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jueves, 11 de enero de 1996

Amores que matan

La genética lleva a algunos machos a dejarse comer durante la cópula

Algunos machos están dispuestos a morir por el sexo, y sus razones son genéticas. Una joven científica de la Universidad de Toronto ha demostrado que a la araña de lomo rojo macho le compensa sacrificar su vida durante la cópula. Resulta que el suicidio sexual contribuye a asegurar su paternidad y a quitar a la hembra las ganas de aparearse con sus rivales. El nuevo trabajo es el primero en demostrar que los machos se pueden beneficiar genéticamente invitando a sus parejas a que los engullan.Al estudiar la araña de lomo rojo venenosa de Australia, cuyo nombre científico es Latrodectus hasselti, la investigadora Maydianne C. B. Andrade comunica en el último número de la revista Science que ha descubierto que aquellos machos que son devorados durante la cópula engendran proporcionalmente más descendencia que los machos a los que las arañas hembra deciden no zamparse.

Los científicos saben desde hace mucho tiempo que algunos insectos hembra y algunas arañas suelen comerse a los machos durante o después de la cópula. Los ejemplos más famosos son la mantis religiosa y la araña viuda negra.

Pero muchos investigadores afirman que los machos no son devorados por propia elección, sino porque no consiguen escapar. Aseguran que machos y hembras tienen intereses muy divergentes: los machos intentan sobrevivir para reproducirse y las hembras esperan cenar.

Pero Andrade demuestra que la araña de lomo rojo macho busca activamente su perdición cuando, durante la cópula, da lentamente unas volteretas y se queda en una postura en la que a la hembra le resulta más fácil comérselo. Casi siempre, la hembra le corresponde licuándolo y devorándolo mientras tiene lugar el acto sexual.

Lo que empuja a esta araña a comportarse como lo hace es, como en todas las especies, la competencia de otros machos.

Danza de cortejo

Al llegar a la red, inicia su sofisticada danza de cortejo. Salta sobre los pegajosos hilos. Da golpecitos sobre ellos con una pata. Coge un poco de telaraña y forma con ella una bolita, lo cual contribuye a disimular el olor de las feromonas de la hembra impregnado en los hilos y que podría atraer a otros machos al punto de encuentro. Se sube en el abdomen de la hembra y lo acaricia repetidamente.El cortejo puede durar tres horas o más. Al final, si la hembra no lo impide, el macho empezará la cópula.

Pero, a veces, por razones que siguen siendo un misterio, la hembra no devora a su amante por muy enérgicamente que éste exponga su cuerpo a sus mandíbulas y éste engendra poca descendencia. Y como la duración de la vida del macho es cuestión de semanas, frente a los dos años de la hembra, y tiene tan pocas posibilidades de llegar a la tela de otra hembra sin que otros depredadores lo aniquilen por el camino, prácticamente no puede copular otra vez.

Andrade afirma que el comportamiento suicida cumple varias funciones. Al convencer a la hembra de que se lo coma, el macho prolonga el acto sexual varios minutos y la duración de la cópula se, corresponde con la probabilidad de que el esperma fecunde los huevos. El acto también inhibe de alguna manera el ardor de la hembra. Andrade ha observado que es menos probable que una hembra caníbal busque otra pareja que la araña que se aparea sin festín.

Finalmente, el sacrificio del macho puede ofrecer algún valor nutritivo a la hembra, lo cual contribuye a garantizar que pondrá un montón de huevos. Pero la donación es frugal, dado que la hembra media pesa 256 miligramos, mientras que el macho pesa unos 4,4 miligramos. Andrade demostró las diferencias de éxito en la fecundación. entre machos devorados y no devorados con machos esterilizados con radiación. El trabajo de Andrade ofrece un ejemplo extremo de las fuerzas selectivas que rigen el comportamiento sexual del macho.

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