientos necesarios para, de alguna forma, hacerme pasar a depender de él, con la custodia y protección que establece la ley para quienes colaboran intensamente con la justicia. Me servía de punto de. referencia la situación en la que vivían dos narcotraficantes arrepentidos, cuando además yo no había sido condenado como autor material de ningún hecho concreto.

Se estableció un diálogo entre los dos, empezó diciéndome que lamentaba la situación en la que me encontraba, que todo hubiése sido distinto si yo hubiese declarado y contestado a sus preguntas el 13 de julio de 1988, pues con eI tiempo había constado que no hubiese tenido dificultades en contestarle a todo o sin caer en contradicciones y según él, "todo hubiese sido distinto". Le conteste que me había negado a declarar en esa ocasión por indicación de mi abogado de entonces Jorge Argote, a lo que me contestó que era un impresentable que me había perjudicado mucho y que seguramente yo no me imaginaba siquiera hasta qué punto había sido contraproducente para mí haberle tenido como letrado. Le contesté que el hecho cierto era que estaba pagando por lo que no había hecho y quería encontrar alguna solución que pusiese las cosas en su sitio. A partir de ese momento comenzó a solicitarme, para valorar como juez qué tipo de ayudas podía prestarme, que le explicase todo lo que conociera sobre la trama GAL. Le contesté que antes de, desvelar nada des pués de haber permanecido callado tanto tiempo, necesitaba saber cómo quedaría mi situación personal cuando me prestase a colaborar activamente con la justicia. Ante la insistencia del juez para que le revelara los nombres de los superiores implicados y dado que él los iba mencionando uno a uno, fui asintiendo, y de esa forma, él fue comprobando a través mío que las personas que él creía implicadas lo estaban realmente. Insistió en saber hasta qué instancia podía llegar con mis declaraciones, a lo que contesté cláramente que, con pruebas "determinantes puesto que en la vida el que no corre vuela y todo el mundo se guarda algún papel", a nivel de jefes superiores; y también podía involucrar algún cargo político que permanecía todavía en el Ministerio del Interior.

En ese momento, me dijo que ante la gravedad y repercusión de mis posibles declaraciones, tendría que hablar de inmediato con el fiscal, si yo estaba dispuesto a colaborar, para buscar la fórmula con la que excarcelarme y garantizar mi seguridad, pasando a depender de su jurisdicción.

Seguimos conversando extensamente, y él manteniendo una actitud totalmente favorable a que yo colaborase con la justicia e insistiendo constanternente en conocer más datos y yo manteniéndome en que para yo facilitarle las pruebas de las que le estaban hablando, que evidentemente llevaba encima en ese momento, y alcanzar altas instancias, necesitaba que realizase antes las gestiones necesarias para darme ciertas garantías a nivel de seguridad personal.

A Ia 19.00 nos indicó a mi abogado y a mí que abandonásemos su despacho un momento, puesto que tenía que realizar una llamada telefónica, marchándonos al fondo de la secretaría del juzgado, donde estuvimos esperando aproximadamente veinte minutos.

Al reanudar la conversación, me encontré con un juez distinto que estaba cambiando de actitud, "ya no era el juez Garzón dispuesto a esclarecer todo y llegar hasta las instancias que años antes le había sido imposible alcanzar". Comenzó a decirme que dada mi situación de prisión, pues me encontraba cumpliendo condena, dependía en gran parte del fiscal y del juez de vigilancia penitenciaria para poder pasarme a su disposición, expresándome que tenía miedo que para garantizar mi seguridad se optara por aislarme en una cúpula de cristal o algo semejante, ante lo cual él no podría hacer nada; en resumidas cuentas, ya no podía hacer nada concreto y efectivo por mí.

Seguimos hablando ampliamente y le indiqué que yo estaba allí porque él me había hecho trasladar a su despacho de la Audiencia Nacional, sabiendo que estaba dispuesto a negociar una salida a mi situación personal, colaborando con la justicia, y que para darme esta contestación me la podía haber transmitido a través de mi abogado, pues de ese modo no me hubiese hecho verme comprometido ante algunas personas a causa de esa entrevista "atipica" que él se había empeñado en mantener de inmediato, ya que no existía ningún sumario abierto en el que yo pudiese ser citado y por ese traslado y conversación se podían derivar ciertas represalias contra mi persona o mi familia.

En este instante, y de repente, me preguntó: "¿qué le parecería a usted si yo fuese como número dos en las listas del PSOE?" A lo que contesté que entonces no estaríamos manteniendo esa entrevista..

