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viernes, 17 de mayo de 1996
Editorial:

La jauría

LA JAURÍA actúa como si fuera un único organismo. Rodea a su víctima, golpea al unísono, enardecida por su propia crueldad, hasta que alguien se adelanta, saca su navaja, ataca. David Afonso Correira, apuñalado el miércoles en Madrid, es el cuarto adolescente asesinado en esta misma ciudad en el último año en el curso de peleas juveniles. Pero no es. el espanto que siempre acompaña a la muerte de alguien a quien se suponía toda la vida por delante el único rasgo que une estos episodios. En todos ellos la muerte ha sido consecuencia de ataques en grupo, en el que la superioridad de los agresores ha sido el factor determinante; y siempre ha ocurrido en vísperas de fiestas, de noche, en lugares muy concurridos y sin que los testigos, a veces muy numerosos, hayan llegado a intervenir.Otro factor invocado por los testigos es la pertenencia de los agresores a tribus de indumentaria y ademanes fascistas. El fanatismo de los miembros de esas tribus es directamente proporcional a su falta de individualidad: su personalidad está disuelta en la del grupo con el que se identifican. El alcohol y el grupo es una combinación letal. Curan su miedo bebiendo y atemorizando, exaltados por el terror que causan. Antes se limitaban a asustar con sus barras de hierro y sus miradas desafiantes. Pero son ya vanos muertos en Madrid y en otras ciudades. Suficientes para que las autoridades refuercen las medidas de control en esas concentraciones.

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