Después me manifestó que estaba muy cansado porque el Juzgado Central de Instrucción quemaba mucho, y que de una forma o de otra, aunque no se metiese en política, pensaba marcharse pronto, y que si yo me decidía a dar un paso tan trascendental como el que le estaba planteando, de no encontrarse él en ese puesto, podía negociarlo con su sucesor, pero que entendía que muy posiblemente desde otro cargo pordía ayudarme mucho mejor a resolver mi problema, y por eso me dijo que meditara mucho y siguió divagando sin definirse como lo hubiese hecho el juez Garzón que yo había conocido anteriormente.

Cuando nos levantamos, ya de pie, le reiteré que ese traslado que él había ordenado y esa conversación podían traerme serias consecuencias, a lo que me contestó que no me preocupase y que a lo mejor hasta me beneficiaba, y que en cualquier caso, si yo quería, podía realizar una gestión en la "casa de enfrente", refiriéndose al Ministerio del Interior.

Antes de salir por la puerta me preguntó, a los efectos de poder cubrir la entrevista mantenida y en el caso de que me decidiese a desvelar todo lo que sabía, en qué sumario podía aportar pruebas suficientes. Como me quedé. callado pues me parecía muy delicado facilitar una información de ese tipo, él mismo me dijo: "En el sumario Marey le parece a usted bien", a lo que contesté que sí y que no me preocupase, que buscase la forma de ayudarme y yo me encargaría de facilitarle la documentación necesaria, tal y como se lo había expresado anteriormente, que apoyaría toda la información que le acababa de facilitar para esclarecer todo el asunto, pues como le había dicho, el que más y el que menos se guarda un as en la manga. Insistió en que no debía hacer ninguna declaración sin contar con él y mantuviera silencio, ya que me iba a ayudar.

En días posteriores a esa conversación, y ante el anuncio público en prensa de que se presentaba como número dos en las listas del PSOE por Madrid, citó urgentemente a mi abogado, preguntándole que ¿cómo se encontraba su defendido?, que no hiciera nada, que estuviese tranquilo y callado, ya que todo se iba a arreglar y, sobre todo, que si me decidía a desvelar la trama GAL que le avisase 10 minutos antes, para no meterse en política, que él en ese momento estaba conmigo para ayudarme desde su nueva posición.

Siendo ya diputado electo, citó varias veces a Jorge Manrique en un despacho que por lo visto tenía en las proximidades de la calle del General Perón de Madrid para insistirle en que. me transmitiera tranquilidad y anunciale que en poco tiempo tendría un cargo desde el cual podría ayudarme Y arreglar definitivamente mi situación.

Después de todo este episodio, y cuando al no conseguir sus aspiraciones en el juez Garzón regresa a la judicatura y concretamente, se reincorpora a su anterior puesto en el Juzgado Central de Instrucción número cinco, y sabiendo que tengo un fleco abierto a causa de la reapertura del sumario Marey, gestada de la forma anteriormente expuesta, para cubrir el atípico traslado y conversación de abril de 1993, insto a mi abogado para que hable con el juez y le pida el sobreseimiento urgente de ese sumario. El juez le va dando largas, hasta que un buen día, el 21 de octubre de 1994 sin haber practicado diligencia alguna de carácter judicial desde su incorporación al Juzgado Central de Instrucción numero cinco, el juez Garzón después de haberse puesto de acuerdo con el fiscal Pedro Rubira para que le presentase un escrito muy breve en el que una vez más para "cubrirle sus movimientos", se le permitiera inculparme en el sumario Marey e, incomprensiblemente, reabrir el sumario Mont Bar en el que no se movía un papel desde hacía más de tres años, dicta un auto demoledor en el que de una simple lectura deduje que aparte de los datos obtenidos en la conversación mantenida conmigo, disponía de una inmensa información adicional y extrajudicial obtenida de su paso por el Ministerio del Interior, pues manejaba datos que no existían en el sumario.

Ante la gravedad de esta situación, y encontrándome cumplien- Pasa a la página 20 Viene de la página 18 do el tercer grado penitenciario en la prisión de Victoria Kent (Madrid), me dirigí una mañana al Juzgado Central numero cinco, registrándome en el control de acceso con mi DNI, para mantener de nuevo una entrevista personal con el magistrado.

En esta conversación totalmente privada pues estuvimos a solas él y yo en su despacho, le pido que me explique a qué viene ese cambio de actitud hacia mí y ese auto que me es tan perjudicial, pues en él se menciona incluso la existencia de una cuenta en la localidad de Ginebra (Suiza), según el auto a mi nombre o personas interpuestas, pero Garzón me revela en ese instante que es conocedor de que la cuenta está a nombre de mi esposa, si bien no parecía conocer el saldo exacto. En esta conversación me dice que realmente no tiene nada contra mí, que yo ya he pagado con creces lo mío y que lo que quiere es que me pase a su lado de la mesa, que dé el paso que estaba dispuesto a dar en abril de 1993 y le ayude a desenramar todo el tema GAL y subir o más posible hacia los eslabones superiores tanto policiales como políticos. Le contesté que entonces ya me encontraba en tercer grado y merecía que se me dejase vivir en paz. Insistió en que no tenía nada contra mí, pero que iba a por todas con tal de llegar a las más altas instancias, y que lamentaría que nos encontrásemos de nuevo el uno frente al otro, pues ya habíamos vivido anteriormente esa experiencia y prefería que me pasase a su lado. Me amenazó claramente con regresar a prisión en cualquier momento, pues para llegar a los demás me estaba dejando bien claro que, o colaboraba con él, o iría a por mí él primero. Suavizó un poco la tensión existente en su despacho diciéndome que ahora podía ayudarme, que yo nada les debía a los demás superiores míos, que me habían dejado tirado, y en definitiva, me reiteró que él iba a por todas, que debía decidir si estar de su lado o frente a él.

Por otra parte, al ver que encaminaba sus pasos directamente a la cuenta de la localidad de Ginebra (Suiza), y al decirme él que sabía que estaba a nombre, de mi esposa, y debido a ello, ella también se vería procesada y encarcelada me dejó claro que la implicaría de algún modo y nos haría la vida imposible.

Me sentí totalmente presionado y amenazado, ya que después de la experiencia de seis años de prisión hasta obtener el tercer grado no me encontraba en condiciones ni a nivel personal ni familiar para volver a pasar por lo mismo, en esos momentos en los que estaba empezando a rehacer mi vida.

Le dije que debía pensármelo y se comprometió a no mandar la comisión rogatoria a Suiza ni realizar diligencia alguna hasta que no le diese una contestación.

Como le interesaba más tirar hacia adelante con mi ayuda, cumplió su palabra, no movió ningún papel mientras negociábamos mi posible colaboración con él. De hecho, la comisión rogatoria que se indica en este auto judicial no se envía a Suiza en el momento de dictarse dicha resolución (21 de octubre de 1994), sino después de las declaraciones prestadas por nuestras esposas (27 de diciembre de 1.994), reteniéndola nuevamente, hasta fecha efectiva de envío el 11 de enero de 1995, ya que mientras, nos encontrábamos realizando una diligencia de reconstrucción de hechos por el norte de España, encargada" por el propio juez Garzón, en fechas 9, 10 y 11 de enero, éste llama a nuestras esposas por teléfono para hacerlas firmar un nuevo documento, consistente éste en una autorización para que por parte del banco suizo se procediera a facilitar todos los pormenores de las cuentas.

Mi abogado se entrevistó con él varias veces, y yo a solas en su despacho en otra ocasión más, en noviembre, o diciembre de 1994, registrándose de igual modo que la vez anterior mi entrada en el control de acceso al edificio.

A primeros de diciembre de 1994 se celebró una entrevista a las 18.00 en el despacho del juez Garzón en la Audiencia Nacional, en la que inicialmente y durante el espacio de una hora aproximadamente, estuvimos reunidos el señor Amedo y yo junto con nuestro abogado Jorge Manrique a solas con el juez, "sin la presencia del fiscal", incorporándose éste con posterioridad, "y no levantándose diligencia alguna de esta comparecencia", pactándose en ella las líneas generales de lo que luego sería la declaración.

En esta reunión se informa por parte del juez que hay que "romper" inmediatamente, ya que tiene retenida la comisión rogatoria a Suiza y no puede hacerlo. Insiste en que el contenido de la misma tiene que incluir las declaraciones de nuestras esposas y las nuestras, ya que tiene que contener los datos que se reflejarían previamente en nuestras declaraciones, involucrando a los señores Vera, Sancristóbal, Álvarez, Planchuelo, etcétera, y todo el equipo del Ministerio del Interior, así como a Ricardo García Damborenea, porque también conocía el juez su implicación en el GAL.

Para demostrar la existencia de esta entrevista, se accedió al interior del edificio de la Audiencia Nacional, y debe constar en algún registro especial, por el garaje, facilitándosé la matrícula y modelo del coche del abogado al policía de guardia, así como los datos de las personas que iban en el interior del automóvil.

Éste es, en resumen, el motivo por el cual me vi obligado a prestar declaración y las instrucciones recibidas del juez Garzón para prepararla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 1996

Más información

  • Insistió en que no debía hacer ninguna declaración sin contar con élSi yo quería, podía realizar una gestión [para el indulto] desde InteriorMe dijo que nada debía a mis superiores, que me habían dejado tirado